martes, 29 de septiembre de 2026

Sánchez vuelve al diván: “Un estudiante de Harvard me hizo unas preguntas”

 



29/09/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

‘Le expliqué que ya tomé medidas contra los corruptos de mi partido y que lo de mi esposa y mi hermano “es otra cosa”; ellos no son culpables’

 

— Hombre, don Pedro. ¡Cuánto tiempo!

— No sabe cuánto necesitaba volver a verle.

— A ver, la última vez estaba bastante alterado. Túmbese.

— Sí, fue después de los cuatro fachas que salieron a la calle por lo de Ceuta.

— Sí. Y fue incapaz de reconocerme que había españoles que se manifestaban sin que nadie los convocara desde Ferraz.

— Aquello fue un episodio aislado.

— Y desde entonces, ¿qué ha pasado?

— He viajado.

— Eso no es novedad. El Falcon tiene que pasar la ITV cada seis horas ¿Y ha viajado mucho?

— Internacionalmente, pero esta vez me he cogido el Airbus.

— Eso no responde a la pregunta.

— Pero mejora mi currículum.

— ¿Estados Unidos?

— Sí.

— ¿Qué tal la reunión con Trump?

— No, a ese no lo vi, mejor dicho: no quiere verme.

— ¿Y con quién estuvo entonces?

— Con el alcalde de Nueva York.

— Ah.

— Zohran Mamdani, socialista y musulmán.

— Ya, como Fátima Hamed en breve.

— Un encuentro magnífico. Dos líderes progresistas hablando de economía, vivienda, igualdad...

— ¿Y no asistió Trump a un encuentro de ese nivel?

— No estaba invitado.

— ¿A la reunión?

— A mi realidad política.

— Comprendo, va mejorando.

— Después fui a Naciones Unidas.

— ¿Y qué tal?

— Histórico.

— ¿Le ovacionaron?

— Digamos que no, pero hubo una gran movilidad diplomática.

— ¿Movilidad?

— La gente se levantaba y salía como si no le interesaran las palabras del nuevo líder mundial, aquí presente, aunque esté feo reconocerlo.

— ¿Salieron durante su discurso?

— Sí, tendrían que hacer sus necesidades. Si no, nadie lo entiende.

— ¿Tantos desaguando a la vez?

— Bueno... quedaron los justos para demostrar que España sigue siendo una potencia internacional.

— ¿Cómo ha llegado a esa conclusión?

— Porque para que abandonen una sala durante tu discurso tienes que tener una audiencia, pedir permiso y… lo pidieron.

— Don Pedro...

— ¿Sí?

— Eso no es exactamente lo que significa dar una audiencia.

— Doctor, no empecemos con tecnicismos. El caso es que levantaron la mano como en el cole y les dimos la venia.

— ¿Y después?

— Un estudiante de Harvard me hizo unas preguntas.

— ¿Sobre sus políticas?

— No exactamente.

— ¿Sobre qué?

— Corrupción… mi esposa… mi hermano…

— ¿Qué más?

— Y Ceuta.

— ¿Y usted qué le dijo?

— Le expliqué que ya tomé medidas contra los corruptos de mi partido y que lo de mi esposa y mi hermano “es otra cosa”; ellos no son culpables.

— Bueno, su hermano ha sido condenado por la Audiencia de Badajoz.

— ¡Bah! Eso lo arregla mi Cándido sin necesidad de afeitarse.

— ¿Y eso fue todo?

— No. También le expliqué que la tecnooligarquía amenaza la democracia.

— Tecnooli… Bien ¿Y cómo se sintió después de todo eso?

— Me quedé con la sensación de que había ido a una conferencia y había terminado en una comisión de investigación.

— Y esa situación, ¿le puso nervioso?

— ¿Yo nervioso? No.

— Don Pedro…

— Bueno, un poco.

— ¿Cuánto?

— Lo suficiente para echar de menos una pregunta sobre cambio climático, que llevo dos meses preparada y no hay manera de largarla.

— Y, después, volvió a España.

— Sí.

— ¿Tranquilo, más relajado?

— Eso creía.

— ¿Qué pasó?

— Maricarmen.

— ¿Maricarmen?

— Una señora a la que habían desahuciado en aplicación de la ley de vivienda felipista.

— ¿Y qué hizo usted?

— Lo normal en mí.

— Recuérdeme que es lo normal.

— Nada. Lo de siempre: culpar a Ayuso y a Almeida. Bueno, sí, también condené el desahucio desde Nueva York.

— ¿Estaba en Nueva York todavía? ¿No dice que había vuelto?

— Sí, bueno, yo qué sé. No sé ni donde estoy ahora, ni si he venido en Falcon o en el Super Puma. ¿Dónde cojones estoy?

— En el diván, tranquilícese.

— Gracias.

— ¿Y de las competencias sobre vivienda…?

— Dije que era una tragedia social que no podíamos aceptar como país.

— Una frase contundente.

— Gracias.

— ¿Y solucionó usted el problema?

— No, pero ¡qué más puedo hacer!

— ¿Pero, al menos, lo condenó?

— Enérgicamente.

— Entonces hemos avanzado muchísimo.

— Eso pienso yo.

— ¿Y qué ocurrió después?

— Manifestaciones.

— ¿Otra vez?

— En varias ciudades.

— ¿Y esta vez contra quién?

— Contra el desahucio de Maricarmen.

— ¿Y qué sintió usted?

— Una sensación extraña.

— ¿Cuál?

— Que la gente se manifestaba sin haber recibido el argumentario de quién era el culpable.

— ¿Y quién lo era?

— Según Maricarmen, yo.

— ¿Usted?

— Eso dijo.

— ¿Y usted qué pensó?

— Que aquello era profundamente injusto.

— Ya, el desahucio.

— No, eso no, que me culpara a mí.

— Don Pedro...

— ¿Qué?

— Quizá el problema no sea que le culpen de todo.

— ¿Entonces?

— Quizá el problema sea que usted sea el problema.

— Eso es absurdo.

— En Nueva York habló usted de vivienda, en la ONU de derechos humanos, en Harvard de corrupción y tecnología.

— Sí, sí a todo.

— Y en España, mientras tanto, se encontró una manifestación alrededor de una señora que decía que es usted el responsable de su desahucio.

— Sí.

— ¿No ve un patrón?

— Claro.

— ¿Cuál?

— Que tengo una agenda internacional impresionante, que ya quisiera para sí Donald Trump.

— No.

— ¿Que la derecha me persigue? ¿Que los medios están obsesionados conmigo?

— Tampoco.

— ¿Qué, entonces?

— Más fácil: que quizá el mundo no gira alrededor de usted.

— Doctor...

— ¿Sí?

— ¿Podría repetir eso?

— Quizá el mundo no gire alrededor de usted.

— Un lápiz, necesito apuntarlo.

— ¿Por qué?

— Para incluirlo en mi próximo discurso: “La amenaza global de un mundo que no entiende a su líder.”

— Cita para la semana que viene, sin excusas, ni cumbres internacionales.

— ¿Tan mal me ve?

— No peor que otras veces.

— ¿Entonces?

— Es que dentro de siete días probablemente habrá habido otras manifestaciones.

— ¿Otra vez contra mí?

— No necesariamente.

— Ah.

— Ese es precisamente el aspecto que tenemos que trabajar, don Pedro.


viernes, 25 de septiembre de 2026

Alerta máxima: ¡un arma en el Congreso!

 



25/09/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo


“Mientras Indalecio Prieto amartilló un arma de fuego en plena bronca parlamentaria, Ana Vázquez mostró un aerosol para denunciar una situación de inseguridad”


Ayer, la Presidenta del Congreso de los Diputados localizó, neutralizó y expulsó del pleno una de las grandes amenazas que, hasta ahora, ha sufrido la democracia española.

Hay que agradecer tanto la rápida intervención como la perspicacia del CNI que, apenas cinco minutos después de que una diputada popular blandiera el arma, informó a Francina Armengol del potencial peligro pimentero.

En estos tiempos convulsos, cuando cualquier cosa puede poner en peligro la estabilidad de las instituciones, alguien tiene que estar pendiente de que no se cuele un arma de destrucción masiva en el hemiciclo. Y ahí estuvieron, prestos, los informes de los servicios de inteligencia… los mismos que, según el propio gobierno con la excepción de su responsable, no llegaron el 30 de julio a Ceuta.

Esta vez sí que la amenaza era realmente temible: un spray de pimienta. Y es que Ana Vázquez, diputada del PP, tuvo la osadía de mostrar en el Congreso un aerosol para denunciar que una gran mayoría de mujeres de Ceuta los están utilizando para defenderse de posibles agresiones. La Presidencia, WhatsApp mediante, con admirable rapidez, identificó el peligro, activó el Reglamento y expulsó a la diputada.

A estas horas se desconoce si hubo que evacuar el palacio, poner en alerta a los servicios de seguridad o avisar a la OTAN. Pero, por si acaso, el spray fue tratado con la solemnidad que merece una auténtica pieza de artillería parlamentaria.

Porque no estamos hablando de cualquier riesgo. Estamos hablando de gas pimienta. Una sustancia de tal peligrosidad que, exhibida a varios metros de distancia, puede aparentemente poner en jaque la seguridad del Estado. Un bote diminuto, con aspecto de ambientador de bolsillo, convertido por obra y gracia de la tercera autoridad del Estado en una amenaza institucional de primer orden.

Para colmo de males, la diputada no roció a nadie, ni siquiera amenazó a un ujier. Simplemente pretendía exhibir el objeto para utilizarlo como “argumento político”. Y ahí se encontró precisamente con el problema: el spray era la prueba palpable de algo incómodo para quienes continúan hablando hoy de normalidad en la ciudad.

En el Congreso puede -y debe- discutirse sobre delincuencia, seguridad, inmigración, igualdad o cualquier otra cuestión si el gobierno tuviera las agallas de comparecer. Lo que resulta más complicado es tener delante un objeto que simboliza una pregunta bastante sencilla: ¿por qué hay mujeres que sienten que necesitan llevar un spray de pimienta para defenderse? Y esa interpelación, que queda en el aire, ya no es tan fácil de expulsar del hemiciclo.

No está de más recordar hoy que la historia parlamentaria española ha conocido escenarios bastante menos metafóricos. Sin necesidad de invocar los tricornios de Tejero ni las bayonetas de Pavía, en la perenne memoria democrática aún relumbra la pistola del diputado socialista por Vizcaya Indalecio Prieto, quien el 4 de julio de 1934 (“¡qué buenos, gozosos y anhelados tiempos!”) la empuñó en el Congreso durante un tumulto parlamentario: Una pistola, una pistola de verdad, que amartilló y con la que hizo ademán de disparar contra el diputado de la CEDA, Jaime Oriol. Curiosamente, el presidente de las Cortes, Santiago Alba, del peligrosísimo Partido Republicano Radical, no le expulsó ni le aplicó sanción alguna.

Hoy, casi un siglo después, nada hemos aprendido y hemos elevado el nivel de la amenaza hasta un spray de pimienta. En todo caso, empate histórico en este duelo armamentístico en Las Gaunas de la Carrera de San Jerónimo: PSOE 1 - PP 1.

Si acaso, resaltar una pequeña diferencia en cuanto a la calidad del marcador: Mientras Indalecio Prieto amartilló un arma de fuego en plena bronca parlamentaria, Ana Vázquez mostró un aerosol para denunciar una situación de inseguridad. Quede para el recuerdo que la autoridad de la Presidencia también consiste en saber distinguir entre una amenaza real y una provocación parlamentaria, sin necesidad de convertir un pulverizador en un lanzallamas.

Porque, si ante cada gesto polémico aplicamos el máximo rigor reglamentario, conseguiremos algo extraordinario: un Congreso impecablemente seguro, perfectamente ordenado, pero completamente incapaz de soportar una dosis mínima de teatralidad política.

Y quizá ese sea el verdadero peligro. No el gas pimienta. El peligro es que un Parlamento llegue a sentirse más amenazado por un bote que por la pregunta que lleva implícita.

De todos modos, celebremos que el arma fue neutralizada. La democracia puede respirar de nuevo. El spray, finalmente, salió del Congreso. La pregunta, por suerte, no. Solo queda responderla.

jueves, 24 de septiembre de 2026

Sola o acompañada quiero volver a casa

 


24/09/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

(Salón del casoplón de Galapagar. La chimenea -ya encendida- disputa los estertores del verano a la climatización centralizada de la sierra madrileña, sofás de diseño y juguetes esparcidos por el suelo. Eustaquio prepara un cóctel. Adela ordena unos cojines. Pablo mira las noticias en la televisión. Irene bosteza, todavía con la secuela de su último jet lag)

PABLO. (P): Irene, tenemos un problema.

IRENE. (I): Dime Pa, ¿han vuelto a subir el precio del aguacate ecológico?

(P): Peor. Están diciendo en “Horizontes” que hay mujeres ceutíes, muchas jóvenes entre ellas, que no pueden volver a casa solas y borrachas. Que tienen miedo de ser violadas. Y nosotros aquí calladitos, calentitos… o fresquitos, no sé bien.

(I): ¿Cómo que no decimos nada? ¡Hemos dicho muchísimas cosas!

(P): Sí, pero de Isabel Ayuso. Ahí no paramos, pero tenemos que decir públicamente algo sobre las mujeres de Ceuta.

(I): Pa, cariño, no podemos entrar en todas las polémicas.

(P): ¿Todas? ¡Estamos hablando de mujeres que tienen miedo de salir a la calle y tú has sido el faro de todas ellas, aunque hayas tenido que pagar el precio de poner a decena de violadores en la calle!

(I): Pero Pa, pichurri, tenemos que poner las cosas en su contexto.

(P): ¿Su contexto? ¿Qué contexto?

(I): El único posible, mi amor: que los emigrantes son los auténticos desvalidos.

(P): ¿Y las mujeres ceutíes no?

(I): También son desvalidas.

(P): Pues dilo.

(I): Es que no podemos simplificar: son desvalidas… pero menos.

(P): Entonces, ¿ya nos olvidamos de que una mujer tiene derecho “a volver a casa sola y borracha” sin que la violen?

(I): Claro que no. Es nuestro lema.

(P): ¿Y…?

(I): Es que… hay que entender las necesidades de todos.

(P): ¿De todos?

(I): Hombre… es que hay ponerse en la piel de todo el mundo y si un inmigrante tiene necesidades...

(P): ¡Ireneee!

(I): ¡Estoy hablando en términos hipotéticos!

(P): ¡No puedes justificar una violación por las necesidades sexuales de nadie!

(I): No he dicho eso.

(P): Lo acabas de decir.

(I): He dicho que hay que comprender las circunstancias; quizá solo pretendan un abuso de los de antes.

(P): Las circunstancias pueden comprenderse. Las violaciones -recuerda: violaciones- hasta ahora las condenábamos. Mucho cuidado con el discurso.

EL MAYORDOMO. (E.M.): Disculpe, señor. ¿Le sirvo ya el cubalibre con caña de azúcar o con perspectiva de género?

(P): Con perspectiva de género, Eustaquio. Se lo tengo dicho, igual que en El Malecón: 50 mililitros de ron, 10 de zumo de lima y cola al gusto, bueno hoy Coca-Cola, que no tenemos visita. Y no se olvide: dos cubitos de hielo. (A renglón seguido, cambia de interlocutor casi sin despeinarse) Por cierto, Irene, está también el asunto de las viviendas…

(I): ¿Qué viviendas?

(P): Las de los ceutíes. Hay gente nuestra que dice que deberían abandonarlas porque Ceuta no es España, sino Marruecos. Y, de hecho, ha caído el precio de la vivienda una barbaridad en mes y medio.

(I): Bueno, es una cuestión territorial compleja.

(P): Irene, legalmente, e históricamente según dice mucha gente, Ceuta es una ciudad española.

(I): Sí, pero siempre que escuchemos todas las sensibilidades.

(P): ¿También la del que quiere echar a los vecinos de sus casas?

(I): Entender al otro, Pa. Mira que te cuesta.

(P): ¿Y si el otro quiere invadirle la casa?

(I): Todo se arregla con el diálogo. Ésa es la única forma de llegar a acuerdos.

(P): ¿Y si, además, viene con intención de violar a su hija?

(I): En ese caso, hay que...

(P): ¡No! ¡Hay que impedirlo y denunciarlo! ¡Piensa por un momento en este casoplón que nos hemos mercado y eso que prometí a mis bases que nunca me movería de Vallecas! ¡Imagínate a la gente en la puerta, no llamándote rata sarnosa, sino queriéndose tumbar en estos sofás!

(I): No te sulfures, Pa. Hasta el Rayo se ha ido de Vallecas. Ya nadie se acuerda de eso. Por cierto, siguiendo con el asunto: voy a llamar a Ione. Le diré que presente una propuesta de ley para que todos los emigrantes sean reubicados en Chamberí y en el Barrio de Salamanca. ¡Ya tenemos la solución para tirar por el suelo el precio de la vivienda!

(P): Irene, no te embales, que la Ayuso es capaz de metérnoslos aquí, ¡ya verás! Por cierto, se dice proposición de ley, no propuesta.

EL AMA DE LLAVES. (A.D.LL): ¡Pues igual que esa gente me siento yo cuando el jardinero entra sin avisar en mi habitación!

(I): No es lo mismo, Adela.

(A.D.LL): Ya, pero el derecho a la puerta cerrada lo entiende cualquiera y el jardinero actúa como esa gente desgraciada.

 

(Dos de las criaturas juegan fraternalmente. El mayor de los mellizos, que parecía adormilado junto a sus progenitores, comienza a desperezarse y a bostezar mientras los mira)

NIÑO MAYOR. (N.M.): Papá, ¿por qué tenemos que dejar la casa a los inmigrantes?

(P): Eso no es así, hijo.

(N.M.): ¿Entonces por qué lo dice mamá?

(I): Mamá no ha dicho eso… exactamente.

(N.M.): ¿Y por qué es normal que un inmigrante viole a una mujer?

(I): Mamá tampoco ha dicho eso… exactamente.

(N.M.): ¿Y por qué las mujeres no pueden volver a casa solas?

(P): Porque antes tenemos que garantizar su seguridad.

(N.M.): ¿Y quién la garantiza?

(P): El Estado.

(N.M.): ¿Y si no lo hace?

(P): Entonces las instituciones tienen que responder. (Al tiempo, murmura al modo de la de “me gusta la fruta”: ¡Jodido niño y jodido cociente intelectual; ojalá hubiera salido a la madre!)

(I): ¡Está bien, voy a preparar una declaración!

 

(La eurodiputada se incorpora un poquitín y empieza a aporrear su flamante iPad Pro de 13 pulgadas, último presente del Parlamento Europeo)

(P): ¡Ojú!

(I): “Desde nuestra posición feminista, consideramos que todas las mujeres, incluidas las ceutíes, tienen derecho a vivir sin miedo, pero también debemos comprender las necesidades de las personas migrantes...”

(P): Cuidado, pero, bueno, no empiezas mal.

(I): “...y no caer en discursos de odio...”

(P): Correcto.

(I): “...ni en generalizaciones sobre colectivos...”

(P): Genial.

(I): “...ni utilizar la violencia sexual como arma política...”

(P): ¡Eso es!

(I): “...aunque debemos entender que algunas personas pueden encontrarse en situaciones de especial vulnerabilidad y, lógicamente, tener unas necesidades primarias que…”

(P): ¡Ireneee!

(I): Vale, vale, “...aunque debemos entender que algunas personas pueden encontrarse en situaciones de especial vulnerabilidad (así, sin más)”.

(P): Sí, pero que quede claro que la vulnerabilidad no justifica la violencia.

(I): “...y por tanto debemos garantizar los derechos de todas las personas...”

(P): Incluidas las mujeres de Ceuta.

(I): “… incluidas las mujeres de Ceuta”.

(P): Y que puedan volver a casa solas y sin miedo, borrachas o ebrias.

(I): “… Y que puedan volver a casa solas y borrachas”. Ya está, Pa. ¿Qué es eso de ebrias?

(E.M.): Y, a ser posible, ¿sin que les ocupen la casa?

(I): Vale, “… respetando el derecho de ellas a la vivienda”, Eustaquio, está bien.

(A.D.LL): ¡Eso sí que es un discurso progresista!

(I): A mí me está pareciendo de lo más facha, si os digo la verdad… En fin, todo sea por la moqueta y por un día menos en el taburete de la caja.

 

(Inesperadamente, el teléfono de Pablo emite dos bips seguidos)

(P): Es el grupo de WhatsApp de los pocos compañeros que nos van quedando. Preguntan si vamos a decir algo sobre Ceuta.

(I): Diles que estamos trabajando en ello.

(P): ¿Y qué les digo de las mujeres?

(I): Que tienen todos sus derechos.

(P): ¿Y de los inmigrantes?

(I): ¿Qué inmigrantes? ¡Se les está poniendo una cara de invasores…! ¡Que también deben respetar la ley!

(P): ¿Y de las casas?

(I): Que nadie tiene derecho a echar a los vecinos de sus casas.

(E.M.): Tampoco de los casoplones.

 

(Silencio sepulcral solo roto por las carcajadas de los niños. Pablo mira a Irene. Irene mira a Pablo)

(P): Bueno, por lo menos hoy hemos hecho algo.

(I): Sí. Y, te lo juro Pa, me da asquito eso de que hay que comprender a todos. Venga, lo publico ya de una vez: #CeutayelDerechoDeTodes”. Enviar.

(A.D.LL): (Con una sonrisa igual a la de Abascal) Pues así es, señora. Que no se viola a nadie, que las ceutíes tienen derecho a su seguridad personal y que, también, todas tienen derecho a su casa. Y también todos, no lo olvide.

(I): Sí. ¡Y dos huevos duros! ¡Y, ya de paso, a los inmigrantes le aplicamos la Ley de Vagos y Maleantes del franquismo!

(A.D.LL): (Manteniendo la misma sonrisa) De la República, señora… de la Segunda República.

(I): ¡Cómo está el servicio! ¡Quieren saber de todo!

(E.M.): Ajem, ajem -carraspeando para llamar su atención- Don Pablo, su chófer le espera en el porche.

(I): Que no Eustaquio, que es el mío. He quedado con Iñigo. Ha visto el comunicado y dice que estaría encantado de volver con nosotros.

martes, 22 de septiembre de 2026

El teatrillo ceutí del Real de Madrid

 



22/09/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

“Nada mejor que una mañana en la playa del Trampolín, o en cualquier otro rincón de la ciudad donde hubieran palpado de primera mano que Ceuta no es un concepto abstracto formado por dos consonantes y tres vocales estampado en una camiseta”

 

No hay duda razonable de que el Real de Madrid es el club más laureado del mundo y de los más poderosos e influyentes de la historia del fútbol. Es, para millones de personas, progres y anticapitalistas incluidos, una institución que representa algo más que un simple club deportivo. Y precisamente por eso, porque su proyección pública es enorme, conviene exigirle algo más que títulos, comunicados y gestos institucionales de cara a la galería.

El Madrid ha pretendido ser a lo largo de su historia referente de unos determinados valores. Como los grandes clubes españoles, ha atravesado monarquías, república, dictaduras y democracias. Su capacidad de adaptación en cada momento es ya parte de su dilatada historia, pero también invita a una pregunta incómoda: ¿qué significa realmente ser “el club de todos los españoles”, como gusta de presumir a sus mandatarios e incondicionales?

El episodio de Ceuta ha puesto de manifiesto que una fotografía de su presidente con Vivas no es suficiente para borrar de la memoria el reciente agravio: Tres jugadores del Real de Madrid -Mbappé, Vinícius y Konaté- decidieron no mostrar íntegramente la camiseta con el lema de apoyo a Ceuta durante el partido de la semana pasada ante el Elche. El primero, además, quiso explicar posteriormente -sin éxito- que su gesto pretendía expresar “también solidaridad con los inmigrantes y otras personas que sufren”.

Florentino Pérez, que resulta ser su presidente, respondió dos días después con una visita institucional a Ceuta, acompañado por Pirri y Butragueño. El club, llamando imbéciles a los españoles en la cara, sostiene que la visita llevaba semanas preparándose y que no fue consecuencia de la polémica.

Fuera o no así, ¿qué valor hay que darle a la visita?

El problema de fondo no se arregla, como ha pretendido la central lechera, ni tratando de desacreditar al FC Barcelona -y poniéndose a su altura- por “no haber realizado gesto alguno de solidaridad” (sabiendo como todos sabemos que hay gente de la que no se puede esperar nada bueno, porque nunca ha dado motivos para esperar lo contrario), ni con una fotografía de Florentino y sus acompañantes en el Salón de Plenos de la Asamblea de Ceuta. Tampoco con grandilocuentes discursos sobre los valores del Real de Madrid que, por otra parte, de ser ciertos, no habría necesidad de pregonarlos.

Un mensaje de verdadera categoría a la sociedad y una lección para que estos futbolistas rebeldes comprendan lo que está significando la invasión de la ciudad española, tendría que haber pasado necesariamente por sacar a las estrellas de su burbuja millonaria y del fango de su endiosamiento; por haber cogido el presidente a los tres -metafóricamente- por las orejas y, tras aviso pertinente al entrenador, darles a conocer la realidad de los ceutíes durante un día, no para humillarlos, tampoco para castigarlos:

Nada mejor que una mañana en la playa del Trampolín, o en cualquier otro rincón de la ciudad donde hubieran palpado de primera mano que Ceuta no es un concepto abstracto formado por dos consonantes y tres vocales estampado en una camiseta. Y por la tarde, cada uno a casa de tres de sus vecinos elegidos al azar, a merendar, hablar y escuchar. A conocer una familia ceutí, sus preocupaciones, cómo ha cambiado en mes y medio su manera de vivir; sus miedos, sus orgullos y su relación cotidiana con una frontera que, para tres futbolistas extranjeros que viven entre hoteles, aviones, estadios y ciudades europeas, puede resultar tan lejana como el planeta que creen habitar.

Una clase práctica en la que sus tres figuras habrían descubierto que, detrás de aquella camiseta que se negaron a exhibir, hay personas que lo están pasando muy mal y a las que ellos, con su infame gesto, han ignorado cuando no vapuleado sentimentalmente.

Porque las estrellas también tienen que ir a la escuela. Y, a veces, la mejor escuela no está en Valdebebas. En este caso, está en las playas, las calles y las casas de Ceuta.

Esto sí habría sido madridismo entendido como orgullo y compromiso. Lo otro, el teatrillo de Florentino y sus adláteres, es madrilismo del ya habitual por estos lares.

viernes, 18 de septiembre de 2026

Cuando “masivo” es insuficiente: Ceuta y el diccionario

 


18/09/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

“Primero fue una entrada irregular. Después, una llegada imprevista de migrantes. Más tarde, una entrada masiva. Y ahora parece que ‘masivo’ ya no es suficiente”

 

Masivo: Del latín vulgar *massaticus: Deriva del francés antiguo masseiz, basado en un término latino formado por massa (amontonamiento o volumen, “que se hace o se aplica en gran cantidad” y “que afecta a un gran número de personas o cosas”) y el sufijo -ticus (relativo a). El español tomó el término del francés, massif.

Dos primeras acepciones del diccionario de la RAE:

  1. adj. Que se aplica en gran cantidad. Sin.: numeroso, multitudinario.
  2. adj. Perteneciente o relativo a las masas humanas, o hecho por ellas. Emigración masiva. Ataque masivo. Manifestación masiva. Sin.: multitudinario, colectivo, popular.

No hace falta ser filólogo. Masivo significa que algo sucede en una cantidad muy grande, que supera lo habitual y adquiere una dimensión extraordinaria. Deja tan claro su dimensión que carece de superlativo.

El Gobierno parece ahora reconocer que la entrada en Ceuta fue masiva, aunque, insiste, en que desconocía el guarismo exacto de esa masa (81.372, por ejemplo). Cabe preguntarse: Si ese adjetivo ya no refleja su verdadera magnitud, ¿qué palabra es la correcta para describir lo ocurrido?

Hay palabras que describen la realidad de los hechos y otras que parecen diseñadas para suavizarlos y amoldarlos al relato. Con esta gente al mando, el lenguaje se convierte en un escudo frente a las responsabilidades.

Primero fue una entrada irregular. Después, una llegada imprevista de migrantes. Más tarde, una entrada masiva. Y ahora parece que ‘masivo’ ya no es suficiente.

“Masivo” no significa “lo que el Gobierno considere masivo”. La lengua no funciona así y “masivo” significa y significará que afecta a una gran cantidad de personas.

Hasta ahora se entendía que, si decenas de miles de personas cruzaban una frontera en menos de dos días, estábamos ante un fenómeno masivo. Y si ese fenómeno ocurre en Ceuta, frontera exterior de España y de la Unión Europea, su dimensión no es solamente numérica: es también territorial, institucional y política.

Señor Sánchez, señor Marlaska, ¿qué más necesitan?

Si “masivo” les parece insuficiente, quizá deban aclarar qué entienden ustedes por una entrada masiva. ¿Es masiva la llegada de cien personas? ¿De mil? ¿De diez mil? ¿De setenta mil? ¿O solo lo sería cuando la magnitud de la crisis hiciera imposible seguir defendiendo que se trató de una situación gestionada con normalidad?

Por otra parte, si seguimos dispuestos a ser el país solidario y acogedor por excelencia, ¿no ponemos límites? Y si los ponemos, en qué cifras: ¿ochenta mil, ochocientos mil, ocho millones? ¿O somos tan solidarios y buenos, buenísimos, que estamos dispuestos a acoger a los más de ochocientos millones de personas que están en la extrema pobreza a nivel planetario, según el Banco Mundial?

No se trata de discutir sobre adjetivos. Se trata de explicar los hechos. Si hubo avisos, hay que saber quién los recibió y eso ya lo conocemos: todos los que los tenían que recibir. Si existieron informes, hay que saber qué decían y, sin conocer los no desclasificados, sí hemos sabido que los servicios de inteligencia hicieron extraordinariamente bien su trabajo. Si hubo una previsión de entrada masiva, hay que averiguar qué medidas se adoptaron y, a la vista de los acontecimientos, está claro que ninguna.

Y si todo eso ocurrió, alguien tendrá que explicar por qué. Bueno, eso ya es más complicado conociendo al equipo al mando, porque, claro que un gobierno no tiene el deber de adivinar el futuro, pero sí tiene la obligación de responder por sus decisiones y de explicar a los ciudadanos cómo actuó -o dejó de actuar- ante una situación extraordinaria.

Porque “masivo” no es un insulto. No es una acusación. No es una etiqueta partidista. Es una descripción.

El gobierno sanchista ha desarrollado una peligrosa habilidad: cuando la realidad incomoda, se intenta modificar el vocabulario: no se habla de crisis, sino de situación compleja; no se habla de fracaso, sino de dificultades; no se habla de responsabilidad, sino de contexto.

Y cuando la entrada es MA-SI-VA, parece que la palabra se quedara corta y hubiera de buscarse una que defina el caos de una manera superior, como si el adjetivo pudiera limitarse para evitar que la realidad resulte demasiado incómoda.

Señor presidente del Gobierno, señor ministro del Interior, porque todavía hay gente que no conseguís pastorear: Masivo significa que algo afecta a una gran cantidad de personas. No significa pequeño, anecdótico ni administrativamente manejable. Significa, precisamente, que la cantidad es tan importante que no puede tratarse como un episodio ordinario. Y eso lo saben todos los miembros (y miembras) del consejo de ministros; bueno, sin exagerar: no todos/as, cierto es.

Los ciudadanos no necesitan adjetivos superlativos (masivísimo de momento no está reconocido). Necesitan respuestas proporcionadas a los problemas y que éstas no pasen por 35 días de vacaciones pagadas al presidente del gobierno o, como hizo ayer mismo el ínclito personaje, descargando la responsabilidad sobre el señor Vivas de los 3.000 menores, que ahora reconocen que deambulan por la ciudad autónoma; tampoco por un mando único que se limita a culpar a la misma persona, tirando de argumentario; o por un ministro dedicado a tuitear sus realidades paralelas al ganado dispuesto a engullirlas, caso del primer alcalde de Atapuerca.

martes, 15 de septiembre de 2026

Regreso al futuro: Consejo de Ministros de mañana



15/09/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo


(Palacio de la Moncloa, 15 de septiembre de 2026. Sala del Consejo de Ministros. Olor a café recién hecho, porras de San Ginés y magdalenas de chocolate, todo gratis total)

Pedro Sánchez (P.S.): (Ajustándose la corbata con su sonrisa engolada habitual) Bien, ministras, ministros, ministres... Empecemos. Fernando, querido. Leí tu informe de la pasada semana sobre la situación en Ceuta. Sencillamente poético. Qué elegancia. Qué manera de convertir un lío de tres pares de cojones en un edulcorado editorial de El País. “Informes light”, los llaman... Yo los llamo alta literatura de Estado. Me procuras una paz mental que no me la daba ni Begoña cuando llegaba a casa con los sobres de la recaudación. Un prodigio del lirismo administrativo…

Fernando Grande-Marlaska (F.G.M.): (Con gesto modesto al principio, tocándose las gafas y tornando a rictus de expectación) Solo he aplicado la perspectiva de un Estado garantista, dilecto Pedro. “Acontecimientos migratorios de baja densidad y elevada sensibilidad paisajística que, como mal mayor, ha generado sin motivo alguno cierta inseguridad subjetiva en los caballas”.

P.S.: (Cambiando su rictus al de mala leche igual de tradicional) Hasta que…

(En el extremo de la mesa, Ó.P. no levanta la cabeza del móvil. El brillo de la pantalla ilumina su cara de satisfacción).

Óscar Puente (Ó.P.): (Murmurando para sí mientras teclea rabiosamente) “Aquí en el Consejo, viendo cómo la fachosfera se hiperventila con Ceuta mientras nosotros gestionamos con una elegancia que ya quisiera la derecha rancia. A mamar. #GobiernoDeProgreso”. Enviar.

P.S.: (Con cara de Sánchez) … hasta que os dio por publicar los informes de inteligencia.

F.G.M.: (Con la cara desencajada) Verás, presidente, estaba todo atado y bien atado hasta que Margarita, que, recuerdo, no te aplaudió en el Congreso, tragó con la publicación. El resultado, es cierto, es que, aunque más censurados que si lo hubiera ideado la Delegación Nacional de Propaganda de Fraga, nos ha dejado con el culito al aire.

P.S.: (Cerrando los ojos y apretando las mandíbulas) ¿Sólo el culito? Y encima le dimite a tu delegado en Ceuta el jefe de gabinete que, para colmo, se dedica a contar toda la verdad. No Fernando, no, para esto no te nombré…

Ó.P.: (Hiperventilando y golpeando su iPhone de última generación) “Sintonía total en el Gobierno. Coordinación y buen hacer siempre. Gobierno para rato. #GobiernoDeProgreso”. Enviar.

Margarita Robles (M.R.): (Golpeando una carpeta roja sobre la mesa) ¡Protesto, presidente! Esto es una falta de rigor inadmisible. Aquí tengo el dossier del CNI sobre las dinámicas geopolíticas del Norte de África. Más de cien páginas de análisis de inteligencia, selladas, clasificadas y verificadas por la Inteligencia Militar que te entregué en sobre lacrado… y que tú quemaste directamente en mi presencia.

P.S.: (Poniendo voz grave, imitando los gestos y el tono empleado por La Pájara) “Oh, no, el CNI... la seguridad nacional... el rigor procedimental...” (El resto de la mesa ríe a carcajadas) Margarita, por favor. Pareces la directora del internado suizo de Ainhoa, mi hija mayor. Por eso soy partidario de la educación pública. ¿Otra vez vienes con el superinforme de los espías?

M.R.: (Colérica) ¡Es Inteligencia de Estado, Pedro! ¡Hay mapas de calor, satélites, nombres en clave! ¡El CNI trabaja con rigor, no con adjetivos decorativos!

P.S.: Margarita, cielo, te lo dije la semana pasada y te lo repito hoy: el CNI se toma demasiado en serio a sí mismo. Les pides un informe sobre la meteorología para el próximo fin de semana y te entregan una amenaza de Dana en colisión con galerna del Cantábrico y cinco Filomenas acechando. Fernando te lo resuelve con un “cielos despejados sobre la convivencia” y todos nos vamos a casa a dormir tranquilos. Aprende a fluir, Margarita, vivirás mejor.

M.R.: (Aplacada y con los mofletes tumefactos, como es habitual) ¡Pero después vendrán las cinco Filomenas!

P.S.: (Tras carcajearse) Vendrán, claro que vendrán. Para los ceutíes, pero eso a nosotros, ¿en qué nos afecta? ¿No seguiremos calentitos? ¿No comeremos ni beberemos? ¿No seguiremos aquí sentaditos, aunque rematemos una legislatura sin presupuestos? ¡Pues ya está!

Yolanda Díaz (Y.D.): (Levantando la mano, muy seria y con gesto desafiante) Escuchadme una cosa. Te lo digo con todo el cariño, Pedro, pero como este Gobierno no ponga el foco en las personas, en la gente común, en la vivienda, en la reducción de la jornada laboral y en las vacaciones semestrales... yo me voy. Lo digo totalmente en serio: ¡dimito!

P.S.: (Enlazando con su anterior carcajada) Venga, Yoli, venga. A otros con ese cuento. ¿Dimitir tú? ¿Vuelves a Galicia? ¿De percebeira o de cosechera de microplásticos? ¡Jo, jo, jo! ¡Con el puestecito que te estoy trajinando en la OIT… y en el que, estoy seguro, acabarás con el desempleo mundial! ¡Jo, jo, jo!

Y.D.: (Tras pausa dramática de diez segundos y engullendo saliva) ¡Que era broma, hombre! (Ríe a carcajadas) Pero ¿cómo me voy a ir con lo chulo que nos está quedando el diálogo social? Es más, para que apreciéis mi compromiso, os doy tres motivos para quedarme, ¿eh?: el empleo, la ultraderecha y… y…

P.S.: … Y la moqueta. Igual que todos. No le des más vueltas, no sea que te dé un ictus.

Ó.P.: (Sin mirar a nadie, tecleando a la velocidad del AVE antes de las averías) “Atención a los medios de la caverna: mientras vosotros inventáis crisis internas, la vicepresidenta Yolanda y el Presidente demuestran una sintonía envidiable. Seguid rabiando, troles de Twitter”. Enviar.

M.R.: (Mirando a Puente con incredulidad) Óscar, por el amor de Dios, ¿puedes dejar el teléfono cinco minutos? Hay problemas graves en la red de infraestructuras, en el transporte, en la conectividad estratégica... ¿Te suena de algo la supervisión técnica de los puntos críticos?

Ó.P.: (Parpadea, extrañado, con cara del primer alcalde de Atapuerca) ¿Puntos críticos? Ah, claro, el nudo de la A-6 a la salida de Madrid. Ya le he puesto un tuit al alcalde respondiéndole con un meme. Solucionado. Tranquilos, ¿que la alta velocidad a Galicia no llega hoy a tiempo? A mí plin, será culpa de la herencia recibida o de un choque térmico producido por el cambio climático como ocurrió en Adamuz. ¡Que no aprendéis!

P.S.: (Apoyando las manos en la mesa, radiante) ¡Cómo sois! En fin, equipo… Resumiendo: Fernando, está bien que sigas escribiendo poesía con tus informes pero no estaría de más que hables con tu compi, la Tardón, y le ofrezcas en mi nombre una Secretaría de Estado, a ver si traga; Margarita, guarda ese tocho del CNI en un cajón bien hondo o, mejor, aprende de mí y quémalos; Yolanda, no me des esos sustillos que ni tú te crees; y Óscar, dile a tu hermana que modifique su sublime instrucción sobre la Ley de Nietos y nacionalice a todos los descendientes de nuestros conquistadores musulmanes, que se vieron obligados a exiliarse por las políticas bélicas de la ultraderecha, desde Don Pelayo hasta Isabel y Fernando. ¡Ah! Y ya que no tienes un duro para las infraestructuras, sigue dando caña con los tuits, que resultan más baratos y nos suben el engagement.

Y.D.: (Con cara de ojiplática) ¿Ezoquééh?

P.S.: (Desesperado) El nivel de compromiso, Yoli, el nivel de compromiso. Por cierto… para lo de la OIT, ¿cómo va ese inglés, que me está constando una pasta?

(Por entonces, los DIECINUEVE -19- ministros y ministras restantes, indiferentes e inconmovibles, sonríen tímidamente).


sábado, 12 de septiembre de 2026

La clasificación de tertulianos

 


12/09/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

“Resulta que un periodista podría, o debería, ser socialista y criticar a Sánchez. Podría ser progresista y discrepar de la amnistía. Podría votar a la izquierda y considerar desastrosa una política concreta. Y, por supuesto, podría ser de izquierdas y apoyar al Gobierno. Lo peculiar y rayano con el delito es que un ministerio considere relevante incorporar tales emociones a una ficha personal”

 

Hay documentos que retratan a quienes aparecen en ellos y documentos que terminan retratando, a los propios creadores. El recientemente conocido dosier de Interior titulado Tertulianos. Radio y Televisión, pertenece claramente a la segunda categoría.

Mediante un meticuloso análisis de IA, el resultado apunta a que, de los 285 tertulianos “investigados”, 120 resultan de derechas, 101 de izquierdas, 9 independientes y 55 que no se sabe… no contestan, o directamente se oculta su tendencia.

Presentándolo ahora como un instrumento interno y consultivo para el seguimiento de medios -simple documento de trabajo, según Marlaska- lo que intenta es amparar su legalidad. El problema empieza cuando la realidad descubre que no se limitó a apuntar quién era periodista, dónde trabajaba o en qué tertulia participaba. También decidió indagar qué pensaba políticamente cada uno. Y surge la gran pregunta: ¿con qué método?

Porque una cosa es clasificar periódicos por su línea editorial y otra bastante diferente es elaborar fichas personales de periodistas con expresiones como “afín al PSOE”, “tendencia conservadora”, “reconocido antisanchista”, “militante socialista”, “apoya al Gobierno” (socialista, se entiende), “defiende las políticas del PSOE” o “últimamente es más combativa”, como se puede leer en algunas de las fichas ¿policiales?

¿Quién decidió realizar dicho informe usando esas categorías que, puestas en un papel con membrete de un ministerio, apuntan directamente a la transgresión de varios artículos del Título IX de la Ley Orgánica 3/2018 de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales y, con toda seguridad, a otros tantos del Código Penal? ¿Qué baremo utilizó? ¿Se entrevistó a los señalados? ¿Se analizaron sus artículos? ¿Se hizo una estadística de sus opiniones? ¿Había una escala objetiva? ¿Cuántos artículos críticos con Sánchez hacen falta para pasar de “de izquierda” a “antisanchista”? ¿Bastaría sólo con haber referido -eso sí, sin mala intención- el incumplimiento de la obligación anual de presentar los presupuestos?

La comicidad, o mejor el dramatismo, aumenta cuando se observa una de las distinciones fundamentales del listado, porque, según éste, ser de izquierdas no parece ser exactamente lo mismo que apoyar al Gobierno. Porque si “apoyar al Gobierno” fuera simplemente la consecuencia natural de ser de izquierdas, no haría falta anotarlo como característica específica. Pero se anota.

Y eso permite plantear una lectura bastante más trágica: el clasificador no solo quería establecer de qué lado ideológico estaba cada periodista/tertuliano; parecía interesado también en revelar quién estaba del lado del Gobierno.

Resulta que un periodista podría, o debería, ser socialista y criticar a Sánchez. Podría ser progresista y discrepar de la amnistía. Podría votar a la izquierda y considerar desastrosa una política concreta. Y, por supuesto, podría ser de izquierdas y apoyar al Gobierno. Lo peculiar y rayano con el delito es que un ministerio considere relevante incorporar tales emociones a una ficha personal.

Y es entonces, cuando casi sin quererlo, llegamos al asunto más divertido: los periodistas de izquierdas que, sin que haga falta llamarlos “lameculos”, aparecen además como partidarios del Gobierno.

Como si hubiera una izquierda normal y otra que mereciera un accésit adicional por su proximidad al poder. Y es ahí donde el clasificador, sin pretenderlo, acaba haciendo un daño considerable precisamente a quienes pretendía identificar favorablemente de cara a sus jefes.

Al periodista de derechas lo describe como “de derechas”. Al conservador, como “conservador”. Al antisanchista, como “antisanchista”. Al independiente, como “independiente”. Pero cuando llega al periodista de izquierdas que apoya al Gobierno, parece querer decirles a sus destinatarios algo más: éste, además, “¡está con nosotros (y con nuestro espíritu)!”. Y esa diferencia importa, claro que importa.

El documento presenta, además, un problema metodológico evidente, una clasificación con criterios cambiantes: mezcla categorías de naturaleza completamente distinta. Unas son ideológicas (“conservador”), otras describen una actitud frente al Ejecutivo (“apoya al gobierno”); otras son directamente valoraciones personales o evolutivas (“últimamente es más combativa”).

Y si los criterios cambian de una ficha a otra, las cifras del principio tienen que examinarse con cautela, ya que sirven para describir cómo se ha organizado el documento, pero no para demostrar infaliblemente la ideología de 285 personas.

Lo más revelador, por tanto, como se desprende del análisis del documento, quizá no sean los 120 de derechas ni los 101 de izquierdas. Son los 55 que no han podido o querido ser metidos claramente en el cajón de los buenos o de los malos. Y, sobre todo, esos nueve independientes. Porque, en un documento elaborado por un departamento ministerial, la independencia aparece como una categoría diminuta, casi exótica.

Pero hay algo todavía más curioso: el documento se elaboró en febrero de 2024, después de que, el 11 de diciembre de 2023 -durante la presentación en el Círculo de Bellas Artes del libro Tierra firme de Matilde Asensi (que no aparece en el documento)- Pedro Sánchez se quejara de la composición de las tertulias televisivas, argumentando que estaban desequilibradas hacia posiciones conservadoras y que faltaban tertulianos progresistas.

Así que -casualidades de la vida- faltole tiempo al responsable de turno del Ministerio del Interior -que, obsérvese, no es la Secretaría de Estado de Comunicación- para confeccionar un documento claramente dirigido al Duce quien, quede claro, ni lo habría pedido ni, ahora que se ha hecho público, le parece correcto (según ha dicho la criatura).

Es por eso que la pregunta sobre el propósito resulta inevitable: si Interior dice que era para “consumo” del departamento y para seguimiento de medios, convendría explicar qué utilidad concreta tenía saber que un tertuliano era de izquierdas, de derechas o “apoyaba al Gobierno” (socialista, vuelve a entenderse).

Porque saber qué periodista cubre los asuntos de Interior tiene una utilidad evidente. Saber qué periodista es especialista en Inmigración, Terrorismo, Policía, Guardia Civil o Seguridad también. Saber en qué medio trabaja, igualmente. Pero saber si políticamente le caes bien o mal pertenece a una categoría bastante distinta, rayana en la transgresión de las normas citadas anteriormente.

Y ahí aparece la paradoja final: el clasificador pretendía ordenar a los periodistas/tertulianos, pero al hacerlo de una forma tan deshilachada, amorfa e irregular, ha terminado clasificándose él mismo: “ignorante, inútil e incompetente”. A la Stasi o a la KGB le hubiera durado un telediario, polonio mediante. Seguramente, al lado de Marlaska, habrá sido premiado con una “patada hacia arriba”.

En definitiva, el verdadero hallazgo del documento son las preguntas que deja sin contestar: ¿Quién puso las etiquetas? ¿Con qué criterios? ¿Quién decidió que un periodista “apoya al Gobierno” o solo al Ministro del Interior? ¿Dónde termina la ideología y empieza la adhesión política? Y, sobre todo, ¿por qué un Ministerio del Interior necesitaba saber estas cuestiones?

En definitiva, si para el clasificador “ser de izquierdas” y “apoyar al Gobierno” (actual) son cosas diferentes, podríamos estar de acuerdo, porque para algunos periodistas la etiqueta “de izquierdas” puede ser una convicción y la de “apoya al Gobierno”, una posición. Pero si ambas aparecen juntas en una ficha elaborada por el poder para el poder, la caricatura del adulador habrá sido esbozada por el propio clasificador y ésta sí se parece mucho a la del lametraserillos, que diría José María García.