18/09/26.
Mi colaboración de ayer en Sevillainfo
“Primero
fue una entrada irregular. Después, una llegada imprevista de
migrantes. Más tarde, una entrada masiva. Y ahora parece que
‘masivo’ ya no es suficiente”
Masivo: Del
latín vulgar *massaticus: Deriva del francés antiguo masseiz,
basado en un término latino formado por massa (amontonamiento o
volumen, “que se hace o se aplica en gran cantidad” y “que afecta a un gran
número de personas o cosas”) y el sufijo -ticus (relativo a).
El español tomó el término del francés, massif.
Dos primeras acepciones
del diccionario de la RAE:
- adj. Que se aplica en gran cantidad.
Sin.: numeroso, multitudinario.
- adj. Perteneciente o relativo a las masas humanas, o hecho por ellas. Emigración masiva. Ataque masivo. Manifestación masiva.
Sin.: multitudinario, colectivo, popular.
No hace falta ser
filólogo. Masivo significa que algo sucede en una cantidad muy grande, que
supera lo habitual y adquiere una dimensión extraordinaria. Deja tan claro su
dimensión que carece de superlativo.
El Gobierno parece
ahora reconocer que la entrada en Ceuta fue masiva, aunque, insiste, en
que desconocía el guarismo exacto de esa masa (81.372, por ejemplo).
Cabe preguntarse: Si ese adjetivo ya no refleja su verdadera magnitud, ¿qué
palabra es la correcta para describir lo ocurrido?
Hay palabras que
describen la realidad de los hechos y otras que parecen diseñadas para
suavizarlos y amoldarlos al relato. Con esta gente al mando, el lenguaje se
convierte en un escudo frente a las responsabilidades.
Primero fue una entrada
irregular. Después, una llegada imprevista de migrantes. Más tarde,
una entrada masiva. Y ahora parece que ‘masivo’ ya no es suficiente.
“Masivo” no significa
“lo que el Gobierno considere masivo”. La lengua no funciona así y “masivo”
significa y significará que afecta a una gran cantidad de personas.
Hasta ahora se entendía
que, si decenas de miles de personas cruzaban una frontera en menos de dos
días, estábamos ante un fenómeno masivo. Y si ese fenómeno ocurre en Ceuta,
frontera exterior de España y de la Unión Europea, su dimensión no es solamente
numérica: es también territorial, institucional y política.
Señor Sánchez, señor
Marlaska, ¿qué más necesitan?
Si “masivo” les parece
insuficiente, quizá deban aclarar qué entienden ustedes por una entrada masiva.
¿Es masiva la llegada de cien personas? ¿De mil? ¿De diez mil? ¿De setenta mil?
¿O solo lo sería cuando la magnitud de la crisis hiciera imposible seguir
defendiendo que se trató de una situación gestionada con normalidad?
Por otra parte, si
seguimos dispuestos a ser el país solidario y acogedor por excelencia, ¿no
ponemos límites? Y si los ponemos, en qué cifras: ¿ochenta mil, ochocientos
mil, ocho millones? ¿O somos tan solidarios y buenos, buenísimos, que estamos
dispuestos a acoger a los más de ochocientos millones de personas que están en
la extrema pobreza a nivel planetario, según el Banco Mundial?
No se trata de discutir
sobre adjetivos. Se trata de explicar los hechos. Si hubo avisos, hay que saber
quién los recibió y eso ya lo conocemos: todos los que los tenían que recibir.
Si existieron informes, hay que saber qué decían y, sin conocer los no desclasificados,
sí hemos sabido que los servicios de inteligencia hicieron extraordinariamente
bien su trabajo. Si hubo una previsión de entrada masiva, hay que averiguar qué
medidas se adoptaron y, a la vista de los acontecimientos, está claro que ninguna.
Y si todo eso ocurrió,
alguien tendrá que explicar por qué. Bueno, eso ya es más complicado conociendo
al equipo al mando, porque, claro que un gobierno no tiene el deber de adivinar
el futuro, pero sí tiene la obligación de responder por sus decisiones y de
explicar a los ciudadanos cómo actuó -o dejó de actuar- ante una situación
extraordinaria.
Porque “masivo” no es
un insulto. No es una acusación. No es una etiqueta partidista. Es una
descripción.
El gobierno sanchista
ha desarrollado una peligrosa habilidad: cuando la realidad incomoda, se
intenta modificar el vocabulario: no se habla de crisis, sino de situación
compleja; no se habla de fracaso, sino de dificultades; no se habla de
responsabilidad, sino de contexto.
Y cuando la entrada es
MA-SI-VA, parece que la palabra se quedara corta y hubiera de buscarse una que
defina el caos de una manera superior, como si el adjetivo pudiera limitarse
para evitar que la realidad resulte demasiado incómoda.
Señor presidente del
Gobierno, señor ministro del Interior, porque todavía hay gente que no
conseguís pastorear: Masivo significa que algo afecta a una gran cantidad de
personas. No significa pequeño, anecdótico ni administrativamente
manejable. Significa, precisamente, que la cantidad es tan importante que no
puede tratarse como un episodio ordinario. Y eso lo saben todos los miembros (y
miembras) del consejo de ministros; bueno, sin exagerar: no todos/as,
cierto es.
Los ciudadanos no necesitan adjetivos superlativos (masivísimo de momento no está reconocido). Necesitan respuestas proporcionadas a los problemas y que éstas no pasen por 35 días de vacaciones pagadas al presidente del gobierno o, como hizo ayer mismo el ínclito personaje, descargando la responsabilidad sobre el señor Vivas de los 3.000 menores, que ahora reconocen que deambulan por la ciudad autónoma; tampoco por un mando único que se limita a culpar a la misma persona, tirando de argumentario; o por un ministro dedicado a tuitear sus realidades paralelas al ganado dispuesto a engullirlas, caso del primer alcalde de Atapuerca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario