sábado, 24 de octubre de 2026

La memoria selectiva del perro andaluz

 

24/10/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

“No se puede criminalizar a todo el que discrepa de una determinada visión de la historia, ni presentar como cómplice de un asesinato a quien comparte ciertas ideas políticas”

 

Hay frases que suenan tan rotundas que parecen no admitir ninguna discusión.

“Querido amigo pepero… No se puede ser amigo de Blas Infante y de sus asesinos. No se puede ser amigo de Lorca y de los que le pegaron un tiro”.

Si esa es la reflexión de Manu Sánchez, el perro andaluz, merece una respuesta que vaya más allá del eslogan. Porque la cuestión no es si debemos condenar el asesinato de Federico García Lorca. Lo que, con estos obstinados, no merece ni respuesta. La cuestión es si ese principio moral se aplica a todos por igual o si, en la política o en la farándula, lo mismo da, existen víctimas cuya memoria incomoda más que otras.

Los responsables directos de los asesinatos de Lorca y de Blas Infante pertenecen a una época histórica distinta y parecía que superada. Por tanto, cuando en 2026 el cuentista de Dos Hermanas habla de “ser amigos de sus asesinos”, debería precisar. ¿Se refiere a quienes -si los hubiera- justifican aquellos crímenes, o a quienes discrepan de “su” interpretación de la historia?

Con esta gente, resulta conmovedor tener que explicar lo obvio: discrepar de las ideas de Lorca no convierte a nadie en cómplice de su asesinato, del mismo modo que defender una determinada ideología no convierte automáticamente a una persona en responsable de los crímenes cometidos en su nombre (ejemplo: 100 millones frente a 20 marca a esta hora el marcador del macabro derbi de crímenes a consecuencia del comunismo y del nazismo). Si confundimos esas categorías de manera consciente, no estamos haciendo un juicio moral sobre los hechos, y sí estamos utilizando la historia como actual instrumento de descalificación política.

Puestos a ser bondadosos, aceptemos la premisa del titiritero a sueldo de Sánchez con dinero de todos los españoles y llevémosla hasta sus últimas consecuencias. Si no se puede ser amigo de Lorca y amigo de sus asesinos, ¿se puede ser amigo de Miguel Ángel Blanco y amigo de sus asesinos? Más, teniendo en cuenta que en este caso no han transcurrido tres generaciones y media, todo lo contrario: los interlocutores del gobierno siguen siendo al día de hoy amigos bien avenidos de criminales que dejaron de matar hace 15 años, a los que se les está aplicando, sin requerirles arrepentimiento previo, urgentes y desproporcionadas progresiones al tercer grado por una consejera socialista del País Vasco.

A falta de su enseñanza en las escuelas, parece mentira que tengamos que recordar casi 30 años después que Miguel Ángel Blanco fue un concejal del Partido Popular en Ermua (Vizcaya) al que ETA secuestró y asesinó en julio de 1997, después de someter a toda España a una angustiosa cuenta atrás, cronómetro en mano. Su muerte conmocionó a España y convirtió su nombre en símbolo de la resistencia cívica frente al terrorismo. No era una víctima franquista ni una figura del imaginario de la izquierda: era un representante público elegido democráticamente, asesinado por una organización terrorista que pretendía imponer sus objetivos mediante la violencia.

ETA anunció el cese definitivo de su actividad armada en 2011, bajo la presidencia de Zapatero y se disolvió en 2018, días antes del abandono de Rajoy de La Moncloa, moción de censura mediante. Pero eso no borra sus crímenes, ni convierte en irrelevante la responsabilidad política (y criminal) de quienes justificaron y justifican la violencia, ni de quienes, prometiendo en campaña que nunca negociarían con sus herederos, lo hicieran al día siguiente. Tampoco significa que ese acuerdo con una formación vinculada a una banda terrorista equivalga a una complicidad con ella, aunque se le parezca mucho. En todo caso, lo que sí permite es formular preguntas legítimas sobre esos pactos en la penumbra o directamente desconocidos, o sobre las no exigencias de condena del terrorismo y del tratamiento digno de las víctimas a los de un lado, que culminan con el ascenso al poder de los del otro.

No se puede condenar a unos asesinos y blanquear a otros, ni convertir a las víctimas en propiedad exclusiva de una ideología. La coherencia moral, ética y no partidista se demuestra cuando se aplica también a los propios aliados.

En definitiva, Manu Sánchez tiene todo el derecho a reivindicar a Lorca y a denunciar la complicidad moral con sus asesinos. Conniventes que, por otra parte, no logro identificar. Lo que cabe exigirle, como a cualquier figura pública que interviene en el debate político, es que explique dónde sitúa los límites de esa afirmación y si los aplica con la misma firmeza cuando la víctima se llama Miguel Ángel Blanco aunque el vasco no haya desplegado el arte y la maestría necesarios para crear un Romancero gitano II.

No se puede criminalizar a todo el que discrepa de una determinada visión de la historia, ni presentar como cómplice de un asesinato a quien comparte ciertas ideas políticas. Pero tampoco se puede pedir indulgencia para quienes justificaron el terrorismo mientras se exige una condena sin fisuras a los responsables de otros crímenes.

La historia no pertenece a una sigla. Lorca no pertenece en exclusiva a la izquierda; Blas Infante no es patrimonio de quienes invocan su nombre en campaña; Miguel Ángel Blanco no puede quedar reducido a un símbolo incómodo para quienes necesitan los votos de determinados socios, bien golpistas, bien filoterroristas.

Las víctimas merecen memoria, respeto y justicia, no una utilización partidista que seleccione qué sufrimiento conviene recordar y cuál resulta más práctico silenciar.

No se puede ser amigo de los asesinos, ni justificar sus crímenes, vengan de donde vengan. Y tampoco se puede exigir coherencia a los demás sin estar dispuesto a practicarla.

Esa debería ser la regla. Para Lorca. Para Blas Infante. Para Miguel Ángel Blanco. Para todas las víctimas. Y también para quienes, desde una tribuna pública, pretenden decirle a la audiencia que le paga quién merece su memoria y quién no.

Manu, artista: frente a una indecente postura frentepopulista y próxima a la lisonja del guerracivilismo, 90 años después y seguramente con más integridad, podría responderte:

“Querido amigo susialista… No se puede ser amigo de Miguel Ángel Blanco y de sus asesinos. No se puede ser amigo de un concejal y de los que le pegaron dos tiros”.

Prefiero distinguirte con dos expresiones muy características del habla andaluza que te vienen de puta madre: bienpagao y agradaó. Ambas reflejan la riqueza de nuestro lenguaje, donde el humor, la ironía y la personalidad siguen teniendo un papel importante. Lo que, por otro lado, tu arte sabía expresar de forma genial cuando no ejercías de bienpagao y agradaó, precisamente.

viernes, 23 de octubre de 2026

Rufián, de hijastro de Companys a sobrino del Campeador

 


23/10/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

“Porque una cosa es defender la presuntuosa supremacía de la política catalana sobre la española, como aseguraba Rufián, y otra devenir en El Cid Campeador del rojerío patrio”

 

Tras ofrecerse a liderar el proyecto y fracasar definitivamente el pasado viernes en las negociaciones para formar una candidatura conjunta de todos los comunistas que en España son, el portavoz de la izquierda republicana y catalana asumió públicamente su responsabilidad: “He fracasado. Hemos fracasado”. Su objetivo era conseguir que los partidos superasen sus diferencias y evitar el perjuicio de la fragmentación electoral.

Al Gabriel Rufián, discípulo del certero terminator Luis Companys, convendría hacerle tres preguntas, sin discursos interminables ni artificios retóricos:

Primera.- Once años después de aterrizar en Las Cortes definiéndose como republicano, de izquierdas e independentista y asegurando que en dieciocho meses, una vez proclamada la República Catalana, volvería a Cataluña, ¿qué ha pasado para intentar liderar al conjunto del comunismo español?

Segunda.- También, once años después de que, en plena campaña de EH Bildu en 2016, describiera el ser independentista como “un vehículo para tener un país decente”, ¿qué ha sucedido para acabar preocupándose por los andaluces de Jaén más que por los pagesos de Les Garrigues, cuando no hay color entre esas denominaciones de origen del preciado aceite de oliva?

Y tercera.- Doce años después de presentar a Súmate como el mejor antídoto contra el “discurso unionista y tramposo de Podemos”, y habiendo llegado a comparar a Pablo Iglesias con Alejandro Lerroux (el dirigente antinacionalista de la Segunda República), ¿qué ha pasado para acabar en los brazos estatistas de Irene Montero?

Aquellas palabras, en aquellos momentos, sonaban a promesa de una llegada rápida de la república catalana, en un desprecio de todo lo español, pero los actuales comportamientos funcionan como la clave para entender todo lo que vino después: indultos, amnistías, cesiones de competencias, transferencias millonarias… y todo lo preciso hasta dejar colgando y escuálida (Guerra dixit) la guitita del entramado constitucional, ya sin chorizo que sustentar.

Durante años, el charnego-independentista ha defendido la política propia catalana sin importarle una higa cualquier ultraje al resto de España. Ese discurso, que sirvió desde el principio para alimentar agravios, justificar reivindicaciones y presentar las relaciones entre territorios como un enfrentamiento inmutable, ha continuado para obtener millonarias prebendas de Pedro Sánchez a cambio de infames votos para mantenerlo de presidente.

Las relaciones entre el Estado y la Comunidad Autónoma de Cataluña siempre han sido complejas y merecen ese debate serio que nunca llega, basado en cifras, criterios políticos e históricos y absoluta transparencia, lo que desembocaría necesariamente en un reconocimiento de igualdad con los restantes territorios. De ahí su imposibilidad, porque una cosa es defender la presuntuosa supremacía de la política catalana sobre la española, como aseguraba Rufián, y otra devenir en El Cid Campeador del rojerío patrio.

Por eso, las preguntas a Rufián no acaban en si se puede negociar con el Gobierno de España, ni si tiene derecho a defender sus posiciones independentistas. Empiezan y terminan en si mantiene sus afirmaciones anteriores y cómo las concilia con sus alianzas actuales.

Si ha cambiado de opinión, no lo ha explicado suficientemente. Si mantiene el mismo diagnóstico, que aclare cómo encaja en su nueva estrategia política. La coherencia no consiste en no cambiar nunca, sino en dar explicaciones cuando se cambia de posición y, principalmente, cuando tales explicaciones puedan ser entendidas por los medianamente inteligentes.

jueves, 22 de octubre de 2026

Fuenlabrada. Comité Federal PSOE 17-O

 


22/10/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

Montse Mínguez: “Quiero dejar claro que no soy responsable de cada decisión económica de mi consorte. Él lleva el papeleo muy bien. De hecho todos sus desahucios se han consumado sin que ningún inquilino ponga una pega y sin ninguna concentración de perroflautas para impedirlos”

 

Sábado, 17 de octubre. Fuenlabrada. Centro de Arte Tomás y Valiente. Hora: 10:00. Puertas cerradas. Móviles boca abajo, excepto uno que ilumina la cara del primer alcalde de Atapuerca. Una pantalla LED resplandece: “Por una vivienda digna”. Voces desde la calle: “Pedro Sánchez, hijo…”. Se celebra un comité Federal del PSOE, mientras se hace tiempo de cara al acto público posterior, previsto para las 11:30.

En torno a la mesa presidencial, Pedro Sánchez, Montse Mínguez, Óscar López, Óscar Puente y María Jesús Montero. Hay dos ministros invitados: Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska. Sobre ella reposan una carpeta rotulada “Ceuta”, otra “Nuestras aguas territoriales” y una tercera titulada “Vivienda: no abrir hasta después de las elecciones”.

PEDRO SÁNCHEZ (P.S.): Compañeras, compañeros… Fernando, gracias por venir. Tenemos tres asuntos menores: Marruecos, fronteras y vivienda; dos trascendentes: Montse “Buitre” y Begoña. Y el sexto que, como siempre, no figura en el orden del día: cómo conseguir que mañana los periódicos hablen de otra cosa.

MARGARITA ROBLES (M.R.): Pedro, con la venia, ya que aquí estoy de invitada. La frontera de Ceuta va a implosionar...

GRANDE-MARLASKA (G.M.) (Cortando a la ministra): Yo también estoy de invitada pero me siento como en casa. Sobre Marruecos necesitamos rigor, coordinación y una política migratoria humanitaria.

P.S.: De acuerdo, Margarita, Fernando, gracias. Hasta aquí resueltos dos de los asuntos menores…

G.M.: Bueno, solo una cosa más: si una persona marroquí solicita protección alegando que corre peligro por su orientación sexual, su caso debe examinarse individualmente en un procedimiento. Al día de hoy tenemos a cinco marroquíes homosexuales.

P.S.: Correcto. Pero también debemos impedir que el procedimiento se convierta en un coladero, como hacemos habitualmente.

M.R.: La expresión “coladero” queda muy bien en una tertulia. En un expediente judicial, en cambio, hacen falta pruebas, hechos individualizados y una resolución motivada.

ÓSCAR LÓPEZ (O.L.): Podríamos crear un protocolo de verificación reforzada.

G.M.: Así es, Óscar. Lo esencial es que no se humille a nadie ni se le someta a pruebas invasivas para demostrar su orientación sexual. Eso sería inadmisible. La evaluación debe realizarse mediante procedimientos respetuosos, entrevistas adecuadas y garantías jurídicas. Y, yo como magistrado, soy quien debería hacer esos interrogatorios.

P.S.: De acuerdo. Concedido. Ahora sí, resueltos dos de los asuntos menores… vayamos al tercero. Nuestra posición es clara: la vivienda es un derecho, no un negocio.

MONTSE MÍNGUEZ (M.M.): Completamente de acuerdo, Pedro.

M.R.: Me alegra escuchar eso, Montse. Entonces supongo que todos los presentes estaremos dispuestos a publicar nuestro patrimonio inmobiliario, las condiciones de nuestros alquileres y las ayudas que recibimos. Comienzo yo: tengo dos viviendas, una en Madrid y otra en Asturias.

(Silencio en la sala que lleva el nombre de una víctima de ETA, el mismo que estaría revolviéndose en su tumba si presenciara la escena).

M.M. (rompiendo el silencio sepulcral): Margarita, ¿y del medio millón de euros que tienes en el banco, no hablamos? A ver… no confundamos el debate político con la vida privada de las familias, sobre todo cuando todo se hace dentro de la legalidad.

O.L.: ¿A quién le importa que yo sea propietario de cuatro viviendas y un garaje entre Segovia y Madrid y que solo cuente con 60.000 euros en cuentas bancarias? La transparencia es fundamental, pero tampoco podemos convertir cada declaración patrimonial en una serie de Netflix.

M.R.: No, tanto no, pero bastaría con una hoja de cálculo. Suele ser mucho más terrorífica.

P.S.: Montse, ya se está hablando públicamente de lo que todos sabíamos: que tu pareja tiene más de treinta viviendas. Hasta ahora todo estaba bien, pero una vez que el facha de Chicote te ha desenmascarado públicamente, entenderás que la cuestión política es incómoda.

M.M.: ¿Incómoda para quién? ¿Para el partido que defiende el derecho a la vivienda o para el partido que tiene que explicar que sus dirigentes están forrados de ladrillo por todas partes menos por una? Porque yo no soy la única… ya lo estamos viendo.

O.L.: Lo importante es distinguir entre poseer viviendas y especular con ellas.

M.R.: Por supuesto. Y entre defender la sanidad pública y tener seguro privado. Y entre predicar austeridad y viajar en Falcon. Y entre la decencia y hacer la carrera política con sobres de las saunas de su suegro. Perdonad, como voy de número dos me he crecido.

M.M.: Quiero dejar claro que no soy responsable de cada decisión económica de mi consorte. Él lleva todo el papeleo muy bien. De hecho todos sus desahucios se han consumado sin que ningún inquilino ponga una pega y sin ninguna concentración de perroflautas para impedirlos.

P.S.: Todo es razonable, pero no podemos presumir públicamente de eso. Hay que conseguir que nuestro ganado siga pastando y, para ello, al final de este acto vamos a dar a conocer tu dimisión.

M.M.: ¿Mi qué?

P.S.: Sí, acabas de manifestar que dejas la portavocía de la Ejecutiva Federal del PSOE, que renuncias a tu puesto en la Ejecutiva Federal como secretaria de Estudios y Programas y que no te presentarás al Congreso en las elecciones del 29 de noviembre… Y también que renuncias al acta de diputada.

O.L.: Bueno, Pedro, para. Quizá no tanto. Montse debería reconsiderar esto último.

M.M.: ¿Yo reconsiderar? ¡Me estáis poniendo en la puta calle!

P.S.: Tiene razón Óscar. Acepto que no renuncies a tu acta de diputada. Tenemos que seguir riéndonos de la Constitución y en la Diputación Permanente necesitamos tu voto para descojonarnos de la soberanía popular.

M.M.: O sea, me echáis y me utilizáis.

P.S.: Como a todos y a todas, Montse. Como a Fernando también. Además, tú no vas a la puta calle. Tienes tres viviendas propias y más de treinta inmuebles para elegir, especular y seguir haciéndote una millonaria consorte de dos pares de huevos.

M.M.: ¿Ah, sí? ¿Y Óscar sí sigue? ¿Desahucia a un vecino enfrente de Maricarmen y se queda tan pancho?

O.L.: Querido presidente, creo que debemos abordar ese asunto que también Chicote pretende utilizar contra mí.

P.S.: Adelante.

O.L.: No podemos convertir el asunto de una vivienda vinculada a una entidad pública en un escándalo.

P.S.: Óscar, te comprendo pero tampoco puedes pedir que se investigue todo cuando afecta a los demás y que se aplique el beneficio de la duda cuando te afecta a ti.

O.L.: No estoy pidiendo un trato de favor. Estoy pidiendo contexto.

M.R.: El contexto es magnífico. En España, un ciudadano corriente, ante el banco, presenta nóminas, fianza, avalista y dos riñones. En cambio, cuando ha de hacerlo ante MUFACE, descubre de repente que lo verdaderamente importante es el contexto.

O.L.: Esa comparación es demagógica.

M.R.: Naturalmente. La demagogia consiste en querer comparar dos situaciones incómodamente idénticas.

M.M.: Lo que deberíamos hacer es aplicar el mismo criterio a todos.

P.S. (en tono sarcástico): Exactamente. Y publicar las conclusiones antes de las elecciones. En fin… aquí acaba el punto tercero. Comencemos con el cuarto: la oposición lleva semanas hablando de mi entorno familiar. Begoña, mi hermano, mi suegro… Siempre lo mismo.

M.R.: Pedro, una cosa es criticar la utilización política de los familiares y otra que… ¡vaya ganao que tienes alrededor!

P.S.: ¡Margarita, recuerda que estás de invitada y lo mismo que Montse ya no es número uno por Lleida, tú ya mismo no eres número dos por Madrid! No he dicho eso. He dicho que, si siguen utilizando a mi familia como munición electoral, quizá haya que dar una respuesta política.

O.L.:¿Una comparecencia en el Palacio Real?

P.S.: Algo más contundente. Si hace falta, los pongo en las listas.

(Silencio absoluto)

M.M.: ¿A tu mujer?

P.S.: Si hace falta.

O.L.:¿A tu hermano también?

P.S.: Si hace falta.

M.R.: ¿Y a tu suegro?

P.S.: Si hace falta.

M.R.: Pedro, iba a decirte que las listas electorales no son un programa de protección familiar. Pero mejor me callo… por aquello del número dos por Madrid.

M.M.: Y un mensaje: “la familia que resiste unida, permanece unida”.

P.S.: Estoy diciendo que no voy a aceptar que se condene a personas por asociación.

MARÍA JESÚS MONTERO (M.J.): Entonces dilo así. Es mucho más defendible que amenazar con convertir una candidatura en una reunión familiar de Navidad.

P.S.: Marixu, tú cállate que me tienes contento…

O.L.: Entonces, habría que ver quién ocupa el número uno.

P.S.: Óscar…

O.L.: Retiro la pregunta.

P.S.: Por respeto a Margarita que lleva un minuto callada, os informo que mantendrá el número dos en Madrid por detrás del Duce, es decir por detrás de mí. Tercera, Begoña, cuarto, David y quinto, Sabiniano. Y ahora, señor conserje mayor, que entre Begoña.

(El silencio ahora puede oírse en toda su magnitud. Son las diez y cuarto. La hija de Sabiniano aparece sonriente en la sala entre el desconcierto general para acabar sentándose junto a su marido. El mutismo torna en una salva de aplausos que recuerda aquellas de la Plaza de Oriente, aunque todavía incapaces de ahogar los gritos que siguen atronando las calles de Fuenlabrada: “Pedro Sánchez, hijo…”).

P.S.: Muchas gracias de nuevo. Vamos a cerrar con una declaración común: unidad, responsabilidad, transparencia y compromiso con la ciudadanía.

M.M.: ¿Y sobre las viviendas?

P.S.: Ni mú.

M.J.: ¿Y sobre el cribado del cáncer en Andalucía?

P.S.: Marixu, calla, calla. La que has liao pa ná. Ni mú también.

O.L.: ¿Y sobre MUFACE?

P.S.: Lo mismo.

M.R.: ¿Y sobre Ceuta y las aguas territoriales?

P.S.: Ídem.

G.M.: ¿Y sobre las solicitudes de protección internacional a los emigrantes homosexuales?

P.S.: Evaluación individual en el Ministerio del Interior y respeto a los derechos fundamentales.

M.R.: ¿Y sobre tus familiares en las listas?

P.S.: Será una sorpresa cuando la gente los vea en las papeletas, aunque en unos instantes presentaré a Begoña en público y le diré cuanto la amo. Ha sido una idea de Delcy: me ha enviado un video de Nicolás bailando y besando a Cilia en el balcón del Palacio de Miraflores. Hoy, Begoña, proclamaré mi amor besándote en este mitin de Fuenlabrada y, naturalmente, bailaremos.

ÓSCAR PUENTE (absorto, y sin haber tuiteado a estas alturas) (O.P.): Pero, Pedro, eso no lo veo conveniente. Están los dos en una cárcel de Nueva York, en manos de Trump.

P.S.: Así es. Eso sí que lo envidio. Ninguno de mis mil asesores me ha dicho todavía qué hay que hacer para alcanzar semejante gloria.

O.P.: De acuerdo. “La situación ferroviaria está siendo objeto de seguimiento permanente. Seguimos trabajando. #GobiernoDeProgreso”. Enviar.

(Un asesor levanta tímidamente la mano, mientras interioriza “como una chota, está como una chota”).

ASESOR: ¿Podemos decir que la reunión ha sido muy constructiva?

P.S.: Por supuesto y que hemos salido unidos.

(Once menos diez. Se apagan las pantallas que seguían mostrando el lema “Por una vivienda digna”. Alguien ha añadido debajo, esta vez con rotulador permanente: “Y por una explicación convincente”. Los asistentes abandonan la sala camino del mitin. En la mesa queda una última hoja con el título “Punto sexto del orden del día: Plan de comunicación para mañana”. La primera instrucción dice: “El aticazo”. La segunda, escrita a mano, recuerda: “El padre, el novio y el hermano de Ayuso”).

miércoles, 21 de octubre de 2026

Medio siglo de sevillismo y el VAR me echa

 


21/10/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

“Habíamos aceptado que el fútbol tenga errores porque quienes lo practican y lo juzgan son humanos. Lo que cuesta admitir es que, con más medios que nunca para aclarar las jugadas, la sensación de indefensión no haya desaparecido. Todo lo contrario. Te gritan a la cara: ¡Manos arriba, esto es un atraco… Y lo sabes!”

 

Mientras España, que es lo trascendental, se va al guano, permítanme una reflexión personal. Aunque creo hablar en nombre de una parte importante de lo más sano del fútbol, sus aficionados. Los que pagan su abono, se dejan la garganta en la grada, discuten los lunes en el trabajo y organizan la vida alrededor de “su” escudo. Esa gente que, pese a los disgustos, siempre está.

Me entretengo hoy en algo aparentemente secundario: el fútbol. Y digo aparentemente porque, para algunos, el fútbol no es solo un deporte, el Sevilla no es solo un club. Es memoria, abuelos, padres, hermanos, tíos, hijos, nietos, sobrinos… es identidad, son abrazos, decepciones, llantos de alegría y de sufrimiento. Una manera de entender la vida. Y cuando te pisotean todo eso durante años, llega un momento en el que hasta el más fiel se pregunta si merece la pena continuar.

El año que viene, si Dios lo estima procedente, cumpliré cincuenta años como socio del Sevilla Fútbol Club, aunque el sentimiento se remonte un lustro más allá. Medio siglo de sevillismo. Medio siglo de lo ya dicho: satisfacciones, amarguras, viajes, finales, derrotas dolorosas y victorias inolvidables. Medio siglo viviendo unos colores que no se eligen por conveniencia, sino porque se llevan dentro, incluso cuando te llevas más disgustos que satisfacciones.

Y, sin embargo, ha llegado un momento que jamás pensé que anunciaría: me retiro del fútbol.

No me retiro del Sevilla porque haya dejado de quererlo. No me retiro porque el equipo pierda, porque no juegue como antes o porque tres temporadas se tuerzan. El sevillismo está acostumbrado a sufrir. Lo que no puede exigírsele al aficionado es que, además de sufrir por su equipo, acepte que se rían de él en su propia cara.

Porque ya no se trata únicamente de lo que ocurre sobre el césped. Se trata de lo que sucede alrededor, de una maquinaria que supuestamente llegó para garantizar la justicia deportiva y que ha terminado convirtiéndose en una fuente permanente de sospechas, indignación y desconfianza.

El domingo, a las nueve y veintiocho de la noche, cuando el Sevilla empataba en La Castellana, abandoné toda posibilidad de seguir siendo futbolero.

Lo ocurrido en el Santiago Bernabéu -que desde la grada emocional del aficionado sevillista se vivió como un nuevo episodio de videoarbitraje incomprensible a sumar a las decenas de mangazos sufridos en esa Cueva de Alí Babá- ha sido la gota que ha colmado el (mi) vaso.

Al parecer no fue una jugada aislada, porque he leído que después llegaron otras. Con la primera tuve suficiente para cambiar de canal y decirme: ¡hasta aquí! No es un enfado pasajero. Es la acumulación de demasiadas tardes en las que uno lleva tiempo preguntándose si las reglas son iguales para todos o si hay equipos que juegan con una red de seguridad de la que otros ni siquiera disponen.

Hasta la llegada del VAR -en mis narices- se equivocaban, o me engañaban, tres personajes vestidos de negro sobre el césped. Entonces podía enfadarme y maldecir al árbitro. Pero al menos existía una explicación sencilla con la que nos consolaban / consolábamos: el colegiado no lo había visto, había interpretado mal la jugada o había cometido un error humano. Dolía, pero se asumía.

Desde la llegada del videoarbitraje, mi cuenta particular de responsables de este espectáculo circense se ha acrecentado. Ya no son tres. Son treinta y tres, o trescientos treinta y tres, si a los árbitros de campo sumamos los de la sala VOR, los responsables de los distintos estamentos, las cámaras de televisión y los realizadores que deciden qué imágenes se ofrecen (o no), desde qué ángulo y en qué momento.

Antes, el error podía o debía ser entendido como humano; ahora, cuando tienes todas las imágenes y todas las herramientas a tu disposición, resulta mucho más difícil pedirle al aficionado que comulgue con ruedas de molino. Para mí ya resulta imposible.

El VAR nació con una promesa: corregir errores claros y manifiestos, ayudar al árbitro y aportar justicia al fútbol. Nadie sensato debería oponerse a eso. El problema aparece cuando una herramienta concebida para reducir las injusticias se convierte, a ojos del aficionado, en un nuevo motivo de frustración y de engaño colectivo. Así ocurre cuando unas jugadas se revisan con lupa mientras sobre otras parecen pasar de puntillas; cuando una decisión se explica con una interpretación y la siguiente, aparentemente igual, se resuelve justo al contrario.

Es entonces cuando surge el interrogante: para qué sirve tanta tecnología si el resultado final sigue siendo la desconfianza.

Dicen que le pasó algo semejante al Betis el día anterior en La Cartuja, según la percepción del aficionado neutral. No hace falta compartir colores, rivalidades ni sentimientos para reconocer una frustración que atraviesa las gradas de la mayoría de los estadios. Hoy le toca a uno; mañana, a otro. Y pasado mañana, a cualquiera que no consiga entender por qué una jugada, video en mano, se juzga de manera diferente por las docenas de profesionales que “comen de esto” a nuestra costa.

Porque esa es la cuestión: esto no va solamente del Sevilla, aunque sea mi pasión. Va de todos aquellos que todavía creen que el fútbol debe ser una competición en la que las reglas se apliquen con la misma exigencia, independientemente del escudo que luzca cada futbolista.

El VAR ha venido, disculpen la opinión, para (suavemente) llamar ingenuos a los aficionados a la cara. Y yo, que lo he sido durante más de medio siglo, prefiero retirarme con la cabeza alta mejor que seguir formando parte de quienes, con todo su amor y sentimiento, aceptan cualquier tropelía con tal de seguir viendo jugar a su equipo. ¡Honor a todos ellos!

Que nadie confunda la fidelidad con la resignación. Ser aficionado no significa renunciar al sentido crítico. Pagar un abono -en ocasiones con gran sacrificio- no convierte a nadie en marioneta del capricho ajeno. Y amar un escudo no obliga a guardar silencio cuando uno cree que se está cometiendo una injusticia.

Durante años hemos soportado que nos llamen apasionados, que aseguren que no entendemos las reglas (“que ellos tan bien conciben”) o que vemos fantasmas donde solo hay decisiones arbitrales. Habíamos aceptado que el fútbol tiene errores porque quienes lo practican y lo juzgan son humanos. Lo que cuesta admitir es que, con más medios que nunca para aclarar las jugadas, la sensación de indefensión no haya desaparecido. Todo lo contrario. Te gritan a la cara: ¡Manos arriba, esto es un atraco… Y lo sabes!

Mientras tanto, los dos clubes españoles más beneficiados históricamente por el reparto de atención, poder mediático y capacidad de influencia, siguen expresando sus “quejas”, presionando a los estamentos y protagonizando un debate arbitral que parece no tener fin. Cada cual defiende sus intereses, como es lógico, pero, desde la opulencia, lo hacen rayando el insulto a la gente del común. De manera que cabe preguntarse qué espacio queda para los demás cuando ambos paquidermos convierten sus reclamaciones en asunto permanente de la competición.

¿Quién escucha al aficionado que lleva cincuenta años pagando su carné? ¿Quién defiende al socio que no tiene una televisión, un micrófono ni una sala de prensa para explicar su indignación? ¿Quién le devuelve la confianza a los que abandonan los estadios pensando que el partido ya no depende exclusivamente de lo que hagan los jugadores sobre el césped?

El fútbol profesional ha olvidado que su razón de ser no está en los despachos, las retransmisiones, los comunicados ni las guerras entre dirigentes. Está en la gente. En el niño que acude por primera vez al estadio con su padre y de la mano del abuelo. En el padre que, recién intervenido y aún con los puntos quirúrgicos, atraviesa España en tren para ver una final. En la madre que guarda las entradas y fotografías de los partidos importantes. En el tito que hacía aportaciones para culminar el estadio. En el abuelo que vio jugar a varias generaciones y repartía optalidones cuando el Sevilla perdía. En los hijos a los que desde la cuna inoculaste este bendito veneno. En la hermana que lo sigue por televisión junto a los hijos de sus hijos… que se marchan al estadio. En el socio que lleva medio siglo o dos años sin abandonar su localidad.

Esa es la única parte sana del fútbol. La que no vive de él, sino que vive para él.

Y esa parte merece algo más que explicaciones técnicas, comunicados de circunstancias y debates interminables sobre si una imagen demuestra una cosa o la contraria. Merece reglas claras, decisiones coherentes y la tranquilidad de saber que, cuando termine el encuentro, podrá discutir sobre fútbol sin sentir que está participando en una tragicomedia cuyo desenlace se decide en una oficina de Las Rozas y casi siempre a favor de los mismos.

Por eso mi despedida no es una rabieta. Es una decisión meditada, aunque haya terminado de tomarla a las nueve y veintiocho de la noche del pasado domingo. Estoy seguro que el fútbol no va a echarme de menos. A ciencia cierta, a sus dirigentes les resultará indiferente que un socio ya sesentón deje de consumir partidos. Pero yo sí sé lo que pierdo: una parte de mi identidad, una costumbre y una pasión que me han acompañado durante toda mi vida.

Lo que ya no estoy dispuesto a perder es la dignidad de sentirme burlado y, encima, tener que justificar mi enfado.

El año que viene ansío celebrar esos cincuenta años como socio del Sevilla FC. Quisiera hacerlo con orgullo, recordar todo lo vivido y pensar que he tenido la fortuna de pertenecer a una afición extraordinaria. Pero no quiero que esa efeméride se convierta en una condena a perpetuar una relación que ha dejado de hacerme feliz por culpa de esos terceros, ajenos a nuestro sentimiento, que han metido cizaña en nuestra relación.

No sé si el fútbol cambiará. No sé si algún día el VAR recuperará la confianza de quienes hoy lo miramos con recelo. Tampoco sé si quienes gobiernan este negocio comprenderán que una competición sin credibilidad termina devorando aquello que la hace grande. Dudo mucho que todo eso ocurra.

Lo que sí sé es que la decisión está tomada. Me voy con mis recuerdos, con mis colores y con la tranquilidad de haber sido fiel al Sevilla incluso cuando más difícil resultaba. Me jubilo del fútbol sin renegar de mi equipo, sin avergonzarme de haber creído ingenuamente en los estamentos y sin pedir permiso para dejar de participar en algo en lo que ya no me reconozco.

El domingo, a eso de las nueve y media, Bernabéu mediante, dejé de ser futbolero.

¿Sevillista?, eso es otra cosa. Eso no se jubila.

martes, 20 de octubre de 2026

La controversia sobre la Ley de Nietos abre la vía a todos los ciudadanos

 


20/10/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

El pasado viernes, un Defensor del Pueblo, a los pies del Gobierno, presentó un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional contra el Auto del Tribunal Supremo de 12 de octubre que confirmó en todos sus términos el de 10 de septiembre y por el que estableció unas medidas cautelares sobre el censo que fueron acordadas cuando todavía no se habían convocado las elecciones generales.

Gabilondo, el exseminarista y hermano del famoso locutor (“nos conviene que haya tensión” y “voy a empezar a dramatizar”), dice que inició el procedimiento tras estudiar el citado Auto y recibir solicitudes de “particulares y entidades” (que él conocerá).

¿Qué pide exactamente el Defensor al Constitucional?

  • Que declare la nulidad de los autos del Tribunal Supremo que establecen la suspensión electoral.
  • Que acuerde la suspensión inmediata de esos autos mediante medidas cautelarísimas.
  • Que ordene a la Junta Electoral Central mantener la inclusión de los ciudadanos afectados en el CERA para que puedan votar en las elecciones generales del 29 de noviembre.

La Sección Cuarta de la Sala Segunda del Tribunal Constitucional, que está compuesta por María Luisa Balaguer, Ramón Sáez [conózcalos aquí] y Enrique Arnaldo, ponente del asunto, tiene previsto reunirse hoy mismo, a prisa y corriendo, para examinar el citado recurso de amparo y, así, determinar si se admite el recurso y si se concede la suspensión urgente solicitada por el Defensor del Pueblo para dejar sin efecto provisionalmente la medida del Supremo.

Es importante reseñar que este acto de hoy no debe significar que vaya a dictarse necesariamente una resolución definitiva, pues cabe que el asunto se eleve a la Sala o al Pleno, según afirma la cadena radiofónica en la que prestó sus servicios el hermano del recurrente.

Mientras tanto, la cuestión inmediata será si el Constitucional concede la medida cautelarísima antes de las elecciones generales previstas para el 29 de noviembre.

¿Tienen alguna duda? ¿Y dónde quedan los derechos del resto de votantes? ¿Puede hacerse algo?

En este contexto, el Auto irrecurrible dictado por el Tribunal Supremo el pasado 12 de octubre -por el que se mantiene expresamente la suspensión de los efectos electorales respecto de las inscripciones comprendidas en la medida cautelar previamente acordada, salvo en aquellos casos en los que los Registros Consulares acrediten el cumplimiento de los dos requisitos establecidos por la Sala- constituye un nuevo hito en un procedimiento de especial trascendencia jurídica y social.

Ante esta situación, se ofrece un modelo de queja ante el Defensor del Pueblo al alcance de todas las personas que, habiendo tenido conocimiento de estas actuaciones y de sus posibles consecuencias, consideren necesario defender sus derechos e intereses legítimos. Así, podrán solicitar que la situación en la que queda como elector sea examinada conforme a la normativa aplicable y a los criterios establecidos por los tribunales.

Tras la exposición de los hechos por todos conocidos, se solicita, en defensa del derecho individual al sufragio activo:

“Que se tengan por presentadas estas manifestaciones y se valore la adopción de las actuaciones que correspondan, dentro de las competencias de esa Institución, a fin de verificar el cumplimiento efectivo del Auto del Tribunal Supremo de 12 de octubre de 2026 y de las resoluciones judiciales precedentes relacionadas con las inscripciones afectadas del Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA).

Asimismo, solicito que se recabe de las administraciones competentes información suficiente sobre las actuaciones realizadas para ejecutar la medida cautelar, la acreditación de los requisitos establecidos por la Sala y los mecanismos de control aplicados para garantizar que los efectos electorales de las inscripciones se ajusten estrictamente a lo dispuesto en las resoluciones judiciales.

En particular, solicito que se promueva, dentro del ámbito competencial correspondiente, la adopción de las medidas necesarias para asegurar el cumplimiento de la suspensión cautelar y la aplicación rigurosa de las excepciones expresamente reconocidas por el Tribunal Supremo, evitando tanto el ejercicio del sufragio en supuestos no habilitados por la resolución judicial como cualquier restricción que exceda de sus términos.

Finalmente, solicito que se me informe de las actuaciones que, en su caso, se acuerden, de las administraciones a las que se haya requerido información y de las conclusiones que puedan comunicarse legalmente, con el fin de contribuir a la seguridad jurídica, la igualdad de los electores y la integridad del proceso electoral”.

 

El modelo de queja está disponible en formato Word en: Modelo

Puede hacerse llegar la queja al Defensor del Pueblo, preferiblemente con certificado digital, a través del siguiente ENLACE.

O al correo electrónico. registro@defensordelpueblo.es