martes, 7 de diciembre de 2010

La Hoguera de las Vanidades (por Julián Muñoz de Priego Alvear)

El título de este post coincide con el de una magnífica novela de Tom Wolfe, llevada al cine con posterioridad por Brian de Palma. Pero tanto la novela como el post se inspiran en hechos acaecidos en la Florencia del Renacimiento, la Florencia de los Médicis.

Florencia había llegado a las cimas de las artes y las ciencias en las mejores épocas de la historia de esta república. En el Renacimiento florentino se daban cita nombres como Botticelli, Miguel Angel, Leonardo da Vinci, Dante, Maquiavelo, Bruneleschi… La concentración de genio más grande en la historia del arte occidental, todos ellos juntos en la misma ciudad y casi al mismo tiempo. La ciudad se convirtió por un tiempo en la más importante del mundo conocido y era famosa por sus riquezas venidas de todo el orbe, obras de arte, ricas telas, afeites y perfumes, muebles exquisitos y manjares exóticos se sumaban a la arquitectura de la ciudad para mayor gloria de sus ricos comerciantes.

Pero la historia tiene su propia dinámica y Florencia, como todas las ciudades que en algún momento fueron el ombligo del mundo, progresivamente se fue convirtiendo en una ciudad provinciana de la Toscana.

Cuando decaían sus años de esplendor, la inestabilidad política de los Médicis dio paso al poder a la figura del monje Savonarola. Savonarola trataba en sus sermones los temas del Apocalipsis y las visiones de la amenaza del fin del mundo. Ejerció una enorme influencia sobre la población con sus ideales de pobreza y desposeimiento y con la prédica de la penitencia por la corrupción moral, la degeneración, el lujo, el derroche y el afán de placeres. Para el monje, la decadencia de Florencia no era más que la consecuencia lógica de sus pecados.

Las ardientes prédicas del monje y la decadencia de la ciudad, impresionaron tanto a los florentinos, que cada vez eran más los que acudían al convento de San Marcos a escucharlo. Se expulsó de Florencia a los Médicis, la familia que tanta gloria había dado a la ciudad. En pleno Carnaval, Savonarola mandó a sus seguidores crear una pira para purgar los pecados de Florencia. En dicha hoguera arrojaron obras de arte, libros, cosméticos, instrumentos musicales, telas refinadas, joyas y muebles… todo lo que fuera muestra de la vanidad de los florentinos.

" (…) y tú, Florencia, que piensas sólo en ambiciones y empujas a tus ciudadanos a exaltarse, sabe que el único remedio que te queda es la penitencia (…)" sermoneaba el fraile. La historia cuenta que la pirámide de bellos objetos tenía veinte metros de alto, que su base tenía un perímetro de noventa metros. Y todo aquello ardió en llamas, en la que Savonarola llamó la Hoguera de las Vanidades.

Nuestro Sevilla F.C. ha pasado por su momento de gloria. No ha sido el primero, ni será el último, pero sí el más prolongado y llamativo. Es fácil acostumbrarse a lo bueno y nos hemos acostumbrado demasiado pronto. Tan pronto que casi no hemos sabido disfrutar de ello, porque como Savonarola y sus seguidores, aún en la cumbre del éxito, siempre ha habido quien nos recordara lo efímero de la gloria. Desde hace años, esto no es de ahora, ha habido agoreros que vaticinaban el fin de un periodo de esplendor.

Era fácil hacer vaticinios de que el Sevilla volvería algún día a la mitad de la tabla, a luchar por la Europa League, en vez de por la Champions, a fajarse con los de siempre en vez de tumbar a Madrid y Barcelona. Es la ley del fútbol. No tenemos presupuesto para mantenernos arriba siempre y sólo una afortunada y bien trabajada constelación de situaciones pudo llevarnos a ser durante dos años el Mejor Equipo del Mundo y a llenar nuestras vitrinas de trofeos.

Todo parece indicar que por fin los agoreros han visto cumplidos sus vaticinios. No puedo estar de acuerdo, por más que me pese, con los que opinan que podemos esta liga volver a conseguir títulos y un puesto para la Champions. No con este equipo. Ojalá me equivoque.

Es humanamente razonable la decepción, porque un lustro ha sido suficiente para acostumbrarnos al triunfo. Pero también sabíamos todos que no podíamos mantenernos tan arriba con nuestros recursos y que este momento llegaría.

Este comienzo de temporada con las decepciones en la Supercopa y la Champions, el arranque de liga y la racha de los últimos cuatro partidos está siendo nuestra particular travesía del desierto. Pero como diría el cursi "que las lágrimas no nos impidan ver las estrellas". Apoyemos de nuevo al equipo. Construyamos, construyamos y construyamos. Hagamos oídos sordos a agoreros malintencionados y atesoremos el recuerdo de lo que fuimos y alimentemos la esperanza de lo que volveremos a ser.

No quememos en una monumental pira nuestras vanidades, las vanidades por los éxitos que tan denodadamente consiguió nuestro equipo para nosotros en esos campos de España y Europa. Guardemos nuestros recuerdos para nuestros hijos y nietos y pongámonos de nuevo el mono de faena. Seremos de nuevo, tendremos que ser, el equipo de "la casta y el coraje". Tendrán que serlo los que juegan con nuestro escudo en el pecho y si no son capaces de serlo ¡al banquillo! que ya hay otros esperando que sabrán serlo. Y tendremos que serlo la afición, tendremos que asumir nuestra responsabilidad. Si creemos que alguna vez la tuvimos en el triunfo, tendremos que asumirla también en la derrota. Pero unidos, sin fisuras, sin dar pábulo a las lenguas y a las plumas de aquellos que predecían nuestra derrota cuando aún vivíamos los mejores momentos, los "días de vino y rosas", no porque fueran sibilas, profetas, pitonisos ni oráculos, sino porque la deseaban. Querían que no disfrutáramos el sabor de los frutos de la victoria. Querían amargárnosla y ahora se sientan ufanos a ver pasar nuestras desdichas desde sus medios. No le demos el gusto…

Savonarola consiguió que expulsaran a los Médicis de Florencia, aquellos gobernantes y mecenas que, con sus méritos y sus errores, consiguieron llevar a Florencia a las más altas cumbres del arte y de la ciencia. No repitamos su error. Savonarola aceleró la decadencia de la ciudad por querer borrar la vanidad de sus habitantes, una vanidad de la que los florentinos eran acreedores. No dejemos de envanecernos de lo conseguido.

Florencia es hoy una magnífica ciudad, orgullosa de lo que fue un día y atesora un increíble patrimonio artístico. Pero ¿qué no podrían haber atesorado sus ciudadanos e instituciones sin la sinrazón de la Hoguera de las Vanidades?.

Para los que no conozcan el final de la historia: Savonarola fue condenado a muerte y quemado públicamente en la Plaza de la Signoria el 23 de mayo de 1498, apenas un año y tres meses después de su famosa hoguera y en la misma plaza. Sic transit gloria mundi.

domingo, 5 de diciembre de 2010

1-0. Ni chicha ni limoná. ¡Respect!

Comenzó otra vez bien el Sevilla, sabiéndose dominador y dueño absoluto del balón; el mediocampo combinaba; José Carlos se ofrecía y su zurda de tiralíneas -sin duda, diferente- apuntaba posibilidades de estragos pero, otra vez, la disposición nos duró un cuarto de hora escaso.

A partir de ahí el Villarreal, sin ser el equipo de otras ocasiones, enseñó el colmillo en un par de jugadas que crearon el desconcierto entre los nuestros. Al filo de la media hora Perotti pierde la posesión muy cerca del área propia y los amarillos en dos pases, aprovechando la defensa adelantada sevillista, llevan el esférico a las espaldas de los centrales para que Nilmar, tras driblar a Palop, haga el tanto que a la postre supondría la derrota sevillista.

El Sevilla, desde entonces al descanso era otra vez el equipo del quiero y no puedo de tantas -demasiadas- ocasiones. Dispuso Manzano una defensa habitual, con la novedad esta vez de Dabo en el lateral diestro, y conformó un mediocampo con Zokora, Romaric y Cigarini, apoyado por Perotti y José Carlos en las bandas, con Kanouté en punta. Algunos de los nuestros no llegaron a asumir su posición, principalmente Kanouté que basculó en demasía al mediocampo olvidando que hoy su posición era la de hombre más adelantado; el italiano mostró con cuentagotas las virtudes por las que cruzó el Mediterráneo y los dos africanos no anduvieron a buen nivel, sobretodo Zokora lastrado con una tarjeta amarilla desde muy pronto; Perotti no acaba de reencontrarse y Kanouté, como queda dicho, se alejó en demasía de la meta rival. Sólo José Carlos enseñaba cosas distintas.

Con todo, el Sevilla pareció recomponerse, al menos en lo que a imagen respecta, en la segunda mitad; el Villarreal, sabedor de las dificultades creadoras de los blancos -hoy turquesas- dieron ese razonable pasito atrás tan celebrado en otras latitudes y tan vilipendiado en Nervión. Para que no faltara de nada, a la fiesta amarilla se sumó el navarro Undiano Mallenco que, junto a su equipo, no dio validez a un gol legal de Kanouté y sancionó otro inexistente fuera de juego a Negredo que acabaría con el balón en el interior de la meta de Diego López, además de medir de manera desigual los comportamientos antideportivos de los contendientes: las tarjetas a Zokora y a Kanouté son para que se las haga revisar. Pésimo arbitraje de este amanerado y previsible colegiado que parecía mostrar las mejores credenciales...

¡Respect!, lema de la UEFA, resalta en las camisetas blancas en Europa; ¡Respect!, ha de exigir a la voz de ya el consejo de administración en los órganos federativos; ¡Respect!, en fin, el que han de practicar los profesionales cuando se enfunden nuestra zamarra. Una buena dosis de canteranitis pide a gritos este equipo.

FICHA TÉCNICA DEL ENCUENTRO

Villarreal C.F. 1 - Sevilla F.C. 0

Villarreal C.F.: Diego López; Ángel, Gonzalo, Musacchio, Catalá; Cani (Capdevila, min. 81), Bruno, Senna, Cazorla (Borja Valero, min. 66); Rossi (Marco Rúben, min. 84) y Nilmar.

Sevilla F.C.: Palop; Dabo, Cáceres, Alexis, Fernando Navarro; José Carlos (Capel, min. 55), Zokora (Alfaro, min. 85), Romaric (Negredo, min. 55), Cigarini, Perotti; y Kanouté.

Gol: 1-0, min.29, Nilmar.

Árbitro: El navarro Undiano Mallenco. Pésima labor del trencilla y de sus asistentes. Amonestó a Musacchio, Rossi y Bruno, por el Villarreal; y a Zokora y Kanouté, por el Sevilla. Anuló un gol legal a Kanouté y dejó sin validez otro de Negredo por fuera de juego inexistente.

Incidencias: Partido correspondiente a la 14ª jornada de Liga disputado en El Madrigal de Villarreal ante 12.000 espectadores. Terreno de juego en buenas condiciones.

jueves, 2 de diciembre de 2010

4-2. Se desangra. ¡Un torniquete ya!

Diez minutos prometedores, los primeros, con control absoluto del encuentro y disparo al palo de Romaric. Ese fue todo el derroche de compromiso y actitud de los nuestros, hoy, en el Parque de los Príncipes. De forma inmediata y consecutiva, dos jugadas a balón parado, en tres minutos, de los franceses pusieron una distancia tan sideral como inmerecida, pero esto es fútbol, tanto que el Sevilla, con los mismos argumentos, es decir sin despeinarse, le devolvió la moneda con dos golazos de Kanouté en otros cuatro minutos.

Cuando todo apuntaba al empate llegado el descanso, Nene, en otra desaplicación defensiva, vuelve a poner por delante a los franceses y, nada más reanudarse el encuentro, Hoarau, a resultas de lo mismo, establece el resultado definitivo.

A la vista de lo disponible, pareció acertar el entrenador con la alineación inicial en el tan traído y llevado mediocampo: Zokora, Romaric y Renato, con la asistencia de Capel y Perotti a bandas cambiadas, poblaban la otrora desierta parcela ancha, pero errores infantiles en la entrega y en el control y la alarmante baja forma física y técnica de Renato bastaron para habilitar a los delanteros parisinos en jugadas puntuales que no desaprovecharon.

En condiciones normales, el Sevilla hubiera superado sin apuros al PSG, pero este Sevilla no puede aspirar a tamaña exigencia. Desde el punta, Kanouté hoy, hasta Palop, han perdido el orden y concierto de un eficiente sistema defensivo que se antoja primordial para armar el juego de conjunto. De esta forma, una vez asegurada la portería, la calidad de los de arriba acabarían por decidir. Sin embargo, hace poco, mejor dicho, hace nada, nos empecinamos en aquello tan socorrido de la ausencia del jogo bonito y del "este equipo no enamora", cuando los resultados llegaban y nos tenían arriba merced a ese trabajo defensivo ahora vivo sólo nuestra memoria.

En fin, más de lo mismo. Cuanto antes, echemos mano de un torniquete que pare esta hemorragia de goles encajados, ¿sabe usted, señor Manzano?

FICHA TÉCNICA DEL ENCUENTRO

París Saint Germain 4 - Sevilla F.C. 2

París Saint Germain: Edel Apoula; Tiéné, Camara, Sakho, Ceará; Chantôme, Clément, Bodmer (Jallet, min. 78); Sessegnon, Nene (Luyindula, min. 65) y Hoarau (Giuly, min. 69).

Sevilla F.C.: Palop; Dabo, Martín Cáceres, Escudé, Fernando Navarro; Zokora (Negredo, min. 46), Romaric (Cigarini, min. 77); Perotti, Renato, Capel (Alfaro, min. 64); y Kanouté.

Goles: 1-0, min.16: Bodmer. 2-0, min.19: Hoarau. 2-1, min.32: Kanouté. 2-2, min. 36: Kanouté. 3-2, min. 45: Nene. 4-2, min. 47: Hoarau.

Árbitro: El italiano Luca Banti. Mostró tarjeta amarilla a los franceses Chantôme y Jallet, y a los sevillistas Zokora, Fernando Navarro y Perotti. Se equivocó, amén de diversas apreciaciones, al ordenar pintar el terreno de juego en rojo y disputar el partido con el esférico del mismo color.

Incidencias: Partido correspondiente a la quinta jornada de la Fase de Grupos de la Europa League disputado en el estadio Parque de los Príncipes de París ante 19.000 espectadores en noche extremadamente fría, tres grados bajo cero. Terreno de juego en regulares condiciones.


martes, 30 de noviembre de 2010

La obligación del Sevilla FC (Colaboración de Ernesto López de Rueda en Columnas Blancas)


Corren tiempos procelosos para la causa sevillista, porque desde que comenzara la temporada con los ridículos de Barcelona y frente al Sporting de Braga, no amaina el temporal y siguen sus vientos azotando la superestructura de nuestro edificio y el agua socavando en cierta medida algunos de sus cimientos. Y todo ello ocurre mientras el discurrir deportivo de la entidad no otorga tregua alguna, ahora con la silueta del PSG que abandonó la lontananza para hacerse amenaza visible en nuestro horizonte más cercano.

Un Sevilla que llevaba casi once años sin cesar a un entrenador y que en el corto espacio de seis meses -o veinte partidos oficiales, menos de media temporada- ve como por su banquillo se suceden tres inquilinos sin que ninguno de ellos haya sabido o sepa -de momento- poner fin a la tribulación que nos embarga, a las vicisitudes de un equipo al que cualquier rival hace sufrir en el campo hasta derrotarlo con claridad meridiana o al que vencemos no sin grandísimos esfuerzos y desgaste y sin apenas ventaja clara en el marcador.

Una entidad que pasa de los cielos de Almería y Barcelona a la línea de metro que discurre por sótanos infernales que con tanta asiduidad visitamos en esta temporada y que ha tenido ya parada en las estaciones de Sporting, Depor, Racing, Getafe, Mallorca, Braga o Barcelona, en estas últimas por dos veces.

Precisamente, algunos de los rivales citados, de encadenar una serie de derrotas o sangría de puntos frente a los clubes mencionados, no tendría problema ninguno, pero el Sevilla, tanto por el rival como por la forma de dilapidar los botines en disputa se enfrenta a un serio problema. Ya definió con maestría la situación el presidente: “quiero que haya una crisis cuando el Sevilla pierda”.

Traigo esta frase a colación no por impulso mordaz alguno o con aviesa intención, tanto es así que aún hoy la sigo aplaudiendo porque retrata la realidad del Sevilla y el espíritu que siempre debe de embargarnos: somos un grande y de esta condición se derivan nuestras obligaciones.

Quienes no estén preparados para hacer frente a esta presión deben de abandonar la nave porque harán incurrir al Sevilla y a los sevillistas en el ridículo. Sean directivos, técnicos, jugadores, y/o empleados o colaboradores del club, hay que erradicar el derrotismo, algo que debiera ser extensivo a la masa social.

El Sevilla, su afición ni nadie que desee en modo alguno tutelarla por decirlo finamente, no puede ni debe de quejarse por los arbitrajes, porque no es este factor el que nos aleja de los puestos que perseguimos; ni tampoco provocan esa distancia las lesiones desde el punto y hora en que el 20% de la plantilla (Koné, Sergio Sánchez, Drago y en menor medida teórica aunque desgraciadamente sí real, Fazio y Acosta) es baja crónica y además fichamos jugadores con un riesgo cuando menos alto.

Ahora se juntan el desgaste de nuestros buques insignia y la falta de condiciones para el deportivo combate tanto de las unidades llamadas a reemplazarlos como a reforzar al conjunto de nuestra flota, pero eso no significa que nuestras obligaciones hayan desaparecido, siguen estando ahí. Si el Sevilla es o quiere seguir siendo una potencia, ha de presentar batalla, partido a partido aún sabiendo de nuestras flaquezas y debilidades. En términos marineros ya lo intentó Cervera en Santiago de Cuba y años antes fue Casto Méndez Núñez quien retratara el quijotismo español con aquel “más vale honra sin barcos que barcos sin honra”.

Se debe el Sevilla al triunfo, al ansia por obtenerlo, en definitiva a la ambición y preso de ella, de esa forja y grandeza, habrá de sucumbir si fuera menester. Como nunca podrá hacerlo es inane y entre la diferencia. Así que a quienes abogan por, a partir de ahora, dar por finiquitada una temporada para -dicen- ir construyendo los mimbres con los que afrontaremos próximos ejercicios, contestarles que naranjas de la china. De alguna manera el consejo de Administración y los técnicos tendrán que abordar tanto el refuerzo de nuestra plantilla que desde ya se puede acometer con la baja de larga duración de Guarente, como el hallar la causa de la depresión de un conjunto de jugadores habituado a ganar y que parecen -o así lo confiesan- haber perdido la ambición, un pecado de lesa identidad en el Sevilla Fútbol Club.

Y, como he dicho en anteriores ocasiones, los años no pasan en balde para los técnicos y su metodología (esa presión al rival que el Sevilla perdió hace ya tres años y jamás ha vuelto a recuperar siendo, posiblemente, el equipo de Primera que menos la ejercite), para los jugadores quienes llegan, están y se van, y del mismo modo afectan a unas estructuras del club precisas de revisión, nadie es eterno ni imprescindible y algunas parcelas denotan la necesidad de una urgente renovación.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Crónica anunciada de la muerte de la Liga española. John Carlin. El País


El diario El País, a través de la pluma de John Carlin, se hizo eco ayer de todo cuanto, desde distintos sitios, venimos denunciando sobre el injusto reparto de la tarta televisiva en el fútbol español.

Nada más y nada menos que el diario El País, reconocido preboste del grupo que mangonea los derechos televisivos, da pábulo a lo que, hasta hace poco, era cosa de "iluminados".

¡Pobre Carlin!, ¿hasta cuándo durará en su puesto?:

Pasados apenas tres meses desde el comienzo de la temporada, los dos primeros han abierto una brecha prácticamente insuperable con el tercero. El campeonato ya es cosa de dos. Los partidos contra los demás equipos son meros trámites en los que, bien sabido de antemano quién va a ganar, el suspense se reduce a una sola cuestión: cuál será el margen de la victoria. Una vez más se consolida el duopolio Celtic-Rangers en la Liga escocesa.

Échenle un vistazo a la tabla de la Premier League escocesa y a la de la Primera División española. Los números del Celtic y el Rangers son casi iguales que los del Real Madrid y el Barcelona, con la diferencia de que los dos grandes españoles conceden menos goles por partido y marcan más. Los locutores de televisión españoles nos siguen chillando que aquí tenemos la mejor Liga del mundo, pero ni ellos se lo creen. ¿Cuándo se van a enterar de que insistir en semejante bobada demuestra una enorme falta de respeto hacia el telespectador?

No crean que en el resto de Europa no se dan cuenta. Los periodistas, los ex jugadores, los blogueros y demás opinadores de Inglaterra, Italia, Alemania, Francia, Noruega o donde sea se cachondean de lo que está pasando aquí. La Liga española no solo no es la mejor del mundo, dicen, sino que compite con la escocesa por ser la peor. A tal extremo se ha llegado que los presidentes y los entrenadores de clubes como el Sevilla o el Atlético ya reconocen abiertamente que no pueden competir con el Barça y el Madrid. Antes, en el peor de los casos, se mantenía la ficción. Porque, al menos hasta bien avanzada la temporada, se podía sin hacer el ridículo. Incluso, hasta hace relativamente poco, equipos como el Deportivo o el Valencia pugnaban con ellos por el título de campeón. Ahora el gran interrogante antes de cada jornada liguera es si los dos matones van a anotar cuatro, cinco o seis goles. O más. Ver el partido del Barça contra el Almería la semana pasada, el que acabó 0-8, dio vergüenza ajena.

Manolo Preciado, el entrenador del Sporting, habrá o no dado descanso a sus mejores jugadores en el partido de hace un par de meses en el Camp Nou. Pero lo normal, lo sensato, sería que lo hubiera hecho, ya que en esa Liga el Sporting no compite. Quizá todos deberían hacerlo. Quizá los otros 18 equipos de Primera deberían plantearse una especie de huelga y poner en el campo sus onces B contra el Madrid y el Barça y seguir haciéndolo hasta que estos dos abran sus mentes a la posibilidad de aceptar un reparto más equitativo del dinero proveniente de los derechos televisivos del fútbol, la gran fuente de ingresos de los clubes profesionales en todo el mundo.

En Inglaterra se reparten el pastel de manera más justa y democrática y, en buena medida como consecuencia de ello, tienen una Liga sensacional. Cinco puntos separan a los cuatro primeros y el quinto, el Bolton Wanderers, ha marcado los mismos goles que el Chelsea, con un partido menos y que hace dos semanas perdió 0-3 contra el Sunderland. No importa cuál sea la posición en la tabla de los rivales del Chelsea, el Manchester United o el Arsenal: antes de cada partido, todos saben que puede pasar cualquier cosa. Los estadios están llenos, las gradas vibran. Hay teatro, hay emoción.

Lo que no hay es la calidad que veremos mañana en el primero de los dos únicos partidos interesantes de la Liga que tendrán esta temporada el Madrid y el Barça. Los dos juegan de maravilla y todo el mundo lo sabe. Las casas de apuestas británicas les colocan como favoritos para ganar la Copa de Europa. Lo terrible es que, cuando amanezcamos el martes, tendremos cinco meses por delante hasta que se vuelvan a ver las caras, cinco meses de Liga que podríamos saltar ya -presionando el botón fast forward- por lo insulsos y previsibles que van a ser los partidos en los que los dos grandes compitan.

Es la muerte a cámara lenta. Algo va a tener que cambiar.

John Carlin. El País

MADRID