19/06/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo
“Se ha acreditado que los socialistas, como las
urracas, sienten una inclinación natural hacia todo aquello que reluce”
Dicen -y todavía hay incautos que se lo
creen- que el socialismo nació para repartir la riqueza. Sin embargo, a juzgar
por algunas querencias históricas, no cabe duda de que ciertas figuras del PSOE
siempre han mostrado una atracción especialmente expropiatoria hacia el amarillo. Hay quien colecciona sellos,
quien se apasiona por los bonsáis y quien siente una irresistible sugestión por
las joyas, los lingotes y demás contenido brillante custodiado en las cajas
fuertes.
Ahora que José Luis Rodríguez Zapatero
sigue paseándose por medio mundo con la seguridad de un estadista jubilado que
nunca se jubiló del todo, resulta inevitable que a los buenos
aficionados a la historia se les despierten los recuerdos. Porque, a fin de
cuentas, el PSOE posee una tradición tan rica en congresos, escisiones y
puñaladas fraternales como en leyendas relacionadas con apropiaciones indebidas
y mangazos de tesoros.
No, no es la primera vez que dirigentes
socialistas españoles se ven rodeados por el resplandor de las piedras
preciosas. En los años finales de la Guerra Civil, cuando el régimen prosoviético
felizmente expiraba y todo era confusión, el patrimonio custodiado por el estado
fallido y las joyas depositadas por
miles de particulares en las cajas del Banco de España emprendieron caminos
en paralelo -¡qué casualidad, José Luis!- con los destinos de los exiliados.
Unas acabaron en Francia, otras en México y otras en la nebulosa de las
memorias contradictorias o, directamente, acalladas.
Valga como ejemplo que
el 28 de febrero de 1939, el Vita, patroneado por un grupo de
carabineros españoles leales a Negrín, partió del puerto francés de El
Havre, con la orden de anclar en el puerto mexicano de Veracruz,
acarreando 120 maletas que contenían objetos incautados por la Caja General de Reparaciones, cuyos
bienes muebles estaban constituidos por obras de arte de colecciones privadas y
sobre todo por grandes cantidades de joyas y metales preciosos. Aquel
episodio tuvo su fratricida
continuación ya en tierras conquistadas por Hernán Cortés, donde las
instituciones socialistas expatriadas, encabezadas por los archienemigos Juan
Negrín e Indalecio Prieto, los administraron con un entusiasmo digno del
conspicuo ZP. Las acusaciones más sonoras sobre cómo se embolsicaron los bienes
y las joyas no procedieron precisamente de sus enemigos, sino de ellos mismos.
Prieto lanzó invectivas contra los negrinistas
y los estos contraatacaron con entusiasmo.
Noventa años después, los tiempos
deberían haber cambiado, pero ciertas inclinaciones parecen resistirse a
desaparecer. Ya no se trata de baúles rumbo a Veracruz ni de inventarios
redactados a toda prisa, sino de una fascinación más sofisticada por las
compañías distinguidas, los regímenes amigos
y las relaciones con personajes de cartera generosa.
En estas aparece Zapatero, transitando
por los escenarios internacionales con una desenvoltura que habría hecho las
delicias de los viejos caciques liberales. Si antaño los dirigentes socialistas
soñaban con la revolución proletaria mientras se apoderaban de tesoros ajenos,
hoy las fotografías se las hacen con jeques, empresarios, magnates y
mandatarios varios al tiempo que reciben tesoros no declarados. El puño en alto
ha sido sustituido por el apretón de manos y el traje de pana por el traje a
medida, pero las piedras preciosas entonces y hoy eran la meta.
Cambian los discursos, cambian las
consignas y cambian los enemigos del pueblo, pero permanece intacta esa antigua
pasión española por los tesoros de la que los socialistas no reniegan. El
socialismo español ha conservado intacta una admirable virtud: la capacidad de
reinventarse sin perder jamás cierto aprecio por el precioso resplandor. Debe
de ser una cuestión estética. Al fin y al cabo, las joyas tienen algo
irresistible: reflejan la luz. Y se ha acreditado que los socialistas, como las
urracas, sienten una inclinación natural hacia todo aquello que reluce.
En resumen, el progretariado patrio, aún viéndolo comparecer como imputado ante el
Juzgado Central de Instrucción número 4, sigue encandilado con su ZP del alma,
ese probo socialista, como todos,
“normalmente pobre y siempre dispuesto a dar mucho”. ¡País!
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