miércoles, 12 de agosto de 2026

Zapatero: Del “que se investigue todo” al “bueno, despacito…”

 



12/08/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

“Quien ayer entregaba las llaves de la investigación con una sonrisa, hoy parece preguntar desde la puerta cuánto piensa quedarse el invitado y si realmente necesita abrir todos los armarios”

 

Durante su comparecencia ante el juez instructor José Luis Calama en la Audiencia Nacional, el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero afirmó en su natural modo engolado: “Yo quiero dar un paso más, señoría. Autorizo a que se investigue fuera de España, en todo el mundo si tengo alguna sociedad, algún bien, a todo…”, manifestando así su total disponibilidad para que se examine su patrimonio internacional. Con el pecho aún henchido, como quien entrega las llaves de la cámara acorazada del Banco de España, añadió: “Si encuentran algo, adelante”.

Los cronistas de la época (17 de junio de este año) recordaban que el mensaje transmitía una confianza casi temeraria en la independencia judicial. Investigar era sinónimo de transparencia. Cuanto más lejos llegara el juez, mejor. El lema parecía ser: “No dejen un cajón sin abrir”.

Años después, perdón, transcurrido mes y medio, el inefable Zapatero ha recurrido la autorización del juez instructor para que la Policía Nacional pueda investigar, entre otras, sus cuentas bancarias, las de sus hijas, Alba y Laura, y las de su secretaria, ya internacionalmente conocida como la Gertru.

En el escrito remitido al juez el 3 de agosto, su abogado pide dejar sin efecto el permiso del propio magistrado a la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional para “ampliar la información que se considere pertinente” sobre los referidos productos bancarios. Porque, entre otras cosas, “una habilitación genérica podría avalar una investigación prospectiva”.

El mismo verbo -investigar- parece haber sufrido una reforma lingüística. Antes parecía significar “llegar hasta el final”. Ahora, para nuestro -en todas sus acepciones- caro presidente, viene acompañado de un asterisco: “hasta donde resulte oportuno... y siempre que no me incomode demasiado”.

La escena tiene algo de entrañable. Quien ayer entregaba las llaves de la investigación con una sonrisa, hoy parece preguntar desde la puerta cuánto piensa quedarse el invitado y si realmente necesita abrir todos los armarios.

Para los que están dispuestos a seguir engullendo ruedas de molino, no se trata de una contradicción, sino de una sofisticada evolución del pensamiento político mediante la cual la independencia judicial es un principio absoluto... especialmente cuando sus resoluciones coinciden con las propias expectativas.

La hemeroteca, mientras tanto, permanece en silencio. No vota, no habla y no concede entrevistas. Solo recuerda. Y eso, para algunos, debiera resultar mucho más incómodo que cualquier investigación, lo que no es el caso de esta ganadería.

lunes, 10 de agosto de 2026

Ceuta, otra vez el Ministerio de la Responsabilidad Ajena

 



10/08/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

«Cambian los protagonistas según el caso, pero el desenlace político parece inmutable. Nunca falla el comunicado (a posteriori). Nunca falla la explicación (si llega a darse). Nunca aparece un responsable político entonando el mea culpa: “Nos equivocamos”»

 

Con motivo de la IN-VA-SIÓN de Ceuta, en un nuevo ejercicio de equilibrio progre entre la explicación zopenca y la excusa de mastuerzo, el Gobierno de España ha vuelto a reeditar la teoría del “nadie podía imaginarlo”. Según la versión oficial, los avisos no hablaban de un escenario de “semejante magnitud”, así que, naturalmente, “no había motivos para adelantarse a los acontecimientos”.

La de estos personajes es una doctrina fascinante: “si la realidad supera la previsión, la responsabilidad desaparece”. Impasible el ademán...

Sin embargo, saben aplicar la teoría contraria y selectivamente. Cuando la DANA arrasó la Comunidad Valenciana, además de La Mancha y el oeste andaluz, las alertas meteorológicas advertían de un episodio de lluvias extremas, aunque nadie, ni la AEMET, anticipó que podrían acabar registrándose cantidades muy superiores a las anunciadas y aunque nadie, ni la Confederación Hidrográfica del Júcar, predijera el desbordamiento de cauces y barrancos, el del Poyo entre ellos, del que se informó dos horas antes que su caudal descendía. Si el criterio ahora conocido se aplicara a aquella catástrofe resultaría que el aviso solo obligaba cuando acertara hasta el último litro por metro cuadrado, motivo por el que no habría que exigir responsabilidades, ¿O no Mazón?

Ahora se afirma que los servicios de inteligencia no alertaron de una situación comparable a la finalmente vivida en Ceuta. Quizá sea cierto que nadie describió exactamente lo que acabaría ocurriendo. Igual que una previsión de fuertes lluvias no puede adivinar los centímetros cúbicos exactos que caerán sobre una superficie. Igual que los informes de los maquinistas no pueden asegurar el momento exacto en que se rompa una vía, como diría el primer alcalde de Atapuerca tuit mediante.

Pero la función de un gobernante no consiste únicamente en reaccionar cuando la catástrofe hace acto de presencia, sino en prepararse para escenarios calamitosos cuando existen señales de riesgo. Porque si los políticos solo actúan cuando el desastre ya es una certeza absoluta, entonces ya no hablamos de prevención, sino de retirada de lodos, en un caso, de infraestructuras paralizadas durante meses, en otro, de acogimiento de miles de personas y de saturación de los servicios públicos, en el último y de muchos -demasiados- muertos en ambos casos.

Momentos todos en los que relumbra la incapacidad de manera tan redundante como difícil de ignorar: la gestión de la pandemia, el apagón, los incendios, los accidentes ferroviarios, las crisis de seguridad… episodios en los que se cuestiona no tanto el hecho en sí como la respuesta institucional. Cambian los protagonistas según el caso, pero el desenlace político parece inmutable. Nunca falla el comunicado (a posteriori). Nunca falla la explicación (si llega a darse). Nunca aparece un responsable político entonando el mea culpa: “Nos equivocamos”.

La responsabilidad política se ha convertido en una especie protegida. Todos los problemas tienen autor, excepto cuando el autor se sienta en el consejo de ministros portando con orgullo, no ajeno de carácter, la Cartera de la Responsabilidad Ajena.

Siempre habrá un informe insuficiente, una alerta incompleta, una administración anterior a la que culpar, una competencia compartida, un enemigo invisible o una circunstancia extraordinaria. Lo extraordinario, en realidad, es encontrar una ocasión en la que alguien asuma personalmente las consecuencias de su mala/pésima gestión.

Mientras tanto, la maquinaria de comunicación continúa funcionando a pleno rendimiento. Las ruedas de prensa llegan puntuales. Las campañas institucionales son impecables. Las videoconferencias muestran buena iluminación. Las fotografías revelan gran actividad. Y, si la realidad resulta incómoda, siempre quedará el nuevo y ya tan viejo recurso del “nadie podía preverlo”.

Quizá algún día la responsabilidad política deje de ser un concepto decorativo y vuelva a significar lo que su nombre indica: responder por las decisiones tomadas e, igual de importante, por las que nunca llegaron a tomarse.

Ojalá que nunca llegue, pero la próxima crisis, con estos mangutas al mando, ya tiene redactado el primer párrafo del comunicado oficial: “Los avisos no indicaban una situación de esta magnitud”.


martes, 4 de agosto de 2026

La Marcha Verde 2.0: otra muestra de debilidad

 



04/08/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

“Mientras Mohamed planifica a veinte años, Pedro lo hace a veinte votos. Menos aún: ¡Sánchez, por siete votos…!”

 

Dice un buen amigo, militar de alto rango, que existe una máxima en estrategia que rara vez falla: los Estados ponen a prueba la determinación de sus vecinos cuando perciben vacilación y debilidad. Contrariamente, suelen ser más cautos cuando reciben una respuesta firme e inesperada.

Marruecos ya tuvo ocasión de aprender de lo último en julio de 2002. La ocupación del islote de Perejil por efectivos marroquíes fue respondida de inmediato por el Gobierno de José María Aznar con la Operación Romeo-Sierra, una intervención tan jocosamente criticada por la progresía como rápida y precisa, tanto que restituyó la soberanía española sobre el islote en cuestión de horas. Más allá del debate político o del chiste fácil que siempre acompañó aquella decisión, el mensaje estratégico fue inequívoco: determinadas líneas no pueden cruzarse sin una respuesta inmediata. Aquella crisis terminó tan deprisa como había comenzado, sencilla y llanamente porque el morador del Palacio Real de Rabat comprobó que, frente a él, había un Ejecutivo dispuesto a asumir el coste político de defender los intereses nacionales.

No deja de ser significativo que, casi un cuarto de siglo después, el contraste sea tan acusado. Donde entonces se proyectó determinación, hoy muchos perciben cautela, mesura y aprensión; donde antes se disuadió, ahora se incita a la embestida.

Hay países que invierten miles de millones en inteligencia para detectar los momentos de debilidad de su adversario. Marruecos, además de gastar más, ahorra con tan solo echar un vistazo ahora a La Moncloa y antes a El Pardo: en 1975, Hassan II, mientras Franco agonizaba, observó un magnífico momento para organizar la Marcha Verde. Y acertó de lleno. Porque cuando un jefe de Estado percibe que el vecino está más pendiente de su propia supervivencia -física o política- que de defender sus intereses, las oportunidades aparecen solas.

Cincuenta y un años después, casi puede imaginarse a los estrategas de la milicia marroquí reuniéndose la pasada semana alrededor de un mapa, mientras visualizaban videos de las sabinianas saunas, donde uno pregunta: “¿Cómo andan hoy los españoles?”. Y alguien responde: “Tranquilos, como casi siempre, bastante entretenidos consigo mismos”. Fin de la reunión.

La diferencia entre 1975 y 2026 es puramente antropológica. Entonces el problema era que el jefe del Estado se moría. Ahora quien atraviesa una lánguida agonía es un proyecto político personalísimo diseñado al margen de la nación, dispuesto a hacer equilibrios imposibles para ganar unas semanas más de oxígeno parlamentario.

Y eso, en geopolítica, tiene consecuencias. Así, mientras España discute sobre su propia crisis, Marruecos hace exactamente lo que hacen los Estados que defienden sus intereses: fortalecer los suyos. Mientras Mohamed planifica a veinte años, Pedro lo hace a veinte votos. Menos aún: ¡Sánchez, por siete votos…!

Marruecos ha demostrado que puede ocupar Ceuta en horas sin pegar un tiro. Fuentes fiables elevan la cifra de los invasores sin armas y sin vehículos a 100.000 en algo más de veinticuatro horas. Imaginen solo la mitad, pertrechados de kalashnikovs y acompañados de unas docenas de sus casi 5.000 vehículos militares.

El cambio de posición sobre el Sáhara Occidental de 2022, sin pasar por Las Cortes, se presentó ya como una brillante operación diplomática destinada a inaugurar una nueva etapa con Rabat: el principio de una relación idílica, casi una luna de miel perpetua.

Cuatro años después, curiosamente, parece que las tensiones no han desaparecido, tampoco las coacciones. Y cada episodio parece exigir nuevas dosis de prudencia, nuevos silencios y nuevas explicaciones sobre por qué todo va tan magníficamente bien mientras los hechos se empeñan en estropear el relato. Porque no es discutible que Rabat continúa marcando el ritmo de una relación que España secunda al segundo siguiente. Mientras el reino africano considera la política exterior una cuestión de Estado, el chulo tranviario la ha convertido en una nota de prensa redactada al albur de la información contenida en teléfonos clonados.

La defensa nacional no consiste únicamente en tener buenos soldados -que los tenemos- ni excelentes policías y guardias civiles -que también los tenemos-. Consiste, sobre todo, en que quien está al frente del Gobierno transmita la imagen cierta de que hay determinadas líneas que nadie puede cruzar.

Por el contrario, si el mensaje que recibe el vecino es que todo es negociable salvo permanecer un día más en el poder, no debería sorprendernos que ese mismo vecino interprete que merece la pena seguir apretando.

Vista con perspectiva, la enseñanza de la Marcha Verde nunca fue que Marruecos era extraordinariamente fuerte. Sí fue que España parecía extraordinariamente débil.

Y esa es la clase de lecciones que conviene no olvidar, incluso desde el retiro de La Mareta con más guarnición a estas horas que la ciudad autónoma recién IN-VA-DI-DA.

De momento Ceuta y Melilla siguen donde siempre. Españolas ayer. Españolas hoy. ¿Españolas mañana?

domingo, 2 de agosto de 2026

31 años del 2 de agosto y 46 días del 18 de junio. ¿Mereció la pena luchar?

 

 

31 años ya... más de seis lustros. Parece que fue ayer. Pretendían acabar con el Sevilla, pero no contaban con el patrimonio más importante del club hispalense: su afición. Entre cuarenta y cincuenta mil personas se echaron a la calle aquel 2 de agosto para exigir justicia. La cacicada de Jesús Gil, Antonio Baró, Jesús Samper, Ramón Mendoza, Rafael Cortés Elvira y José María García fue abortada por todos y cada uno de los sevillistas, en especial los que se echaron a la calle, con cuarenta grados a la sombra, como un solo hombre (o una sola mujer, para ser correctos ahora).

¿Qué sevillista no recuerda aquel despertar de la siesta agosteña del primero de mes?: ¿Cómo? ¿qué dices? ¡tú estás loco... ! ¡Y tanto que estaban locos! El sevillismo así se lo demostró... ¡Qué grande eres -¿eras?-, Sevilla!

Ernesto López de Rueda, Javier Tenorio y Enrique fueron los promotores de aquella demostración de fuerza del sevillismo. Aquel mismo día a las tres de la tarde (cinco horas antes del comienzo y cuando Internet y las redes sociales eran una entelequia) presentaron en la Delegación del Gobierno la comunicación de la gran manifestación que se pretendía convocar. Todo un documento para la historia sevillista:


 

  

 

Meses después, Ernesto López de Rueda, vicepresidente de Foro Sevillista, plasmó en los capítulos 3 y 4 de su libro "Sevilla hasta la Muerte, El coraje de una afición" el acontecer de aquellos tremendos días en que se forjaron los sólidos cimientos del Sevilla actual: El libro de cabecera del sevillismo en el que se narra la intrahistoria del abortado abordaje del Sevilla F.C. por los invasores madrileños y marbellíes.

 

Pero de nuevo volvieron a sonar tambores de guerra: los grandes capitales que aglutinan la mitad de las acciones del Sevilla FC emprendieron hace más de un lustro una lucha desaforada en pos de hacerse con el mayor número posible de títulos con el pretendido afán de controlar la institución, y lo hacen ofreciendo precios desorbitados... o no tanto. Los 3.200 - 3.400 euros que han llegado a pagarse por un título accionarial, pusieron -otra vez- en alerta máxima a un sevillismo de base que, no es nuevo, siempre había vendido -de forma consciente- a señalados sevillistas. Ahora saben, sin embargo, que, con la mediación de esos mismos sevillistas, peleas al margen, el objetivo no es otro que dar entrada, más pronto que tarde y mediante su agosto particular, a capital extranjero en la gran casa del fútbol andaluz, pero, embolsándose una ganancia ya bastante menguada por sus desaciertos y riñas. El pasado 18 de junio el sevillismo volvió a empetar las calles de Sevilla solicitando la marcha por su manifiesta incapacidad de todos los grandes accionistas del club.

 

Para colmo, firmamos cuatro temporadas, las últimas, incluida la 2022/2023 en la que se cosechó inesperadamente el octavo entorchado europeo, que no se corresponden con nuestra historia. Deuda desaforada de la mano de pingües beneficios de los administradores, familias enfrentadas, desabruptos de mostrador de taberna, insultos, descalificaciones… todo ello pensando en un scotazzo (sinónimo de pelotazo y que me perdone el gringo) que garantice el futuro de sus bisnietos y olvidándose de lo que dicen es sagrado: El Sevilla FC, ése que, ahora sí, solo somos nosotros.

 

"¡El fútbol está así, mira en Inglaterra, en Francia, en Italia... donde los magnates del Próximo o del Lejano Oriente se han hecho los dueños de los grandes emblemas europeos!". Eso dicen, para conformarnos y quizá no les falte razón, pero ese fútbol, ese Sevilla inminente que se viene tejiendo ahora entre bastidores no es el club por el que nosotros luchamos o se dejaron la piel y una parte importante de su peculio nuestros antepasados... ese Sevilla dandy que nos están pergeñando seguramente -al menos eso nos siguen vendiendo- atestará aún más las vitrinas y convertirá al Grande de Andalucía en primer referente a nivel mundial, pero ese Sevilla "sushi", "de arroz tres delicias" o de "chop suey de pollo", no será el Sevilla de hoy ni aquel de 1995. Si eso ocurre, posiblemente asista a algún encuentro, lo mismo que me presento en un musical de la Gran Vía, pero no, no puede ser lo mismo.

 

Una afición en permanente lucha por la independencia de "su" club está hoy llamada -31 años después- a defender su identidad, esta vez no frente a invasores extraños, sino ante este reto de "los nuestros", y éste sí que se antoja imposible de superar. Tanto que cabe preguntarse: ¿mereció la pena luchar?

 

jueves, 30 de julio de 2026

Quien avisa no es traidor, aunque se apellide Sánchez

 


30/07/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo


“Que Paco Salazar, defenestrado como sucesor de Santos Cerdán por el caso de las braguetas entreabiertas en los despachos de La Moncloa, se pasee ahora por los consulados de Hispanoamérica, ha disparado todas las alarmas”

 

Hay políticos que amenazan. Otros insinúan. Y luego está Pedro Sánchez, que, además, sibilinamente, avisa.

Ayer se despidió para irse de vacaciones, lo del fuego ya es cosa de bomberos: “No habrá elecciones anticipadas; la legislatura llegará hasta el final”. Y, de paso, vayan haciéndose a la idea de “aceptar el resultado cuando llegue el momento”. Traducido del lenguaje sanchista al cristiano: “Luego no digáis que no os lo advertí”.

La confianza de este chulo tranviario resulta admirable. Ni las encuestas, ni los escándalos, ni la corrupción que le chorrea, ni el desgaste parecen alterar su serenidad. Fueraparte de su patente psicopatía, parece saber algo que el resto de los españoles todavía desconocemos.

O quizá no: Mientras el Gobierno predica las bondades democráticas de la conocida como “ley de nietos”, el censo electoral no deja de engordar con cientos de miles de nuevos españoles repartidos por toda Latinoamérica (2,4 millones de solicitudes a marzo de este año). Oficialmente, se trataba de reparar una injusticia histórica que la hermana del primer alcalde de Atapuerca ha llevado más allá: Sofía Puente firmó una instrucción en 2022 reinterpretando la Ley de Memoria Democrática para considerar beneficiarios a descendientes de españoles que no quedan comprendidos en el texto legal, incluyendo determinados supuestos relativos a descendientes de emigrantes anteriores a la Guerra Civil.

Qué casualidad que esa reparación llegue justo antes de unas elecciones desde siempre impepinables para 2027, y éste es el motivo, en las que cada voto va a decidir ¿en igualdad? quién ocupa La Moncloa: los moradores de la piel de toro y, entre otros, los que siguen pensando que Celta de Vigo es una pedanía de Orense.

Pura coincidencia, naturalmente. Porque pensar que un Gobierno puede tener un interés mezquino en ampliar el electorado que votará en las próximas generales sería de muy mala fe. Igual que pensar que un pescador lanza la red porque espera pescar. Que Paco Salazar, defenestrado como sucesor de Santos Cerdán por el caso de las braguetas entreabiertas en los despachos de La Moncloa, se pasee ahora por los consulados de Hispanoamérica, ha disparado todas las alarmas.

Llegado el recuento de las elecciones de 2027, mientras las encuestas les vaticinan mayorías nunca vistas a los que sueñan plácidamente con heredarle, será el momento de que resuenen las palabras de ayer de Sánchez en su “Aló, presidente”, antes de quitarse del mundanal ruido por más de un mes a costa de todos los españoles: “Habrá que aceptar el resultado de las elecciones”.

Claro, primero se amplía el censo con cientos de miles de nuevos votantes, después se transmite una seguridad absoluta sobre el desenlace electoral. Y, finalmente, se pide deportividad democrática.

Nadie puede afirmar hoy cuál será el comportamiento electoral de esos nuevos ciudadanos. Pensarlo sería aventurar lo que nadie sabe. Pero tampoco puede reprocharse que muchos, muy pocos aún, se hagan preguntas cuando el fruslero de La Moncloa está tan convencido de que el final de la película ya está escrito.

Quizá por eso conviene quedarse con el refrán: “Quien avisa no es traidor”, aunque se apellide Sánchez.

Aunque, visto lo visto, a algunos españoles, yo entre ellos, empieza a darles la impresión de que lo de ayer, más que un aviso, es un espóiler.

martes, 28 de julio de 2026

ZP, de contador de nubes a gerente de Tiffany

 

28/07/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo


«Las joyas estaban ahí, haciendo “¡cucú-cucú!” esperando al único mortal capaz de exclamar el tan esperado “¡tras!” … y vaya si lo soltó»

 

El Evangelio de ayer de San Mateo anunciaba que “el Reino de los Cielos se parece a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas y, al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró”.

Hay personas que hacen carrera empezando desde abajo. José Luis Rodríguez Zapatero decidió innovar: empezó contando nubes y ha terminado contando quilates. Es una evolución natural de la ya conocida historia socialista: primero se prometen arcoíris y luego -ya, si eso- se justifica de dónde salen y cómo se embolsican los diamantes.

Porque, si algo nos enseñó la entrevista de TVE del pasado jueves, es que la realidad no existe; existe el relato. Y el relato venía cortejado de masaje relajante, música ambiental y un entrevistador tan incisivo como una cuchara de plástico. Solo se echó en falta, antes de entrar en materia, un “¿le acerco una mantita?”.

Ni mención a los delitos que se le imputan. De momento, presuntamente: tráfico de influencias, blanqueo de capitales, organización criminal, falsedad documental y contrabando. Un sugestivo extracto del Libro II del Código Penal. Ni repreguntas, ni apostillas, sin salirse del guión previamente pactado con Gertru.

Y ahí siguen sus defensores -a la cabeza el gobierno, al que le va la vida en forma de supervivencia- todos coreando, al más puro estilo de Roosevelt, “es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

El rescate de Plus Ultra ocupó la primera parte y fue zanjado radicalmente, como diría -y dijo- la ministra Diana Morant “muy valientemente”, porque, si efectivamente intervino, lo hizo solo con afán de colaborar con gobiernos hermanos y democráticos como Venezuela y con esa compañía aérea en concreto que en ese momento necesitaba una inyección de capital… probablemente para un nuevo tren de aterrizaje del único avión de la compañía. Por supuesto sin él embolsarse comisión alguna y si se la embolsó… la declaró a la hacienda, faltaría más.

Sobre sus treintañeras y millonarias hijas, negó que fueran sus testaferros (¿para cuándo el femenino en el DLE?) o que sirvieran para ocultar patrimonio o para canalizar fondos, sostuvo que ante el juez instructor justificarán los ingresos recibidos, presentarán sus trabajos y la documentación correspondiente, reivindicó su capacidad profesional y que no han sido utilizadas como instrumento suyo, sin olvidar el impacto personal y familiar que la investigación ha tenido sobre ellas; todo ello, sin sonrojarse y sin un cálido y sentido recuerdo a los millones de jóvenes españoles que hacen complicados tetris con su hoja de Excel para llegar a fin de mes.

Y llegó el momento estelar: las joyas. La explicación podría resumirse en una frase que pasará a los anales del pensamiento contemporáneo: “estaban ahí”. Extraordinario: Newton debió pensar lo mismo con la manzana que le sirvió para explicar la ley de la gravitación universal: “estaba ahí”. Arquímedes, antes de salir en pelotas a la calle gritando “¡eureka!”, haría lo propio con su bañera para enunciar el principio que lleva su nombre: “estaba ahí”.

Es posible que llevasen años abandonadas, mugrientas, todos preguntándose cuándo alguien les daría el cariño que merecían. Hasta que apareció él, un hombre sensible, un humanista, un servidor público. Las joyas estaban ahí, haciendo “¡cucú-cucú!” esperando al único mortal capaz de exclamar el tan esperado “¡tras!” … y vaya si lo soltó. ¡Me lo llevo y pa la saca!

Pero no. Quien conozca mínimamente al expresidente sabe que jamás pensaría en sí mismo. Si decidió darles uso sería, sin duda, pensando en el interés general. Quizá estaba diseñando un plan de Viviendas de Protección Oficial para los más necesitados. O un programa de economía circular donde los diamantes pasen de cuello en cuello hasta alcanzar la justicia social.

Porque, como tantas veces se nos ha explicado, ser socialista consiste en tener poco y estar dispuesto a compartir mucho. Y, si algún día uno acaba rodeado de objetos brillantes, siempre cabe la posibilidad de que simplemente estuvieran ahí, esperando la llegada de un gestor comprometido.

Concluía San Mateo ayer: “Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes”.

Visto con perspectiva, quizá la auténtica joya no fueran los diamantes ni las esmeraldas. La auténtica joya fue la entrevista. Porque conseguir una hora de televisión pública sin despeinarse mientras las preguntas pasan de puntillas alrededor de los asuntos incómodos es un lujo que ni Tiffany, ni Cartier, ni el mejor joyero del mundo podrían tasar.

Eternamente agradecido, Javier, nos vemos en La Séptima con Sarah, naturalmente.

jueves, 16 de julio de 2026

Tres apellidos franceses y medio contra veintiún apellidos españoles y a la final

 


16/07/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo


“Rajoy escribió una frase (“Francia tiene muchísimo nivel, eso sí, sin franceses”) que desde la perspicacia solo podía interpretarse como una pulla a la extrema derecha francesa”

 

Anoche, la semifinal mundialista acabó de la forma más inesperada: tras varias jornadas contendiendo entre estirpe francesa y casta española, el partido empezó a decidirlo para España un apellido marroquí, Yamal, objeto de penalti de uno de los escasos apellidos franceses puestos en liza en todo un 14 de Julio. Y, de repente, todos descubrimos que los goles -Oyarzabal y Porro- no llevan certificado de pureza de sangre.

Durante cinco días, Rajoy mediante, se perfiló una competición paralela. No de fútbol y sí de linaje. Pareciera que Francia dejaba de jugar con laterales y delanteros para hacerlo con árboles genealógicos.

¡A ver cuántos apellidos franceses resplandecen en la plantilla de Didier Deschamps! Los más aplicados empezaron a repasar la lista: Lacroix, francés; Rabiot, francés; Lucas, bueno… vale. Y a partir de ahí comenzaron los sudores fríos. Porque resulta que la República Francesa lleva lustros haciendo una cosa muy rara: considerar franceses a los franceses, eso sí, de segunda generación, despreciando al filántropo Sánchez quien propiciará en breve que presuntos tataranietos de españoles en Iberoamérica, sin moverse de su quinta o de su favela, nos enseñen a votar correctamente a quienes osamos hoyar el terruño.

Lo curioso, finalmente, es que, mientras algunos hacían inventario de los apellidos galos, España terminaba eliminando a Francia gracias a un futbolista cuyo apellido sirve desde hace años para que otros aseguren que es catalán y, por tanto, no español.

Pero la realidad, como la verdad, es la realidad, la diga Mariano o su porquero. Estos son los apellidos de los 25 componentes de la selección francesa y sus orígenes:

-         3 franceses: Digne, Lacroix y Rabiot. Y medio más: Zaïre-Emery.

-         3 malienses: Dembélé, Konaté y Kanté.

-         2 argelinos: Akliouche y Cherki.

-         2 cameruneses: Mbappé y Tchouaméni.

-         2 congoleños: Samba y Mateta.

-         2 marfileños: Koné y Doué.

-         1 alemán: Risser.

-         1 beninés: Koundé.

-         1 español: Hernández.

-         1 guadalupeño: Thuram.

-         1 guineano: Upamecano.

-         1 haitiano: Maignan.

-         1 italiano: Gusto.

-         1 libanés: Saliba.

-         1 nigeriano: Olise.

-         1 togolés: Barcola.

 

Y estos son los correspondientes a los seleccionados por De la Fuente:

-         21 españoles (castellanos, valencianos, extremeños, gallegos, andaluces, vascos o catalanes).

-         1 marroquí (Yamal).

-         1 ghanés (Williams).

-         1 neerlandés (Huijsen).

-         1 francés (Laporte).

 

Así queda, al día de hoy, el marcador de estirpes:

Apellidos franceses defendiendo a Francia: 3,5.

Apellidos españoles en favor de España: 21.

Resultado: ¡España, a la final!

 

La ironía, sin embargo, no acaba ni empieza en Rajoy, pese a RTVE y al resto de rufianes. Nadie valora, ni siquiera recuerda, que la izquierda española viene aprovechando las acciones de Lamín para lanzar su envenenado dardo a la derecha: “ganamos gracias a uno que, según vosotros, no es español”.

Buen argumento... salvo por un pequeño detalle. Porque los mismos que defienden -con razón- que un ciudadano español sigue siendo español, aunque se apellide Yamal, Hakimi o Williams, llevan años proclamando sin aspavientos que la selección española gana “porque está repleta de catalanes”, ¿verdad, Gabriel?

Resulta, así, una curiosa versión del nacionalismo cuántico, porque si un catalán marca el gol decisivo, retozan orgullosos: “es Cataluña quien vence”. En este caso sí que vale la afirmación de que Cubarsí u Olmo no son españoles. Y nadie, ni siquiera Rajoy, se atreve a chistarles.

La exaltación nacionalista, en detrimento de lo español, suele continuar a la velocidad de un contraataque de Oyarzabal, “vasco de sangre”; o con un gol de Merino, exmaketo y vasco a la fuerza; o con una asistencia de Nico Williams, vasco muy a pesar del sueño de Sabino Arana.

Resulta que la identidad nacional funciona como el fuera de juego: depende del color del equipo desde el que se mire. Lo de la superioridad moral, ya sabemos…

Rajoy escribió una frase (“Francia tiene muchísimo nivel, eso sí, sin franceses”) que desde la perspicacia solo podía interpretarse como una pulla a la extrema derecha francesa, la misma que ha respondido con la mayor de las indignaciones. Naturalmente -estaba claro- que también los aprovechateguis de turno, en forma de analfabetos funcionales, dictadores del progretariado o centristas pasteleros lo cogerían por donde no picaba…

lunes, 6 de julio de 2026

De “¡A las barricadas!” al "¡Hala Madrid!"

 


Hay imágenes que desafían toda lógica. Un vegano inaugurando una cadena de asadores. Un ecologista presumiendo de su colección de todoterrenos de doce cilindros. Un anarquista pidiendo más burocracia. Y, en esa misma categoría de paradojas, aparece el militante de izquierdas, el socialista convencido, el azote del capitalismo... celebrando los goles del Real de Madrid.

Porque una cosa es separar deporte y política y otra muy distinta es hacer desaparecer la realidad agitando la bufanda.

El discurso suele ser impecable de lunes a viernes: hay que combatir los privilegios, redistribuir la riqueza, limitar el poder de las grandes corporaciones, poner freno a los monopolios, defender a los débiles frente a los fuertes y desconfiar de quienes siempre ganan porque juegan con ventaja. Pero llega el sábado y el mismo ciudadano se transforma. Guarda el manifiesto, se enfunda la camiseta blanca y comienza a animar con entusiasmo a la mayor multinacional futbolística del planeta. Al club que factura cientos de millones, que convierte cada verano el mercado de fichajes en una exhibición de músculo financiero y cuya marca vale más que el PIB de algunos pequeños países.

De pronto, el monopolio deja de ser un problema, la concentración de riqueza ya no indigna, el poder económico se convierte en “una gestión ejemplar” y el apabullante dominio de los grandes sobre los pequeños se justifica con el tan socorrido “ADN ganador”. Milagros de la pasión futbolística.

Resulta fascinante observar cómo algunos descubren que el capitalismo es insoportable... salvo cuando viste de blanco.

El Real de Madrid, merecidamente, representa casi todo aquello que la izquierda suele denunciar cuando cambia el balón por el boletín oficial. Es éxito acumulado, músculo financiero, influencia institucional, capacidad para atraer a las mayores estrellas, patrocinadores globales, poder mediático y una marca convertida en icono del mercado mundial.

Sin embargo, ahí están cientos de miles de militantes del progretariado celebrando cada victoria como si acabaran de derrotar al capitalismo... cuando, en realidad, están aplaudiendo, si no la que más, una de sus expresiones más exitosas.

Si el Real de Madrid fuera una mercantil dedicada a fabricar teléfonos móviles, gestionar autopistas o explotar plataformas digitales, la práctica totalidad de esos mismos aficionados pedirían dividirla por abuso de posición dominante. Pero… juega al fútbol y resplandece el argumento definitivo: “El fútbol no tiene nada que ver con la política”.

Sin embargo, el fútbol sí tiene relación con la política cuando hay que denunciar racismo, homofobia, violencia, discriminación, corrupción, desigualdad salarial o derechos laborales y descubrimos que el deporte es un extraordinario instrumento de transformación social. Pero deja misteriosamente de tener contenido político cuando se evidencia que el club más poderoso del mundo simboliza precisamente la concentración de recursos y prestigio que los mismos critican en otros ámbitos.

Se consigue así, para seguir tirando, una selectiva desconexión ideológica: algo parecido a defender la sanidad pública mientras se presume de seguro privado exclusivo, o criticar la especulación inmobiliaria desde el ático adquirido gracias a ella.

La pasión futbolística tiene una virtud extraordinaria: consigue que personas extremadamente coherentes en casi todos los aspectos de su vida suspendan voluntariamente el pensamiento crítico durante noventa minutos. Y no pasa nada. Todos tenemos contradicciones, pero Pablo Iglesias, gracias, nos enseña a cabalgarlas.

Porque el problema no es ser de izquierdas y del Real de Madrid. El problema es fingir eternamente que no existe ninguna tensión entre ambos ideales. Se puede ser socialista y madridista, igual que se puede ser vegetariano y disfrutar del aroma de una parrillada. La libertad consiste precisamente en eso. Lo que resulta más difícil es sostener, sin que aparezca una sonrisa irónica, que el club más poderoso, más rico, más influyente y más globalizado del fútbol mundial representa la lucha de los débiles frente a los fuertes.

Hay contradicciones humanas, cierto, y luego está cantar “¡Hala Madrid!” después de haber pasado la semana denunciando las injusticias del capitalismo entonando puño en alto “¡A las barricadas!”. Ésta ya pertenece a una categoría superior: la de las acrobacias ideológicas con balón de cuero.

martes, 30 de junio de 2026

Oposiciones y cuarto turno: del mérito a la excepción

 


30/06/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

“La España de hace casi siglo y medio parece haber comprendido mejor que la de hoy que la independencia judicial comienza mucho antes de dictar una sentencia; empieza con la forma en que se accede al estrado”

 

Hay reformas que pretenden modernizar las instituciones y que, paradójicamente, las hacen retroceder. La modificación del artículo 311 de la Ley Orgánica del Poder Judicial promovida por este gobierno eternamente en el alambre -a base de equilibrios solo posibles desde el amor a la poltrona, por un lado, combinado con un “me lo llevo y pa la saca”, del otro- constituye uno de esos casos en los que, bajo el lenguaje de la apertura, la modernidad y la diversificación, se erosiona el principal de los pilares sobre los que históricamente se ha asentado la independencia judicial: la acreditación objetiva del mérito y la capacidad.

Es el caso del denominado cuarto turno, la vía por la que juristas de reconocida competencia arriban a la categoría de magistrado. Y es que, para el acceso, hasta ahora, el sistema exigía, además de una dilatada experiencia profesional, la superación de pruebas selectivas y la formación específica correspondiente. Con la pretendida reforma se eliminaría la necesidad de superar exámenes en determinados supuestos, sustituyéndola por una valoración de currículums… a saber cuáles.

Esta medida supone, como tantas otras suscritas por este gobierno experto en descapitalizar el mérito, una ruptura con una tradición jurídica española que, con distintas formulaciones, ha permanecido invariable durante casi siglo y medio.

La Ley de 19 de agosto de 1885, aprobada durante la Restauración, concibió el acceso a las categorías judiciales superiores como una combinación entre antigüedad, experiencia y manifiesta aptitud. Incluso en aquella España decimonónica, muy alejada de los estándares democráticos actuales, el legislador entendía que la incorporación a la judicatura no podía descansar únicamente en el prestigio profesional o en la discrecionalidad de quienes nombraban, antes bien el futuro juez debía acreditar públicamente su competencia.

Ya un siglo después, la tan debatida como polémica Ley Orgánica 6/1985, del Poder Judicial, con Fernando Ledesma al aparato, estableció como núcleo del procedimiento el concurso de méritos y no la oposición libre: el artículo 311, ahora nuevamente amenazado, estableció que una de cada cuatro vacantes de magistrado se cubriría entre juristas de reconocida competencia con más de diez años de ejercicio profesional. El propio Felipe González, con la reforma 1994, abjuró de su idea inicial y comenzó a fachear, reintroduciendo una -vaga- prueba de especialización para abandonar el modelo de puro concurso de méritos que él mismo había santificado nueve años antes.

A pesar de las críticas de los conservadores, no fue hasta 2004, nueve años después de su llegada al poder y apenas -11M mediante- tres meses antes de entregar la cuchara a un ZP, por entonces perito en bisutería, cuando Aznar introdujo como requisito para el acceso al cuarto turno la superación de un curso de formación.

Curiosamente, el ahora experto en rubíes, esmeraldas, diamantes y cajas fuertes, salvo las previsiones referidas a las lenguas oficiales de las Comunidades Autónomas o al Derecho Civil propio, obligadas por el independentismo, no tocó ni una coma de la reforma de Aznar en este apartado y solo Rajoy se atrevió en 2015, manteniendo la superación del curso de formación, a reservar un tercio de las vacantes de ese cuarto turno a miembros del Cuerpo de Letrados de la Administración de Justicia de primera o segunda categoría, lo que, sin duda, reforzaba los tan aludidos conceptos de mérito y la capacidad.

Con la reforma de 2018, un Pedro Sánchez más que prudente por entonces, se limitó a ampliar a los órdenes civil y penal y en las materias mercantil y de violencia sobre la mujer, la posibilidad de acceso a los miembros de la Carrera Judicial con categoría de magistrado, sin afectar a los fundamentos del cuarto turno.

Es ahora, en su continua huida hacia adelante, obligado por las decenas de casos de corrupción que acosan a su entorno y a él mismo, cuando, de prisa y corriendo, monta una reforma global del acceso a la judicatura, que prevé un macro refuerzo del cuarto turno “para cubrir necesidades estructurales”, convocándolo de forma simultánea al turno libre y con el consiguiente aumento del peso de la institución en el conjunto de la magistratura.

Si la reforma sale adelante, supondrá el mayor impulso al cuarto turno desde la reforma socialista de 1994, que fue, como se dijo, la que transformó definitivamente el modelo original de 1985 basado en un puro concurso de méritos.

La novedad de la reforma en ciernes no es, per se, la existencia o reforma del cuarto turno, institución asentada desde hace décadas, como se ha visto, sino la pretensión de que algunos aspirantes puedan incorporarse a la carrera judicial sin haber superado examen alguno. Ni la legislación liberal del siglo XIX, ni la Restauración, ni la Segunda República, ni el Franquismo, ni la democracia constitucional habían llegado tan lejos.

Porque si algo comprendieron los legisladores de 1885 era que la independencia judicial no se garantiza únicamente mediante declaraciones solemnes, sino también evitando que el acceso a la carrera dependa de valoraciones subjetivas.

La exaltación contemporánea de los méritos curriculares frente a las pruebas objetivas presenta, además, una curiosa inversión histórica: los que algunos califican hoy como un sistema “anticuado”, la exigencia de superar exámenes, era considerado por los reformadores liberales del siglo XIX un instrumento de modernización frente a los antiguos privilegios y recomendaciones personales; en definitiva, una garantía contra el clientelismo.

Por ello resulta llamativo que, siglo y medio después, sea precisamente el legislador democrático quien se aparte de un principio que los liberales de la Restauración consideraban esencial para construir una Administración de Justicia profesional e independiente.

Nadie discute que abogados, profesores universitarios, o letrados de la Administración de Justicia posean conocimientos y experiencia suficientes para enriquecer la carrera judicial. La cuestión es otra: si quienes van a ejercer la potestad jurisdiccional deben acreditar esos conocimientos mediante procedimientos objetivos o si basta con la valoración de sus méritos profesionales. La respuesta que España había dado desde 1885 hasta nuestros días se decantaba claramente por la primera. La reforma actual altera ese consenso histórico, encumbrando a la segunda.

Quizá por eso resulte inevitable una conclusión incómoda: en este punto concreto, la España de hace casi siglo y medio parece haber comprendido mejor que la de hoy que la independencia judicial comienza mucho antes de dictar una sentencia; empieza con la forma en que se accede al estrado.

viernes, 19 de junio de 2026

El irresistible encanto del (vil) metal para el progretariado patrio

 


19/06/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

Se ha acreditado que los socialistas, como las urracas, sienten una inclinación natural hacia todo aquello que reluce”

 

Dicen -y todavía hay incautos que se lo creen- que el socialismo nació para repartir la riqueza. Sin embargo, a juzgar por algunas querencias históricas, no cabe duda de que ciertas figuras del PSOE siempre han mostrado una atracción especialmente expropiatoria hacia el amarillo. Hay quien colecciona sellos, quien se apasiona por los bonsáis y quien siente una irresistible sugestión por las joyas, los lingotes y demás contenido brillante custodiado en las cajas fuertes.

Ahora que José Luis Rodríguez Zapatero sigue paseándose por medio mundo con la seguridad de un estadista jubilado que nunca se jubiló del todo, resulta inevitable que a los buenos aficionados a la historia se les despierten los recuerdos. Porque, a fin de cuentas, el PSOE posee una tradición tan rica en congresos, escisiones y puñaladas fraternales como en leyendas relacionadas con apropiaciones indebidas y mangazos de tesoros.

No, no es la primera vez que dirigentes socialistas españoles se ven rodeados por el resplandor de las piedras preciosas. En los años finales de la Guerra Civil, cuando el régimen prosoviético felizmente expiraba y todo era confusión, el patrimonio custodiado por el estado fallido y las joyas depositadas por miles de particulares en las cajas del Banco de España emprendieron caminos en paralelo -¡qué casualidad, José Luis!- con los destinos de los exiliados. Unas acabaron en Francia, otras en México y otras en la nebulosa de las memorias contradictorias o, directamente, acalladas.

Valga como ejemplo que el 28 de febrero de 1939, el Vita, patroneado por un grupo de carabineros españoles leales a Negrín, partió del puerto francés de El Havre, con la orden de anclar en el puerto mexicano de Veracruz, acarreando 120 maletas que contenían objetos incautados por la Caja General de Reparaciones, cuyos bienes muebles estaban constituidos por obras de arte de colecciones privadas y sobre todo por grandes cantidades de joyas y metales preciosos. Aquel episodio tuvo su fratricida continuación ya en tierras conquistadas por Hernán Cortés, donde las instituciones socialistas expatriadas, encabezadas por los archienemigos Juan Negrín e Indalecio Prieto, los administraron con un entusiasmo digno del conspicuo ZP. Las acusaciones más sonoras sobre cómo se embolsicaron los bienes y las joyas no procedieron precisamente de sus enemigos, sino de ellos mismos. Prieto lanzó invectivas contra los negrinistas y los estos contraatacaron con entusiasmo.

Noventa años después, los tiempos deberían haber cambiado, pero ciertas inclinaciones parecen resistirse a desaparecer. Ya no se trata de baúles rumbo a Veracruz ni de inventarios redactados a toda prisa, sino de una fascinación más sofisticada por las compañías distinguidas, los regímenes amigos y las relaciones con personajes de cartera generosa.

En estas aparece Zapatero, transitando por los escenarios internacionales con una desenvoltura que habría hecho las delicias de los viejos caciques liberales. Si antaño los dirigentes socialistas soñaban con la revolución proletaria mientras se apoderaban de tesoros ajenos, hoy las fotografías se las hacen con jeques, empresarios, magnates y mandatarios varios al tiempo que reciben tesoros no declarados. El puño en alto ha sido sustituido por el apretón de manos y el traje de pana por el traje a medida, pero las piedras preciosas entonces y hoy eran la meta.

Cambian los discursos, cambian las consignas y cambian los enemigos del pueblo, pero permanece intacta esa antigua pasión española por los tesoros de la que los socialistas no reniegan. El socialismo español ha conservado intacta una admirable virtud: la capacidad de reinventarse sin perder jamás cierto aprecio por el precioso resplandor. Debe de ser una cuestión estética. Al fin y al cabo, las joyas tienen algo irresistible: reflejan la luz. Y se ha acreditado que los socialistas, como las urracas, sienten una inclinación natural hacia todo aquello que reluce.

En resumen, el progretariado patrio, aún viéndolo comparecer como imputado ante el Juzgado Central de Instrucción número 4, sigue encandilado con su ZP del alma, ese probo socialista, como todos, “normalmente pobre y siempre dispuesto a dar mucho”. ¡País!

viernes, 12 de junio de 2026

¿Un Papa al rescate del ALMA?

 


12/06/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

“El protagonismo absoluto está siendo para León XIV, lo que, para el Ateneo para la Lisonja Monclovita Activa -ALMA- supone una bendición inesperada”

Para los cristianos, Jesucristo vino al rescate definitivo del alma, ofreciendo su vida en la Cruz como el precio para liberar a la humanidad de la esclavitud del pecado y la muerte.

La visita de León XIV a España está siendo, para millones de católicos, una ocasión de alegría, esperanza y renovación espiritual. No podía ser de otra manera. La presencia del Sucesor de Pedro siempre constituye un acontecimiento que trasciende la política y recuerda a los creyentes que la Iglesia pertenece a una dimensión más alta que las disputas partidistas. Precisamente por ello resulta llamativo observar cómo determinados sectores políticos y mediáticos han aprovechado la visita para construir un inmenso paréntesis informativo alrededor de los escándalos que afectan al Gobierno de Pedro Sánchez y al partido que mayoritariamente lo sostiene.

Pareciera que, por unos días, todas las controversias han desaparecido. Las investigaciones, las sospechas, los escándalos y las incómodas preguntas que rodean a distintas figuras del entorno gubernamental han quedado relegadas a un discreto segundo o tercer plano. El protagonismo absoluto está siendo para León XIV, lo que, para el Ateneo para la Lisonja Monclovita Activa -ALMA- supone una bendición inesperada. De pronto, la conversación nacional pareció dejar de girar alrededor de las dificultades del sanchismo para concentrarse en las imágenes, discursos y gestos del Pontífice.

La paradoja es que ni siquiera algunas de las posiciones doctrinales tradicionalmente defendidas por la Iglesia parecieron incomodar a quienes normalmente las combaten con mayor intensidad. Si el Papa recordó la defensa de la vida o expresó reservas frente a determinadas prácticas que forman parte del consenso progresista contemporáneo, tales afirmaciones fueron recibidas, por el ALMA, con una indulgencia sorprendente. Quienes no suelen mostrar especial simpatía -más bien todo lo contrario- por la moral católica parecen hoy dispuestos a ofrecer la otra mejilla, a perdonarlo todo. El motivo es evidente: la visita del Prevost madridista les está proporcionando, además de blanco, blanquísimo, un valioso balón de oxígeno político y mediático.

La imagen más representativa es la del entusiasmo institucional desplegado alrededor de la presencia papal. El mismo sistema político que acostumbra a mirar con distancia, cuando no con abierta hostilidad, a muchas posiciones de la Iglesia, se ha entregado a una exaltación casi unánime capaz de dejar en pañales Las Moradas de la santa de Ávila. El ALMA ha encontrado así su razón de ser: la capacidad de adaptar el discurso a las necesidades del momento, incluso cuando ello exija aplaudir, por más de siete minutos, aquello que normalmente se critica (como la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural) y que volverá a criticarse en cuanto el Pontifex Maximus aterrice en Fiumicino.

Por supuesto que también llama la atención el itinerario elegido. La visita al Monasterio de Montserrat, vinculado desde finales del XIX con el movimiento separatista conservador, se ha pretendido mostrar como símbolo de encuentro y espiritualidad, ocultando otras connotaciones o no poniendo el mismo énfasis en las sombras que también han afectado al histórico santuario, incluidas las derivadas de los casos de abusos denunciados. El contraste entre la atención concedida a unos asuntos y el silencio sobre otros alimenta inevitablemente la sospecha de que la gestión de la memoria histórica continúa dependiendo más de la utilidad política que de la búsqueda de la verdad.

Lo contrario ocurre con la ausencia de la visita al Valle de los Caídos solicitada por miles de personas. Para el ALMA, la decisión es absolutamente lógica ya que evita entrar en un terreno de permanente confrontación ideológica. Contrariamente, para una parte de los no ateneístas, constituye una oportunidad perdida para reivindicar el significado reconciliador que atribuyen al monumento. Quienes sostienen esta última visión recuerdan que fue concebido como un lugar destinado a superar las heridas de la Guerra Civil, incluida la persecución religiosa de los años treinta, el mayor genocidio después de la Vendée. Desde esa perspectiva, la ausencia solo puede ser interpretada como una concesión innecesaria -otra- a las sensibilidades políticas dominantes.

Queda claro que el verdadero debate no está girando en torno al Papa, sino al uso que se hace de su figura. León XIV no necesita rescatar a ningún gobierno ni respaldar a ningún partido. Su misión es otra. Son los actores políticos y mediáticos quienes intentan convertir una visita pastoral en una operación de comunicación. Y es ahí donde el ALMA encuentra su campo de actuación favorito: transformar cualquier acontecimiento en una ocasión para la lisonja activa y la suspensión temporal, ya casi perenne, del espíritu crítico de una sociedad cada vez más consciente de los desmanes de este gobierno.

Los católicos tienen motivos legítimos para alegrarse de la presencia del Pontífice. Los no creyentes pueden contemplarla con respeto como un acontecimiento cultural e histórico de primer orden. Lo preocupante es que una visita llamada a elevar el debate público termine siendo utilizada para rebajarlo, sustituyendo las preguntas incómodas por los aplausos convenientes. Cuando eso ocurre, el Papa deja de ser noticia por lo que representa y pasa a ser noticia por aquello que -inconscientemente, creemos- ayuda a ocultar.

Confiamos en que el Vicario de Cristo no haya venido a España al rescate del ALMA, aunque sus miembros puedan parecer tranquilos. Al menos por unos días.

Y en breve, El Mundial. ¡Así cualquiera!