viernes, 30 de octubre de 2026

Prórrogas de los Presupuestos: ¿Crimen o castigo?

 



30/10/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

“¿La falta de presupuestos actualizados y adaptados a las necesidades tienen repercusión sobre la vida de las personas?”

 

Dicen que ayer, desde el centro de control de Atocha, tras la caída del sistema de seguridad LZB, un técnico de Adif dio autorización a un maquinista para continuar la marcha sin avisar que más adelante había un tren parado. Así que, de momento, es el ministro quien ya apunta al error humano como el causante de la última tragedia ferroviaria y casi da por sentado que ése es el final del asunto, cuando en realidad nos sitúa en el principio del problema.

El sistema LZB, ya antiguo, está en funcionamiento desde 1992 en la primera línea española de alta velocidad Madrid-Sevilla, mientras el resto funciona con el estándar europeo ERTMS.

Dicen, también, que se han invertido 700 millones en la renovación integral de esa línea, que han debido ir a vías, desdoblamientos, estaciones, etc., pero parece claro que no han llegado a lo más fundamental de la circulación, la señalización y la seguridad.

Paralelamente, viene a cuento recordar que los Presupuestos Generales del Estado (PGE) son el plan económico del Gobierno para cada año. En ellos se prevé cuánto dinero ingresará el Estado y cómo se distribuirá el gasto público, naturalmente previo análisis de las necesidades.

Los PGE, disculpen la obviedad, sirven para financiar los servicios públicos, como la sanidad, la educación, las pensiones, la dependencia y las infraestructuras estatales; distribuir los recursos públicos, decidiendo qué partidas reciben más o menos dinero; establecer prioridades políticas y económicas, como invertir en vivienda, mantenimiento de infraestructuras o reducción del déficit y, finalmente, controlar el gasto público, ya que permiten al Parlamento examinar y aprobar las cuentas del Estado.

La Constitución española no solo establece que el Gobierno elabora los presupuestos, sino que también le obliga a presentarlos ante las Cortes Generales, órgano que, posteriormente, los examinarán, enmendarán, rechazarán o aprobarán.

Los últimos presupuestos, los de 2023, fueron aprobados en 2022, ya en la anterior legislatura. Desde entonces, no es que no se hayan aprobado nuevos presupuestos, sino que en toda esta legislatura que finaliza, para los ejercicios de 2024, 2025 y 2026, el gobierno no ha llegado a presentar un nuevo proyecto de PGE en el Congreso, como le es obligado por la Constitución.

Ya lo advirtió el jefe de la banda que nos gobierna el 7 de septiembre de 2024: “Vamos a avanzar con determinación, con o sin el apoyo de la oposición. Con o sin el concurso del Poder Legislativo”. En definitiva, lo importante es el Ejecutivo con el consiguiente desprecio de los demás poderes.

Surge entonces la pregunta: ¿hay diferencias entre aprobar los presupuestos o prorrogarlos? Algunas hay y no son menores:

Aprobar presupuestos cada año

Prorrogarlos años tras años

Se adaptan los gastos a la situación económica actual.

Los gastos están referidos a una situación económica del pasado.

Se pueden modificar las partidas y establecer nuevas prioridades.

Apenas hay margen para introducir cambios sobre las nuevas necesidades.

El Parlamento debate y vota un nuevo proyecto presupuestario.

En la reciente legislatura, el Parlamento ni siquiera ha recibido el proyecto.

Facilita planificar nuevas inversiones y medidas económicas.

Dificulta o hace imposible la planificación de nuevas actuaciones.

Acrecienta la capacidad de adaptación a las actuales necesidades

Merma cuando no imposibilita la capacidad de adaptación a las nuevas necesidades

Desde ayer, el Adamuz de hace solo nueve meses parece pertenecer al Pleistoceno, a una época remota que creíamos superada, pero cuya tragedia vuelve a instalarse en nuestra memoria con una crudeza insoportable. Urda se convierte ahora en el nombre propio de otra desgracia que obliga a mirar de frente una pregunta incómoda: ¿cuántas tragedias hacen falta para que el mantenimiento de las infraestructuras deje de ser una cuestión secundaria en la agenda política? Porque detrás de cada accidente hay víctimas, familias destrozadas y una sociedad que tiene derecho a exigir explicaciones.

¿La falta de presupuestos actualizados y adaptados a las necesidades tienen repercusión sobre la vida de las personas? Pues naturalmente: su ausencia plantea un problema que ningún Gobierno debería minimizar.

No solo, pero en particular las inversiones en conservación, modernización y seguridad no pueden quedar subordinadas a los cálculos parlamentarios, a la comodidad política ni a la espera indefinida de acuerdos que nunca llegan. Cuando las administraciones no priorizan adecuadamente aquello de lo que dependen la seguridad y la vida de los ciudadanos, la responsabilidad política adquiere una dimensión que trasciende las cifras y los discursos.

Porque la grandeza de un país no puede medirse solo por sus grandes anuncios, sus promesas electorales o sus cifras macroeconómicas, sino también y sobre todo por la seguridad con la que sus ciudadanos pueden desplazarse y confiar en los servicios públicos. Adamuz fue una advertencia que todavía pesa sobre la conciencia colectiva; Urda es ya el más sublime de los recordatorios de que las tragedias no pueden despacharse con minutos de silencio, declaraciones solemnes y promesas de investigación. Las víctimas merecen verdad, las familias merecen justicia y la sociedad merece explicaciones concretas y ciertas.

Si hubo negligencia, debe esclarecerse; si fallaron los controles, deben corregirse; y si las decisiones políticas contribuyeron al deterioro de la seguridad, sus responsables deben rendir cuentas. La prevención no es un gasto prescindible ni una promesa aplazable: es una obligación pública cuyo incumplimiento debe tener un coste no sólo político, sino claramente enfrentado al Código Penal.

Lección de Economía resumida para Pedro, el doctor-economista, y para Óscar, el mantenedor de infraestructuras. A ver si se enteran:

Los PGE sirven para decidir cómo se recauda y se gasta el dinero público. Aprobarlos cada año permite renovar y debatir esas decisiones; prorrogarlos un año sí y otro también, solo da para mantener la actividad del Estado, pero prolonga un marco presupuestario antiguo, no actualizado a las nuevas realidades y, entre ellas, destaca especialmente la obligación fundamental del Estado de proteger la vida de sus ciudadanos.

La prórroga, claro que es legal y evita que la Administración se paralice por completo, pero está concebida como una solución transitoria hasta que se aprueben nuevos presupuestos que contengan las necesidades actualizadas; y no, no es una simple renovación anual de las cuentas, como nos ha querido vender este gobierno.

Una prórroga presupuestaria aislada no es un crimen en sí misma, pues garantiza la continuidad de los servicios públicos más inmediatos, pero tampoco debería convertirse en una excusa para aplazar indefinidamente las decisiones que afectan, entre otros asuntos, a la seguridad, el mantenimiento de las infraestructuras y la inversión necesaria.

¿Es un castigo para los ciudadanos vivir entre presupuestos prorrogados y promesas incumplidas, o es directamente un crimen consecuencia de la incapacidad para alcanzar acuerdos de un gobierno solo preocupado por permanecer una semana más en el machito?

martes, 27 de octubre de 2026

Yoli en el diván de Pedro



27/10/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

“Lo suyo es ubicuidad administrativa en concomitancia con insolente desfachatez, más conocido como cara de pedernal”

 

—Buenos días, doña Yolanda. Siéntese… si puede.

—¿Cómo que si puedo? ¡Eso es una obscenidad!

—No, no, no. En ese caso, tiéndase mejor.

—Yo me voy. Esto es un acoso de libro.

—No, no, no. Serénese. Soy un profesional. Es que me ha dicho don Pedro que últimamente está usted en todas partes.

—Naturalmente. Soy vicepresidenta, ministra, líder de Sumar, portavoz de la coalición y conciencia crítica del Gobierno.

—¿Todo a la vez?

—Por supuesto y, si hace falta, en dos o tres sitios alamismavé, como decía don Manuel, que en paz descanse.

—Ah. Entonces su jefe no exageraba cuando me habló de su don de la ubicuidad.

—¿Mi qué?

—Su capacidad para estar simultáneamente dentro del Gobierno, fuera del Gobierno, contra el Gobierno y reclamándole cosas al Gobierno.

—No, no me refiero a eso. Ha dicho “su jefe” y, yo, el único jefe que tengo es el pobo galego. Y no es ubicuidad. Es capacidad de coordinación política. Soy mujer y puedo hacer más de dos cosas a la vez.

—Claro… coordinación política… ¡ya! Ese fenómeno por el que una persona puede ocupar un ministerio y, cinco minutos después, manifestarse contra el ministerio que ocupa.

—Yo no me manifiesto contra mí misma.

—Eso es lo que diría alguien que acaba de convocar una protesta, entre otras cosas menos entendibles, contra la precariedad laboral.

—Mire, yo estoy perfectamente. El problema lo tiene el Gobierno.

—¿Qué Gobierno?

—El Gobierno.

—¿El Gobierno del que usted forma parte?

—Sí.

—¿Como vicepresidenta?

—Sí, aunque ya menos.

—¿Y ministra de Trabajo?

—También. Y de Economía Social, no lo olvide.

—¿Y líder de una formación que reclama medidas al Gobierno?

—Exactamente.

—Fascinante. Está usted dentro del Gobierno con una parte de su personalidad y fuera con la otra.

—Eso se llama pluralidad y no renunciar a ningún papel.

—En psiquiatría política lo llamamos “ajomari” y en psiquiatría clínica bilocación.

—Pedro me ha recomendado venir porque él tampoco entiende la dinámica de la izquierda.

—¿Qué le ha dicho exactamente?

—Que si hay que ir contra el Gobierno, vamos contra el Gobierno.

—¿Y usted aceptó?

—Por supuesto.

—¿Y contra qué Gobierno?

—Contra el de Pedro.

—¿Y usted dónde está?

—En el Gobierno.

—¿Y Sumar?

—En el Gobierno.

—¿Y su despacho?

—En el Gobierno.

—¿Y su sueldo?

—También.

—Entonces, tranquila, lo suyo no es bilocación. Simplemente, tiene usted un don extraordinario: puede estar en el Gobierno y protestar contra él sin moverse del sitio, todo ello por la pasta.

—Eso es un insulto. Es eficiencia institucional.

—Lo suyo es ubicuidad administrativa en concomitancia con insolente desfachatez, más conocido como cara de pedernal. Usted no necesita desplazarse: le basta con cambiar de comunicado a su conveniencia.

—No me gusta el tonito, ni esa calificación.

—No es una calificación. Alégrese. Es un diagnóstico y no necesita medicación, solo vergüenza.

—Mucho mejor entonces.

—Vamos a otro asunto. Después del desahucio de Maricarmen, desde Sumar se reclamaron públicamente soluciones al PSOE y al Gobierno.

—Porque había que actuar.

—Naturalmente. ¿Y quién gobierna?

—El Gobierno.

—¿Y quién forma parte del Gobierno?

—El PSOE.

—¿Y quién más?

—Bueno, Sumar también.

—¿Y quién reclamaba medidas?

—Sumar.

—¿Y quién podía aprobarlas?

—El Gobierno.

—¿Y quién estaba dentro del Gobierno?

—Sumar.

—Yolanda, acaba de completar usted un círculo perfecto.

—¿Qué círculo?

—El de pedirle al Gobierno que haga algo mientras usted, desde el Gobierno, espera que el Gobierno se lo pida a usted.

—Eso es una interpretación maliciosa.

—No, es una reunión del Consejo de Ministros vista desde fuera.

—En el Consejo de Ministros nos sentamos alrededor de una mesa.

—¿Y quién está enfrente?

—El PSOE.

—¿Y quién está a su lado?

—Sumar.

—¿Y quién está en medio?

—Pedro.

—¿Y usted dónde está?

—En todas partes.

—No me joda. Acabo de descartar la ubicuidad como mal grave.

—También estoy en la mesa, en la rueda de prensa, en el comunicado y en la crítica posterior.

—¿Y en la solución?

—¿Solución para qué?

—Por ejemplo, para acabar con las maricarmenes en España.

—Las ministras de Sumar hemos reclamado medidas porque la situación de Maricarmen era inaceptable.

—Eso es perfectamente comprensible.

—Entonces, ¿por qué me mira así?

—Porque me pregunto si ellas también poseen el don de la ubicuidad aunque don Pedro no me las haya enviado.

—¿Por qué?

—Porque, igual que usted, aparecen simultáneamente como ministras del Gobierno y como reclamantes ante el Gobierno.

—Lógico. Quieren soluciones.

—Podrían haberlas solicitado en el Consejo de Ministros.

—Lo hicieron.

—¿Y qué pasó?

—Que el Gobierno no nos echa cuenta.

—¡Otra vez! ¿Y quién era el Gobierno en esa sala?

—Nosotras.

—¿Y quién esperaba la respuesta?

—También nosotras.

—Esto ya no es terapia individual. Es una serie de ciencia ficción.

—¿Podría ser más respetuoso?

—Lo intento, pero cada vez que usted habla aparece en otra institución.

—¿Qué deberíamos hacer, entonces?

—Una terapia sencilla: en la próxima reunión, antes de exigir al Gobierno que actúe, compruebe si usted está en la sala.

—¿Y si estoy?

—Pregúntese quién es.

—¿Y si soy yo?

—Si está a gusto, relájese y no anuncie que convocará una manifestación contra el Gobierno de usted.

—¿Y si no me gustan los acuerdos que se adopten?

—Entonces pueden dimitir y salir a la calle a protestar contra el Gobierno.

—¡Eso y nos vamos todos al INEM que tan bien dirijo! Eso sería absurdo. Para eso, mejor acepto el puesto de máxima responsable de la OIT, por el que me embolsaré TRESCIENTOS MIL EUROS ANUALES, aparte falcons, chóferes oficiales, residencia de gañote, etc.

—Por fin coincidimos.

—Doctor, creo que Pedro tenía razón al mandarme aquí.

—¿Ve? Primer síntoma de recuperación.

—¿Cuál?

—Ha empezado a hablar de don Pedro en tercera persona.

—¿Y eso qué significa?

—Que todavía no ha asumido que cuando Pedro dice “el Gobierno”, también está hablando de usted.

—Doctor…

—¿Sí?

—¿Cuánto cuesta la sesión?

—Para usted, nada.

—¿Por qué?

—Porque la paga el Gobierno.

—¡Perfecto!

—Aunque, técnicamente, la paga usted, mejor dicho, el resto de españoles.

—¿Yo?

—Sí, el contribuyente, usted, el Gobierno, la vicepresidenta, la ministra, Sumar y hasta la oposición interna.

—¿Todo eso soy yo?

—No exactamente.

—¿Entonces?

—Tranquila, no posee un don de la ubicuidad. Está usted en todas partes… menos en la ventanilla de pagos.

—Nos vemos el martes.

—¿Otra vez?

—Sí. Es el Consejo de Ministros.

—¿Y vendrá sola?

—No

—¿Con las ministras?

—No, con todo el Gobierno.

—Perfecto. Prepararé la sala grande.

—¿Para una terapia de grupo?

—No. Para una reunión de carad…, digo del Gobierno.

—¿Y quién la preside?

—¡Qué más da! El que la tenga más dura. Cualquiera de los veintitrés.


sábado, 24 de octubre de 2026

La memoria selectiva del perro andaluz

 

24/10/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

“No se puede criminalizar a todo el que discrepa de una determinada visión de la historia, ni presentar como cómplice de un asesinato a quien comparte ciertas ideas políticas”

 

Hay frases que suenan tan rotundas que parecen no admitir ninguna discusión.

“Querido amigo pepero… No se puede ser amigo de Blas Infante y de sus asesinos. No se puede ser amigo de Lorca y de los que le pegaron un tiro”.

Si esa es la reflexión de Manu Sánchez, el perro andaluz, merece una respuesta que vaya más allá del eslogan. Porque la cuestión no es si debemos condenar el asesinato de Federico García Lorca. Lo que, con estos obstinados, no merece ni respuesta. La cuestión es si ese principio moral se aplica a todos por igual o si, en la política o en la farándula, lo mismo da, existen víctimas cuya memoria incomoda más que otras.

Los responsables directos de los asesinatos de Lorca y de Blas Infante pertenecen a una época histórica distinta y parecía que superada. Por tanto, cuando en 2026 el cuentista de Dos Hermanas habla de “ser amigos de sus asesinos”, debería precisar. ¿Se refiere a quienes -si los hubiera- justifican aquellos crímenes, o a quienes discrepan de “su” interpretación de la historia?

Con esta gente, resulta conmovedor tener que explicar lo obvio: discrepar de las ideas de Lorca no convierte a nadie en cómplice de su asesinato, del mismo modo que defender una determinada ideología no convierte automáticamente a una persona en responsable de los crímenes cometidos en su nombre (ejemplo: 100 millones frente a 20 marca a esta hora el marcador del macabro derbi de crímenes a consecuencia del comunismo y del nazismo). Si confundimos esas categorías de manera consciente, no estamos haciendo un juicio moral sobre los hechos, y sí estamos utilizando la historia como actual instrumento de descalificación política.

Puestos a ser bondadosos, aceptemos la premisa del titiritero a sueldo de Sánchez con dinero de todos los españoles y llevémosla hasta sus últimas consecuencias. Si no se puede ser amigo de Lorca y amigo de sus asesinos, ¿se puede ser amigo de Miguel Ángel Blanco y amigo de sus asesinos? Más, teniendo en cuenta que en este caso no han transcurrido tres generaciones y media, todo lo contrario: los interlocutores del gobierno siguen siendo al día de hoy amigos bien avenidos de criminales que dejaron de matar hace 15 años, a los que se les está aplicando, sin requerirles arrepentimiento previo, urgentes y desproporcionadas progresiones al tercer grado por una consejera socialista del País Vasco.

A falta de su enseñanza en las escuelas, parece mentira que tengamos que recordar casi 30 años después que Miguel Ángel Blanco fue un concejal del Partido Popular en Ermua (Vizcaya) al que ETA secuestró y asesinó en julio de 1997, después de someter a toda España a una angustiosa cuenta atrás, cronómetro en mano. Su muerte conmocionó a España y convirtió su nombre en símbolo de la resistencia cívica frente al terrorismo. No era una víctima franquista ni una figura del imaginario de la izquierda: era un representante público elegido democráticamente, asesinado por una organización terrorista que pretendía imponer sus objetivos mediante la violencia.

ETA anunció el cese definitivo de su actividad armada en 2011, bajo la presidencia de Zapatero y se disolvió en 2018, días antes del abandono de Rajoy de La Moncloa, moción de censura mediante. Pero eso no borra sus crímenes, ni convierte en irrelevante la responsabilidad política (y criminal) de quienes justificaron y justifican la violencia, ni de quienes, prometiendo en campaña que nunca negociarían con sus herederos, lo hicieran al día siguiente. Tampoco significa que ese acuerdo con una formación vinculada a una banda terrorista equivalga a una complicidad con ella, aunque se le parezca mucho. En todo caso, lo que sí permite es formular preguntas legítimas sobre esos pactos en la penumbra o directamente desconocidos, o sobre las no exigencias de condena del terrorismo y del tratamiento digno de las víctimas a los de un lado, que culminan con el ascenso al poder de los del otro.

No se puede condenar a unos asesinos y blanquear a otros, ni convertir a las víctimas en propiedad exclusiva de una ideología. La coherencia moral, ética y no partidista se demuestra cuando se aplica también a los propios aliados.

En definitiva, Manu Sánchez tiene todo el derecho a reivindicar a Lorca y a denunciar la complicidad moral con sus asesinos. Conniventes que, por otra parte, no logro identificar. Lo que cabe exigirle, como a cualquier figura pública que interviene en el debate político, es que explique dónde sitúa los límites de esa afirmación y si los aplica con la misma firmeza cuando la víctima se llama Miguel Ángel Blanco aunque el vasco no haya desplegado el arte y la maestría necesarios para crear un Romancero gitano II.

No se puede criminalizar a todo el que discrepa de una determinada visión de la historia, ni presentar como cómplice de un asesinato a quien comparte ciertas ideas políticas. Pero tampoco se puede pedir indulgencia para quienes justificaron el terrorismo mientras se exige una condena sin fisuras a los responsables de otros crímenes.

La historia no pertenece a una sigla. Lorca no pertenece en exclusiva a la izquierda; Blas Infante no es patrimonio de quienes invocan su nombre en campaña; Miguel Ángel Blanco no puede quedar reducido a un símbolo incómodo para quienes necesitan los votos de determinados socios, bien golpistas, bien filoterroristas.

Las víctimas merecen memoria, respeto y justicia, no una utilización partidista que seleccione qué sufrimiento conviene recordar y cuál resulta más práctico silenciar.

No se puede ser amigo de los asesinos, ni justificar sus crímenes, vengan de donde vengan. Y tampoco se puede exigir coherencia a los demás sin estar dispuesto a practicarla.

Esa debería ser la regla. Para Lorca. Para Blas Infante. Para Miguel Ángel Blanco. Para todas las víctimas. Y también para quienes, desde una tribuna pública, pretenden decirle a la audiencia que le paga quién merece su memoria y quién no.

Manu, artista: frente a una indecente postura frentepopulista y próxima a la lisonja del guerracivilismo, 90 años después y seguramente con más integridad, podría responderte:

“Querido amigo susialista… No se puede ser amigo de Miguel Ángel Blanco y de sus asesinos. No se puede ser amigo de un concejal y de los que le pegaron dos tiros”.

Prefiero distinguirte con dos expresiones muy características del habla andaluza que te vienen de puta madre: bienpagao y agradaó. Ambas reflejan la riqueza de nuestro lenguaje, donde el humor, la ironía y la personalidad siguen teniendo un papel importante. Lo que, por otro lado, tu arte sabía expresar de forma genial cuando no ejercías de bienpagao y agradaó, precisamente.

viernes, 23 de octubre de 2026

Rufián, de hijastro de Companys a sobrino del Campeador

 


23/10/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

“Porque una cosa es defender la presuntuosa supremacía de la política catalana sobre la española, como aseguraba Rufián, y otra devenir en El Cid Campeador del rojerío patrio”

 

Tras ofrecerse a liderar el proyecto y fracasar definitivamente el pasado viernes en las negociaciones para formar una candidatura conjunta de todos los comunistas que en España son, el portavoz de la izquierda republicana y catalana asumió públicamente su responsabilidad: “He fracasado. Hemos fracasado”. Su objetivo era conseguir que los partidos superasen sus diferencias y evitar el perjuicio de la fragmentación electoral.

Al Gabriel Rufián, discípulo del certero terminator Luis Companys, convendría hacerle tres preguntas, sin discursos interminables ni artificios retóricos:

Primera.- Once años después de aterrizar en Las Cortes definiéndose como republicano, de izquierdas e independentista y asegurando que en dieciocho meses, una vez proclamada la República Catalana, volvería a Cataluña, ¿qué ha pasado para intentar liderar al conjunto del comunismo español?

Segunda.- También, once años después de que, en plena campaña de EH Bildu en 2016, describiera el ser independentista como “un vehículo para tener un país decente”, ¿qué ha sucedido para acabar preocupándose por los andaluces de Jaén más que por los pagesos de Les Garrigues, cuando no hay color entre esas denominaciones de origen del preciado aceite de oliva?

Y tercera.- Doce años después de presentar a Súmate como el mejor antídoto contra el “discurso unionista y tramposo de Podemos”, y habiendo llegado a comparar a Pablo Iglesias con Alejandro Lerroux (el dirigente antinacionalista de la Segunda República), ¿qué ha pasado para acabar en los brazos estatistas de Irene Montero?

Aquellas palabras, en aquellos momentos, sonaban a promesa de una llegada rápida de la república catalana, en un desprecio de todo lo español, pero los actuales comportamientos funcionan como la clave para entender todo lo que vino después: indultos, amnistías, cesiones de competencias, transferencias millonarias… y todo lo preciso hasta dejar colgando y escuálida (Guerra dixit) la guitita del entramado constitucional, ya sin chorizo que sustentar.

Durante años, el charnego-independentista ha defendido la política propia catalana sin importarle una higa cualquier ultraje al resto de España. Ese discurso, que sirvió desde el principio para alimentar agravios, justificar reivindicaciones y presentar las relaciones entre territorios como un enfrentamiento inmutable, ha continuado para obtener millonarias prebendas de Pedro Sánchez a cambio de infames votos para mantenerlo de presidente.

Las relaciones entre el Estado y la Comunidad Autónoma de Cataluña siempre han sido complejas y merecen ese debate serio que nunca llega, basado en cifras, criterios políticos e históricos y absoluta transparencia, lo que desembocaría necesariamente en un reconocimiento de igualdad con los restantes territorios. De ahí su imposibilidad, porque una cosa es defender la presuntuosa supremacía de la política catalana sobre la española, como aseguraba Rufián, y otra devenir en El Cid Campeador del rojerío patrio.

Por eso, las preguntas a Rufián no acaban en si se puede negociar con el Gobierno de España, ni si tiene derecho a defender sus posiciones independentistas. Empiezan y terminan en si mantiene sus afirmaciones anteriores y cómo las concilia con sus alianzas actuales.

Si ha cambiado de opinión, no lo ha explicado suficientemente. Si mantiene el mismo diagnóstico, que aclare cómo encaja en su nueva estrategia política. La coherencia no consiste en no cambiar nunca, sino en dar explicaciones cuando se cambia de posición y, principalmente, cuando tales explicaciones puedan ser entendidas por los medianamente inteligentes.

jueves, 22 de octubre de 2026

Fuenlabrada. Comité Federal PSOE 17-O

 


22/10/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

Montse Mínguez: “Quiero dejar claro que no soy responsable de cada decisión económica de mi consorte. Él lleva el papeleo muy bien. De hecho todos sus desahucios se han consumado sin que ningún inquilino ponga una pega y sin ninguna concentración de perroflautas para impedirlos”

 

Sábado, 17 de octubre. Fuenlabrada. Centro de Arte Tomás y Valiente. Hora: 10:00. Puertas cerradas. Móviles boca abajo, excepto uno que ilumina la cara del primer alcalde de Atapuerca. Una pantalla LED resplandece: “Por una vivienda digna”. Voces desde la calle: “Pedro Sánchez, hijo…”. Se celebra un comité Federal del PSOE, mientras se hace tiempo de cara al acto público posterior, previsto para las 11:30.

En torno a la mesa presidencial, Pedro Sánchez, Montse Mínguez, Óscar López, Óscar Puente y María Jesús Montero. Hay dos ministros invitados: Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska. Sobre ella reposan una carpeta rotulada “Ceuta”, otra “Nuestras aguas territoriales” y una tercera titulada “Vivienda: no abrir hasta después de las elecciones”.

PEDRO SÁNCHEZ (P.S.): Compañeras, compañeros… Fernando, gracias por venir. Tenemos tres asuntos menores: Marruecos, fronteras y vivienda; dos trascendentes: Montse “Buitre” y Begoña. Y el sexto que, como siempre, no figura en el orden del día: cómo conseguir que mañana los periódicos hablen de otra cosa.

MARGARITA ROBLES (M.R.): Pedro, con la venia, ya que aquí estoy de invitada. La frontera de Ceuta va a implosionar...

GRANDE-MARLASKA (G.M.) (Cortando a la ministra): Yo también estoy de invitada pero me siento como en casa. Sobre Marruecos necesitamos rigor, coordinación y una política migratoria humanitaria.

P.S.: De acuerdo, Margarita, Fernando, gracias. Hasta aquí resueltos dos de los asuntos menores…

G.M.: Bueno, solo una cosa más: si una persona marroquí solicita protección alegando que corre peligro por su orientación sexual, su caso debe examinarse individualmente en un procedimiento. Al día de hoy tenemos a cinco marroquíes homosexuales.

P.S.: Correcto. Pero también debemos impedir que el procedimiento se convierta en un coladero, como hacemos habitualmente.

M.R.: La expresión “coladero” queda muy bien en una tertulia. En un expediente judicial, en cambio, hacen falta pruebas, hechos individualizados y una resolución motivada.

ÓSCAR LÓPEZ (O.L.): Podríamos crear un protocolo de verificación reforzada.

G.M.: Así es, Óscar. Lo esencial es que no se humille a nadie ni se le someta a pruebas invasivas para demostrar su orientación sexual. Eso sería inadmisible. La evaluación debe realizarse mediante procedimientos respetuosos, entrevistas adecuadas y garantías jurídicas. Y, yo como magistrado, soy quien debería hacer esos interrogatorios.

P.S.: De acuerdo. Concedido. Ahora sí, resueltos dos de los asuntos menores… vayamos al tercero. Nuestra posición es clara: la vivienda es un derecho, no un negocio.

MONTSE MÍNGUEZ (M.M.): Completamente de acuerdo, Pedro.

M.R.: Me alegra escuchar eso, Montse. Entonces supongo que todos los presentes estaremos dispuestos a publicar nuestro patrimonio inmobiliario, las condiciones de nuestros alquileres y las ayudas que recibimos. Comienzo yo: tengo dos viviendas, una en Madrid y otra en Asturias.

(Silencio en la sala que lleva el nombre de una víctima de ETA, el mismo que estaría revolviéndose en su tumba si presenciara la escena).

M.M. (rompiendo el silencio sepulcral): Margarita, ¿y del medio millón de euros que tienes en el banco, no hablamos? A ver… no confundamos el debate político con la vida privada de las familias, sobre todo cuando todo se hace dentro de la legalidad.

O.L.: ¿A quién le importa que yo sea propietario de cuatro viviendas y un garaje entre Segovia y Madrid y que solo cuente con 60.000 euros en cuentas bancarias? La transparencia es fundamental, pero tampoco podemos convertir cada declaración patrimonial en una serie de Netflix.

M.R.: No, tanto no, pero bastaría con una hoja de cálculo. Suele ser mucho más terrorífica.

P.S.: Montse, ya se está hablando públicamente de lo que todos sabíamos: que tu pareja tiene más de treinta viviendas. Hasta ahora todo estaba bien, pero una vez que el facha de Chicote te ha desenmascarado públicamente, entenderás que la cuestión política es incómoda.

M.M.: ¿Incómoda para quién? ¿Para el partido que defiende el derecho a la vivienda o para el partido que tiene que explicar que sus dirigentes están forrados de ladrillo por todas partes menos por una? Porque yo no soy la única… ya lo estamos viendo.

O.L.: Lo importante es distinguir entre poseer viviendas y especular con ellas.

M.R.: Por supuesto. Y entre defender la sanidad pública y tener seguro privado. Y entre predicar austeridad y viajar en Falcon. Y entre la decencia y hacer la carrera política con sobres de las saunas de su suegro. Perdonad, como voy de número dos me he crecido.

M.M.: Quiero dejar claro que no soy responsable de cada decisión económica de mi consorte. Él lleva todo el papeleo muy bien. De hecho todos sus desahucios se han consumado sin que ningún inquilino ponga una pega y sin ninguna concentración de perroflautas para impedirlos.

P.S.: Todo es razonable, pero no podemos presumir públicamente de eso. Hay que conseguir que nuestro ganado siga pastando y, para ello, al final de este acto vamos a dar a conocer tu dimisión.

M.M.: ¿Mi qué?

P.S.: Sí, acabas de manifestar que dejas la portavocía de la Ejecutiva Federal del PSOE, que renuncias a tu puesto en la Ejecutiva Federal como secretaria de Estudios y Programas y que no te presentarás al Congreso en las elecciones del 29 de noviembre… Y también que renuncias al acta de diputada.

O.L.: Bueno, Pedro, para. Quizá no tanto. Montse debería reconsiderar esto último.

M.M.: ¿Yo reconsiderar? ¡Me estáis poniendo en la puta calle!

P.S.: Tiene razón Óscar. Acepto que no renuncies a tu acta de diputada. Tenemos que seguir riéndonos de la Constitución y en la Diputación Permanente necesitamos tu voto para descojonarnos de la soberanía popular.

M.M.: O sea, me echáis y me utilizáis.

P.S.: Como a todos y a todas, Montse. Como a Fernando también. Además, tú no vas a la puta calle. Tienes tres viviendas propias y más de treinta inmuebles para elegir, especular y seguir haciéndote una millonaria consorte de dos pares de huevos.

M.M.: ¿Ah, sí? ¿Y Óscar sí sigue? ¿Desahucia a un vecino enfrente de Maricarmen y se queda tan pancho?

O.L.: Querido presidente, creo que debemos abordar ese asunto que también Chicote pretende utilizar contra mí.

P.S.: Adelante.

O.L.: No podemos convertir el asunto de una vivienda vinculada a una entidad pública en un escándalo.

P.S.: Óscar, te comprendo pero tampoco puedes pedir que se investigue todo cuando afecta a los demás y que se aplique el beneficio de la duda cuando te afecta a ti.

O.L.: No estoy pidiendo un trato de favor. Estoy pidiendo contexto.

M.R.: El contexto es magnífico. En España, un ciudadano corriente, ante el banco, presenta nóminas, fianza, avalista y dos riñones. En cambio, cuando ha de hacerlo ante MUFACE, descubre de repente que lo verdaderamente importante es el contexto.

O.L.: Esa comparación es demagógica.

M.R.: Naturalmente. La demagogia consiste en querer comparar dos situaciones incómodamente idénticas.

M.M.: Lo que deberíamos hacer es aplicar el mismo criterio a todos.

P.S. (en tono sarcástico): Exactamente. Y publicar las conclusiones antes de las elecciones. En fin… aquí acaba el punto tercero. Comencemos con el cuarto: la oposición lleva semanas hablando de mi entorno familiar. Begoña, mi hermano, mi suegro… Siempre lo mismo.

M.R.: Pedro, una cosa es criticar la utilización política de los familiares y otra que… ¡vaya ganao que tienes alrededor!

P.S.: ¡Margarita, recuerda que estás de invitada y lo mismo que Montse ya no es número uno por Lleida, tú ya mismo no eres número dos por Madrid! No he dicho eso. He dicho que, si siguen utilizando a mi familia como munición electoral, quizá haya que dar una respuesta política.

O.L.:¿Una comparecencia en el Palacio Real?

P.S.: Algo más contundente. Si hace falta, los pongo en las listas.

(Silencio absoluto)

M.M.: ¿A tu mujer?

P.S.: Si hace falta.

O.L.:¿A tu hermano también?

P.S.: Si hace falta.

M.R.: ¿Y a tu suegro?

P.S.: Si hace falta.

M.R.: Pedro, iba a decirte que las listas electorales no son un programa de protección familiar. Pero mejor me callo… por aquello del número dos por Madrid.

M.M.: Y un mensaje: “la familia que resiste unida, permanece unida”.

P.S.: Estoy diciendo que no voy a aceptar que se condene a personas por asociación.

MARÍA JESÚS MONTERO (M.J.): Entonces dilo así. Es mucho más defendible que amenazar con convertir una candidatura en una reunión familiar de Navidad.

P.S.: Marixu, tú cállate que me tienes contento…

O.L.: Entonces, habría que ver quién ocupa el número uno.

P.S.: Óscar…

O.L.: Retiro la pregunta.

P.S.: Por respeto a Margarita que lleva un minuto callada, os informo que mantendrá el número dos en Madrid por detrás del Duce, es decir por detrás de mí. Tercera, Begoña, cuarto, David y quinto, Sabiniano. Y ahora, señor conserje mayor, que entre Begoña.

(El silencio ahora puede oírse en toda su magnitud. Son las diez y cuarto. La hija de Sabiniano aparece sonriente en la sala entre el desconcierto general para acabar sentándose junto a su marido. El mutismo torna en una salva de aplausos que recuerda aquellas de la Plaza de Oriente, aunque todavía incapaces de ahogar los gritos que siguen atronando las calles de Fuenlabrada: “Pedro Sánchez, hijo…”).

P.S.: Muchas gracias de nuevo. Vamos a cerrar con una declaración común: unidad, responsabilidad, transparencia y compromiso con la ciudadanía.

M.M.: ¿Y sobre las viviendas?

P.S.: Ni mú.

M.J.: ¿Y sobre el cribado del cáncer en Andalucía?

P.S.: Marixu, calla, calla. La que has liao pa ná. Ni mú también.

O.L.: ¿Y sobre MUFACE?

P.S.: Lo mismo.

M.R.: ¿Y sobre Ceuta y las aguas territoriales?

P.S.: Ídem.

G.M.: ¿Y sobre las solicitudes de protección internacional a los emigrantes homosexuales?

P.S.: Evaluación individual en el Ministerio del Interior y respeto a los derechos fundamentales.

M.R.: ¿Y sobre tus familiares en las listas?

P.S.: Será una sorpresa cuando la gente los vea en las papeletas, aunque en unos instantes presentaré a Begoña en público y le diré cuanto la amo. Ha sido una idea de Delcy: me ha enviado un video de Nicolás bailando y besando a Cilia en el balcón del Palacio de Miraflores. Hoy, Begoña, proclamaré mi amor besándote en este mitin de Fuenlabrada y, naturalmente, bailaremos.

ÓSCAR PUENTE (absorto, y sin haber tuiteado a estas alturas) (O.P.): Pero, Pedro, eso no lo veo conveniente. Están los dos en una cárcel de Nueva York, en manos de Trump.

P.S.: Así es. Eso sí que lo envidio. Ninguno de mis mil asesores me ha dicho todavía qué hay que hacer para alcanzar semejante gloria.

O.P.: De acuerdo. “La situación ferroviaria está siendo objeto de seguimiento permanente. Seguimos trabajando. #GobiernoDeProgreso”. Enviar.

(Un asesor levanta tímidamente la mano, mientras interioriza “como una chota, está como una chota”).

ASESOR: ¿Podemos decir que la reunión ha sido muy constructiva?

P.S.: Por supuesto y que hemos salido unidos.

(Once menos diez. Se apagan las pantallas que seguían mostrando el lema “Por una vivienda digna”. Alguien ha añadido debajo, esta vez con rotulador permanente: “Y por una explicación convincente”. Los asistentes abandonan la sala camino del mitin. En la mesa queda una última hoja con el título “Punto sexto del orden del día: Plan de comunicación para mañana”. La primera instrucción dice: “El aticazo”. La segunda, escrita a mano, recuerda: “El padre, el novio y el hermano de Ayuso”).