domingo, 12 de febrero de 2017

0-1. Gol en tres toques y victoria


A contra estilo, en contra de la filosofía pregonada por el tándem Sampaoli-Lillo, el Sevilla se ha vuelto a reencontrar con la victoria en el escenario más lejano de Nervión de la temporada liguera.

En un partido desesperadamente lento por parte de los 26 protagonistas, preciosista para algunos, el cántaro se rompió cuando Sergio Rico desoyó las elucubraciones del argentino y puso el esférico en la media cancha canaria donde Iborra peina de cabeza el balón y deja solo a Correa que, en la segunda ocasión que se le presentaba, acababa batiendo a Javi Varas por bajo en su desesperada salida.

Hasta entonces, 80 minutos de centrocuentismo parsimonioso con ocasiones por ambos lados: desacertados en los metros finales los delanteros sevillistas; inmaculado, por su parte, Sergio Rico que despejó con sobresaliente las presencias canarias en sus inmediaciones.

Sí, tres puntos para recuperar el aliento. Tres puntos para valorar la importancia de la velocidad y el abuso del toque en este bendito deporte.

FICHA TÉCNICA DEL ENCUENTRO
 
UD Las Palmas 0 - Sevilla FC 1
 
UD Las Palmas: Javi Varas; David Simón, Lemos, Aythami, Dani Castellano (Mateo García, m. 89); Montoro (Livaja, m. 80), Roque Mesa; Halilovic (Tana, m. 80), Jonathan Viera, Prince Boateng; y Jesé.
 
Sevilla FC: Sergio Rico; Mariano, Mercado, Lenglet, Sarabia; Nzonzi (Iborra, m. 67), Kranevitter; Franco Vázquez (Jovetic, m. 76), Nasri, Vitolo; y Ben Yedder (Correa, m. 76).
 
Gol: 0-1, m. 79: Correa.
 
Árbitro: El vasco De Burgos Bengoetxea. Mostró tarjeta amarilla a Kranevitter, Sarabia, Iborra y Correa, por el Sevilla, y a Lemos y Roque Mesa, por los canarios.
 
Incidencias: Partido correspondiente a la 22ª jornada de Liga disputado en el estadio de Gran Canaria con 28.000 espectadores, la mayor entrada de la temporada. Terreno de juego en mejorables condiciones.

jueves, 9 de febrero de 2017

El timo de las 35 horas y otros cambalaches




09/02/17. Mi colaboración de ayer en El Demócrata Liberal


Si el Constitucional [¡atención a los plazos!] inadmitiera el recurso del Estado por defecto de forma, la medida continuará adelante en Andalucía y Rajoy, para evitar agravios, se vería obligado a derogar las 37 horas y media con carácter general

Si lo admite, conllevaría de forma automática la suspensión del Decreto Ley y -a tenor de los precedentes- su posterior anulación

Recurso providencial, por otra parte, que estapresidenta, ante la perentoria necesidad de descubrir un rostro al que culpar, ha implorado de tapadillo

Entre la espada de la guerra de Ferraz y la pared de las telarañas de su tesorería, solo puede salvarle -curiosidades del destino- un tal Mariano, el mismo que espera en la playa de  Panxón a que la omaíta levante el pulgar y facilite los presupuestos del Estado para 2017


En el último trimestre, hasta en tres ocasiones he tenido ocasión de referirme al chanchullo de las 35 horas puesto en liza por “Susana y sus Mariachis”. Y todo apunta a que hoy no será la última.

El 2 de junio pasado se anunció a bombo y platillo desde el palacio de San Telmo, en presencia de la presidente, la firma del acuerdo contra legem de la administración autonómica con los sindicatos CSIF, UGT y CCOO, cada cual erigiéndose en protagonista de la medida, momento en el que se daba el pitido inicial a un camino de engaños y fraudes aún no culminado. Ya en octubre se aprobaba el Decreto Ley 5/2016 por el que se regula la jornada de trabajo del personal empleado público de la Junta de Andalucía, publicado en el BOJA y en el BOE el día 19 y ratificado un mes después por el Parlamento de Andalucía, con la timorata abstención de PP y de Ciudadanos y el apoyo incondicional de PSOE, Podemos e IU.


¿Qué ha pasado desde entonces?

Por una parte, el gobierno central -respaldado por diversos pronunciamientos del Tribunal Constitucional- parece que se opone a la medida al tratarse de un asunto de su absoluta competencia; por otra, el ejecutivo andaluz -y así lo señala el decreto ley pese a las sentencias de su máximo intérprete- se considera, aún sabedor de su patraña, “competente para regular la jornada de su personal, en el ejercicio de las competencias exclusivas que le atribuye el Estatuto de Autonomía sobre planificación de su función pública y en materia de personal laboral”.

¿Está en vigor el decreto? Naturalmente, mientras no se recurra por el Gobierno del Estado. ¿Lo va a recurrir? Si hasta hace poco solo cabía la respuesta afirmativa, ahora se plantean mil dudas. ¿Ha vencido el plazo de recurso? Ésta es la madre del cordero: si el artículo 33.1 de la Ley Orgánica 2/1979 del Tribunal Constitucional continúa vigente (“el recurso de inconstitucionalidad se formulará dentro del plazo de tres meses a partir de la publicación de la Ley, disposición o acto con fuerza de Ley”), parece claro que el 19 de enero fue su término y que, desde entonces, más de 160.000 funcionarios y empleados públicos andaluces disfrutan sine díe de dos horas y media semanales más de ocio... a lo que habría que sumar la creación de 14.000 puestos de trabajo según anunciaron el día de la foto.

Pura filfa: no solo no cayó el maná en forma de empleo en Andalucía sino que la cifra de parados se ha disparado en enero en casi 10.000 personas. Tampoco deberían tirar las campanas al vuelo los transitoriamente beneficiados con una reducción de jornada que, salvo volteo inesperado de la situación, tiene los días contados, ¡o quizá no!, pues no hay ley sin su correspondiente trampa como se destapa a continuación.


El quid de la cuestión

El artículo 33.2 de la citada Ley Orgánica del Tribunal Constitucional prevé un plazo de nueve meses para la interposición del recurso cuando se den tres requisitos hasta ahora silenciados, casi llevados en secreto, por las partes:  a) Que se reúna la Comisión Bilateral de Cooperación entre la Administración General del Estado y la respectiva Comunidad Autónoma; b) Que en el seno de la mencionada Comisión Bilateral se haya adoptado un acuerdo sobre iniciación de negociaciones para resolver las discrepancias; y c) Que el acuerdo sea puesto en conocimiento del Tribunal Constitucional por los órganos anteriormente mencionados dentro de los tres meses siguientes a la publicación de la Ley.

El BOJA y el BOE del 27 de enero (39 días después de la dizque “reunión”) publicaron el “Acuerdo de 19 de diciembre -¡ojo!- de la Subcomisión de Seguimiento Normativo, Prevención y Solución de Controversias de la Comisión Bilateral de Cooperación Administración General del Estado-Comunidad Autónoma de Andalucía en relación con el Decreto-ley de la Junta de Andalucía 5/2016”. En el mismo se estipula, además de la comunicación al Tribunal Constitucional, el inicio de negociaciones para resolver las discrepancias y la designación de un grupo de trabajo para proponer soluciones…

Por el seguimiento regular de los medios de comunicación sabemos que la Comisión Bilateral nunca se ha reunido (al contrario de lo que sucedió con Castilla-La Mancha) y que su convocatoria viene posponiéndose desde el pasado diciembre. Sí conocemos, sin embargo, que se han reunido en subcomisión, que han ocultado la información al común de los mortales durante cuarenta días y que sus resultados los han dado a conocer en los boletines oficiales ocho días después del vencimiento del plazo de tres meses establecido en el artículo 33.1.

Asoman, pues, muchas -demasiadas- dudas: ¿Puede darse por válido el acuerdo de una subcomisión de seguimiento cuando la Ley Orgánica -salvo que la jurisprudencia haya hecho encaje de bolillos- exige la reunión –ni siquiera basta la convocatoria- de la Comisión Bilateral? ¿Sería válida la delegación en un órgano inferior no contemplado en la Ley Orgánica? ¿Inadmitirá el Constitucional, llegado el caso, el posible recurso por intemporal? ¿Estamos a las puertas de un cambalache?


Soluciones y posibles salidas al conflicto

1ª) Si, como queda apuntado -¿es lo que se busca?-, se inadmitiera el recurso del Estado por defecto de forma, la medida continuará adelante en Andalucía y Rajoy, para evitar agravios, se vería obligado a derogar las 37 horas y media con carácter general.

2ª) Si, por el contrario, el Constitucional lo admite (habría de presentarse en todo caso antes del 19 de julio), conllevaría de forma automática la suspensión del Decreto Ley y -a tenor de los precedentes- su posterior anulación; recurso providencial, por otra parte, que estapresidenta, ante la perentoria necesidad de descubrir un rostro al que culpar, no es que espere como agua de mayo, sino que viene implorando de tapadillo. La razón es evidente: por más cuentas que echa no le acaban de cuadrar y no sabe ya de donde sacar la pasta para, sin tocar la paralela, poner en práctica la engañosa, demagógica, celebrada y descerebrada medida.

Lo que se presumía por muchos es hoy por hoy reconocido por las mismas fuentes socialistas que no acaban de ver en la trianera el dechado de virtudes que esparce la propaganda. Entre la espada de la guerra de Ferraz y la pared de las telarañas de su tesorería, solo puede salvarle -curiosidades del destino- un tal Mariano, el mismo que espera en la playa de Panxón a que la omaíta levante el pulgar y facilite los presupuestos del Estado para 2017, a cambio de la derogación urbi et orbi de las 37 horas y media, con muchas posibilidades, además, de que ello lleve aparejada su derrota en la arena del coliseo socialista, donde dos gladiadores venidos a menos no solo se frotan las manos sino que se masajean los hombros mutuamente de cara a las “primarias”.

domingo, 5 de febrero de 2017

0-0. ¡Penalti y expulsión!

Minuto 1: derribo de Jovetic cuando se disponía a fusilar a Asenjo y Vicandi Garrido, perdón, Undiano Mallenco... salva los muebles: ni penalti ni expulsión. ¡Increíble creer en la presunción de inocencia de los jueces del pito!

La jugada que marcó el choque de la pasada jornada en la zona metropolitana de Barcelona volvió a convertirse en una isla en el desierto liguero. Aunque esta vez fue aun peor: sí, ni penalti ni expulsión en una jugada de pena máxima de libro con el consiguiente castigo.

La conciencia del trencilla pamplonica no debía andar muy inmaculada cuando en la reanudación, tras el descanso, señaló un inexistente penalti sobre Vitolo para que -nuestro gozo en un pozo- Nasri lo lanzara con una prestación tan insuficiente que hasta el propio Sergio Rico lo hubiera intuido e incluso parado.

Un dominio de la posesión apabullante, diez córneres a favor y ninguno en contra, el esférico siempre en las inmediaciones del área rival, no han sido suficientes para doblegar a un buen equipo. Los intentos sevillistas, magistralmente dirigidos por Nasri, acabaron haciendo destacar al protagonista absoluto del choque: un Sergio Asenjo que, con dos paradones imposibles, de categoría, en sendos remates de cabeza de Ben Yedder y -sobretodo- otro de Iborra, salvó a su equipo de una segura derrota.

Buen Sevilla sin embargo, al que solo la escasa velocidad en la ejecución de las transiciones y un rival aculado en tablas, no le han permitido obtener los merecidos tres puntos. Quizá un punto más de intensidad, sobretodo fuera de casa, es lo que echa en falta este Sevilla que goza jugando al fútbol.

FICHA TÉCNICA DEL ENCUENTRO

Sevilla FC 0 - Villarreal CF 0
 
Sevilla FC: Sevilla FC: Sergio Rico; Mercado, Lenglet, Rami, Mariano (Sarabia ,m. 61); Nzonzi, Franco Vázquez (Iborra, m. 75), Vitolo, Nasri; Jovetic (Vietto, m. 70) y Ben Yedder.
 
Villarreal CF: Villarreal CF: Asenjo; Mario, Bonera, Víctor Ruiz, José Ángel; Bruno, Rodri; Dos Santos, Trigueros (Rukavina, m. 88), Castillejo (Cheryshev, m. 65); y Adrián (Bakambú, m. 70).
 
Árbitro: El navarro Undiano Mallenco. Amonestó a Nasri y Mercado, por el Sevilla, y a Bruno y a Mario, por los levantinos. Dejó sin señalar un claro penalti en el área forastera, con la consecuente expulsión, en el minuto 1. Quiso arreglarlo señalando un penalti inexistente en el minuto 5 del segundo tiempo que desaprovechó Nasri.
 
Incidencias: Partido correspondiente a la 21ª jornada de Liga disputado en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán con 38.000 espectadores en sus gradas en mediodía agradable. Terreno de juego en perfectas condiciones.

viernes, 3 de febrero de 2017

Biri Biri más presente que nunca


La imagen del gambiano en cada rincón del estadio

El compromiso de Gol Norte solo es llevar en volandas a los nuestros

El Sevilla FC sorprendió a última hora de ayer a sus aficionados con un comunicado en el que manifestaba que la Comisión Estatal contra la Violencia, en el ejercicio de las competencias que le corresponden por delegación del Consejo Superior de Deportes y del Ministerio del Interior, “ha puesto en conocimiento del club que el Grupo Biris, o Biris Norte, ha protagonizado el suficiente número de incidentes violentos y desordenes públicos como para merecer la calificación de violento”, motivo por el que el club ha decidido “no permitir el acceso al Ramón Sánchez-Pizjuán de ninguna pancarta, bandera, o cualquier otro elemento de animación, que contenga, total o parcialmente, la terminología de “BIRIS” o “BIRIS NORTE”, sus siglas o sus símbolos identificativos”.
 
Parece claro que todo viene del ya famoso y lamentable suceso de la “Taberna El Papelón” del 22 de noviembre pasado, y del que -todo apunta- la policía y la justicia tienen indicios sobrados de que en el mismo participaron un determinado número de aficionados -y ya exabonados- del Sevilla FC con carnet de Gol Norte, los mismos que vienen haciendo un daño irreparable a la imagen del club.
 
Hechos igual de graves ocurrieron el pasado sábado en Barcelona sin que la trascendencia en los medios de comunicación haya sido la misma. Tampoco, la intervención de las autoridades ha alcanzado las cotas que se dieron en el asunto indicado, por no mencionar el archivo sin castigo del asesinato de una seguidor deportivista a manos de miembros del “Frente Atlético” que, para colmo, exhibían sus enseñas el pasado domingo en Vitoria sin persecución aparente.
 
Decía textualmente el pasado martes el diario El Demócrata Liberal: “¿Es que los improperios a una ciudad hermana, o a un club del barrio cercano, por parte de un grupo de descerebrados, no tienen idéntica respuesta en los majaretas de “la otra acera”? ¿Es que los macabros cánticos hacia un deportista tristemente fallecido han desaparecido de las inmediaciones del Manzanares? ¿Es que los tiernos calificativos (“yonkis y gitanos”) que continúan escuchándose en las cercanías de La Castellana son un alegato en contra de la violencia, el racismo, la xenofobia o la intolerancia? Todavía peor: ¿Es que cerca de El Bocho o de La Concha no continúan siendo habituales las prédicas y la exhibición de símbolos proetarras? ¿Es que los insultos e improperios al himno nacional o los cánticos de “independencia” que se escuchan un día sí y otro también en las cercanías de La Diagonal los días de partido, entre el ondear de banderas alegales, están amparados -como afirman sus defensores- en la libertad de expresión y no suponen una ofensa a toda una nación, además de un ataque directo a las leyes que nos rigen?”.
 
Con esta medida, el Estado lo que hace es solicitar a los responsables del club que desvinculen a la entidad de siniestros personajes, lo cual es tan natural como saludable. Y por supuesto, en ese sentido, hay que respaldar las medidas del consejo de administración. Lo que no puede pretender Antiviolencia es que el Sevilla FC y el sevillismo en su conjunto se desvinculen no ya de un icono de su historia como fue Alhaji Momodo Njle (Biri Biri), el gambiano ídolo de toda una afición, sino también de las emociones que se han gestado en esa grada alrededor de su icono desde hace más de cuarenta años. Biri es una leyenda, un símbolo que no pertenece a grupo alguno, pertenece a todos y Antiviolencia se equivoca matando moscas a cañonazos al pretender expropiar los sentimientos a toda una afición. 
 
Pero el error, sin duda, llega también de la mano del doble rasero mediático y gubernamental a la hora de enjuiciar los comportamientos incívicos de los seguidores dependiendo del sitio y lugar donde se produzcan y, también de la aparente pasividad del club a la hora de denunciar los acontecimientos similares que se producen en otros estadios. Y es que, llegado el momento, no basta con elevar las quejas y denuncias pertinentes ante los organismos oportunos si los directamente agraviados desconocen esos movimientos.
 
La advertencia unidireccional de la Comisión Antiviolencia es muy seria: El Sevilla FC, es decir todos nosotros, seremos sancionados gravemente si se permite el acceso al estadio de pancartas, banderas, o elementos de animación que contengan el término “BIRIS” o “BIRIS NORTE”, el único grupo de seguidores de España que tiene por enseña a un negrito de Gambia... para que, encima, se les tache de xenófobo.
 
Y ahí debe estar la respuesta de la afición sevillista: A título individual pueden usarse las camisetas y símbolos que cada cual considere adecuado pero lo tenemos bien fácil: bastará con que, a partir del próximo partido y cada día en aumento, esté presente en cada rincón del estadio la imagen de Biri Biri, el hombre que inspiró la peña más emblemática del fútbol español y por la que han pasado la inmensa mayoría de los sevillistas de hoy y de siempre. Si la orden es tan irracional como que no puede exponerse la grafía BIRIS, una imagen valdrá más que mil palabras y miles de fotos del gambiano valdrán más que millones de palabras.
 
Todo ello no obstará para que se reprenda con la mayor de las energías la actitud de los cuatro o cuarenta energúmenos violentos que aún pueblan las gradas de Gol Norte. ¡No deben tener cabida, no tienen cabida en Nervión! Y las gentes sanas de ese sector, la inmensa mayoría, tienen la responsabilidad de que así sea. Pero tienen un compromiso aún mayor echado en falta desde hace ya demasiado tiempo: animar y llevar en volandas a “los nuestros”, el único objetivo pretendido desde su nacimiento allá por 1975. Una ilusionante meta está cercana y nada ni nadie debe desviarnos el punto de mira.
 
P.D.- Quien tenga que pagar que cargue con sus culpas. Hoy los estadios disponen de medios para individualizar conductas y, por tanto, no se puede sancionar a toda una afición, porque esas medidas, al no ser proporcionales, son injustas y generan, con toda seguridad, el efecto contrario. Mientras tanto: ¡IMPRIMAMOS LA FOTO DE PORTADA EN TAMAÑO A3 Y MOSTRÉMOSLA DESDE NUESTRA LOCALIDAD!

miércoles, 1 de febrero de 2017

Fútbol sin insultos: ¡Ora pro nobis!




01/02/17. Mi colaboración de ayer en El Demócrata Liberal

“El fútbol, como la política, igual que la vida misma, desata pasiones, comportamientos muchas veces irracionales, y el efecto inmediato es el recurso a la descalificación”

“La justicia deja de serlo cuando se castiga a voleo, cuando se sanciona en masa, cuando antes que individualizar a los responsables se hace caer todo el peso de la ley sobre un conjunto indiscriminado de personas”

“Posiblemente nos falte ese punto de instrucción y exquisitez del que gozan los justicieros del balón de cuero, esos jueces imparciales que presumen de fino oído en el sur y se olvidan el sonotone de Despeñaperros para arriba”


A los asiduos de este diario les extrañará -aquí y ahora- una referencia al fútbol. No es el caso: hablamos de ominosos dobles raseros, de la perversión de la justicia a la que tampoco es ajena este deporte, como tendremos ocasión de comprobar.

Hace unos días el Sevilla FC recibió una propuesta de sanción por parte del Comité de Competición en cuyo expediente se solicita el cierre parcial por un partido de una grada de su estadio, el Ramón Sánchez Pizjuán, al parecer último reducto de la injuria del balompié nacional. En esta ocasión, los improperios, que merecen la mayor de las repulsas, se produjeron durante el partido entre el Sevilla y el Málaga de la 16ª jornada de Liga.

Como mero aficionado me niego a aceptar que las gradas del resto de estadios españoles estén abarrotadas de monjes benedictinos y de misioneras agustinas. Es más, como viajero cotidiano y observador habitual de este mundillo por los confines de España y de la vieja Europa, puedo confirmarlo: el fútbol, como la política, igual que la vida misma, desata pasiones, comportamientos muchas veces irracionales, y el efecto inmediato es el recurso a la descalificación. Para nuestra desgracia, como conjunto organizado de seres humanos en la búsqueda permanente de la felicidad, el insulto y la difamación -igual que la alabanza y la fraternidad, en extravagante cóctel- forman parte de nuestras vidas.

Sin embargo, impartir justicia sancionando por conductas incívicas a los ocupantes de un sector, de una grada o de un estadio al completo, arrastra consigo un castigo arbitrario y desproporcionado, un inaceptable pago de “justos por pecadores” que deja traslucir el mugriento embeleco de una justicia de chichinabo. La justicia deja de serlo cuando se castiga a voleo, cuando se sanciona en masa, cuando antes que individualizar a los responsables -como hoy es posible gracias a los medios técnicos implantados en los estadios- se hace caer todo el peso de la ley sobre un conjunto indiscriminado de personas, algunas de las cuales cometieron el error de estar en el lugar inapropiado en el momento más inoportuno.

¿Es que los improperios a una ciudad hermana, o a un club del barrio cercano, por parte de un grupo de descerebrados, no tienen idéntica respuesta en los majaretas de “la otra acera”? ¿Es que los macabros cánticos hacia un deportista tristemente fallecido han desaparecido de las inmediaciones del Manzanares? ¿Es que los tiernos calificativos (“yonkis y gitanos”) que continúan escuchándose en las cercanías de La Castellana son un alegato en contra de la violencia, el racismo, la xenofobia o la intolerancia? Todavía peor: ¿Es que cerca de El Bocho o de La Concha no continúan siendo habituales las prédicas y la exhibición de símbolos proetarras? ¿Es que los insultos e improperios al himno nacional o los cánticos de “independencia” que se escuchan un día sí y otro también en las cercanías de La Diagonal los días de partido, entre el ondear de banderas alegales, están amparados -como afirman sus defensores- en la libertad de expresión y no suponen una ofensa a toda una nación, además de un ataque directo a las leyes que nos rigen?

Cierto es que, desacertada e históricamente, los asistentes a los estadios se han creído en poder de todos los derechos habidos y por haber porque “para eso pago mi entrada”, sin reparar en que cuando, por ejemplo, esas mismas personas, asisten a un espectáculo insulso de teatro ni se les ocurre levantar la voz, como si en esta ocasión el ticket fuera de gañote.

El mundo avanza y siempre han de ser bienvenidas las medidas educacionales en pos de una sociedad más tolerante y transigente. Quizá los mortales que seguimos acudiendo a las gradas con un bocadillo de chopepó envuelto en papel de aluminio (para que lo manosee el segurata de turno) y una botella de agua sin tapón (prohibido el alcohol en los recintos deportivos), estemos, en materia de educación, a distancias siderales de los ocupantes de esos palcos vips convertidos en refectorios (¡ora pro nobis!) del buen jamón y del mejor ribera del duero. Posiblemente, también, nos falte ese punto de instrucción y exquisitez del que gozan los justicieros del balón de cuero, esos jueces imparciales que presumen de fino oído en el sur y se olvidan el sonotone de Despeñaperros para arriba.