lunes, 5 de octubre de 2026

Sánchez desde Yuste: Esta es mi decisión de mañana

 



05/10/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo


(Mañana lunes, amado pueblo, os bombardearán con la decisión que he tomado y que os doy en primicia hoy)

 

Queridos socialistas y socialistos (incluyo, con las correspondientes disculpas, a catalanes y catalanas). En estos momentos trascendentales, os envío mi segunda misiva tras reflexionar unos días a vuestra costa:

Ya en abril de 2024 descubrí las posibilidades terapéuticas de desaparecer unos días mientras todos especulabais sobre mi futuro. ¡Dais pena… pero sois así!

Me divertí tanto que he decidido reincidir en la fórmula. Esta vez, inspirándome en mi homólogo Carlos V, he buscado un retiro sobrio, austero y alejado del mundanal ruido: Yuste.

Con una pequeña diferencia: al contrario del gantés, que apenas contaba con un reloj rudimentario, este emperador cuenta con tres móviles, más los dos de Bego, cinco plasmas, varias televisiones masajeándome y un equipo de asesores monitorizando 24/7 todos mis delirios que, como diría mi especialista, no son pocos.

Sabéis que, según fuentes bien informadas, desde mi retiro contemplo la posibilidad de dimitir o de convocar elecciones. ¡Jo, jo! Perdón.

Inevitablemente, en estos momentos pongo todos mis pensamientos en el viejo emperador, aunque con algunas diferencias históricas. Él abdicó y se vino aquí. Yo me retiro para haceros creer que vengo a pensar si me marcho mientras permanezco en el poder.

Es, en cierto modo, una versión contemporáneamente sanchista de la abdicación: abdicar de la decisión de abdicar. Ya os lo adelanto, mis queridos hooligans.

Como bien sabéis los inquilinos de las Casas del Pueblo, yo no conjugo el verbo dimitir, pero hay una cuestión que me preocupa especialmente: las elecciones. No por el resultado, que eso parece garantizado, según me certifican embajadas y consulados de las Indias. Lo que verdaderamente me preocupa es el calendario. Porque, como cualquier estratega electoral sabe, convocar elecciones no consiste simplemente en decir “convoco elecciones”. Hay que mirar fechas, padrones, circunstancias y, sobre todo, a quién demonios metemos en el censo, importándome un carajo una higa todo lo demás.

Os cuento en primicia: todo estaba decidido hace un par de semanas, hasta que los fachas del Supremo vinieron a suspender cautelarmente la inscripción en el CERA de los millones de españoles que he recolectado en Hispanoamérica. Tan españoles como tú y como yo, conocedores de nuestra Historia mejor que un bachiller actual, lo que por otra parte no es difícil.

Y, claro, al lograr llenar las calles de titiriteros y chiripitifláuticos, me surgió una duda razonable: ¿convocar ahora? ¿Con españoles que todavía no saben si podrán votar o no? Pero, tranquilos, os brindo la respuesta anticipada: ¡Pero estamos locos! No, no, no. De ninguna manera, entendedme: ¿Quién aprobaría que, después de haber ampliado el censo con la ley de nietos, me vaya a presentar a unas elecciones con el censo en obras y paralizado?

Os revelo también que me desternillo desde este retiro, contemplando con satisfacción el espectáculo: oposición, gobierno, tribunales, tertulianos, constitucionalistas, juristas y hasta vosotros mismos haciendo apuestas electorales. Todos esperando mi decisión: todos, todos. ¡Empátame eso, Carlos! (Disculpad que me dirija al emperador en medio de nuestra conversación).

Sí quiero confesaros que sigue provocándome especial hilaridad preocupación en este retiro presidencial el asunto de la vivienda y, especialmente la situación de la inquilina burguesa desahuciada, Maricarmen. Os reconozco que, sin mover un músculo durante mi reinado gobierno, el problema ha ido creciendo hasta convertirse en la principal de las preocupaciones de los españoles. Y ahora, que mediante dos decretos leyes en 72 horas, me ha dado por afrontar la situación, ya sabéis el resultado: Carles, el de Waterloo, me ha puesto mirando pacuenca, motivo de mi retiro extremeño de este finde.

Menos mal que estáis ahí, mis amados súbditos incondicionales, dispuestos a manifestaciones y protestas en un revolutum de alaridos de jóvenes, inquilinos y pensionistas, alrededor de alquileres, precios y propietarios.

Mientras escucho los pajarillos en este monasterio que me pagan los españoles con sus impuestos, no tengo más remedio que seros leales y, a modo de confidencia, deciros:  “Me tiro ocho años tocándome los cojones trabajando con respecto a los problemas de la vivienda y ahora vienen mis perroflautas y titiriteros sectarios partidarios para tirarse a las calles y darme la razón”. Sois un encanto.

A estas alturas, ya me conocéis, no reflexiono sobre si dimitir o convocar elecciones, sino sobre cómo hacer que parezca que estoy reflexionando sobre dimitir o sobre si convocar elecciones. Aunque me lo ponéis fácil, mi querido ganado lanar.

De vez en cuando, alguno de los 85 asesores que me he traído, responden a mi pregunta, que repito cada veinte minutos:

“—¿Qué dicen el pueblo y los medios de la fachosfera?

—Que está usted reflexionando.

—¿Y sobre qué dicen que estoy reflexionando?

—Que probablemente está usted pensando en dimitir o en convocar elecciones.

—¿Y si no dimito?

—La noticia será recibida con enorme sorpresa por nadie.

—¿Y si no convoco?

—Entonces dirán que lo de la reflexión era otra estrategia”.

Lógicamente, esto solo me da pie para seguir rumiando y cavilar, mientras me hincho de falsa vanidad: “Una España que pide vivienda, una oposición que quiere elecciones, unas Cortes que me flagelan, un Supremo que quiere acabar con el derecho de mis panchitos al voto… Y un país entero esperando al lunes para saber qué hará el emperador presidente Pedro Sánchez, o sea yo”.

Y vosotros tenéis el enorme privilegio de saberlo un día antes: mientras oteo el horizonte y una cigüeña cruza el cielo extremeño, dedico un instante a hacer como el que se pregunta: ¿Dimitir yo? ¿Convocar elecciones yo?

—No tengo cojones.

domingo, 4 de octubre de 2026

Otra infamia gratis desde el atril del Congreso

 


04/10/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

“Si cada vez que el Gobierno necesita una mayoría parlamentaria puede negociar excepciones territoriales, España corre el riesgo de convertirse en un catálogo creciente de particularidades y de entendibles confrontaciones… a las que, por otra parte, nos está llevando este gobierno con su forma de discurrir”

 

Hay expresiones que desnudan mucho más a este gobierno que media docena de sentencias del Tribunal Supremo o de la Audiencia Nacional. La afirmación ayer en el Congreso de la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, de que los diputados de Junts pueden estar tranquilos porque el nuevo decreto de vivienda “no afecta a Cataluña” es una de ellas. Además de mostrar sus vergüenzas, al tiempo desvelan la infamia y la vileza de su particular manera de gobernar.

Cierto es que la Constitución permite que las comunidades autónomas ejerzan determinadas competencias con arreglo a sus Estatutos. Aquí, sin embargo, el problema es otro: ¿qué queda del principio de igualdad ante la ley cuando un miembro del Gobierno de España presenta como argumento, únicamente para obtener votos: “¡tranquilos, catalanes!, que esto no os afecta”?

El artículo 14 de la Constitución proclama que “los españoles son iguales ante la ley”. Y el artículo 139.1 establece que todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio del Estado. Naturalmente, eso no significa que todas las comunidades autónomas tengan que tener exactamente las mismas leyes. El propio sistema constitucional contempla diferencias competenciales y normativas.

Pero hay una diferencia esencial entre una desigualdad normativa derivada del reparto constitucional de competencias y una excepción territorial convertida en moneda de cambio parlamentaria. Y ahí es donde las palabras de la ministra resultan especialmente ofensivas e indecentes.

El nuevo real decreto-ley, que desde ayer es papel mojado, establece una regulación estatal sobre los alquileres de temporada y por habitaciones, mientras que su propio texto respeta las competencias autonómicas existentes. Cataluña cuenta, además, con una regulación específica en esta materia. Jurídicamente, por tanto, existe una explicación para que el régimen no sea idéntico en Cataluña y en otras comunidades. Cuestión que ya había tenido en cuenta el gobierno en sus negociaciones para conseguir ese equilibrio de contentar a la extrema izquierda en toda España y a la extrema derecha independentista de los territorios forales.

Pero si esa fuera únicamente la explicación, ¿por qué convertirla en un vergonzoso argumento hecho desde la tribuna del Congreso dirigido específicamente a Junts? Porque una cosa es haber dicho: “Cataluña tiene determinadas competencias y esta norma estatal las respeta” y otra muy distinta es decir: “Serénense: esto no les afecta; esto solo va dirigido a la España de segunda división”.

Supongamos que un propietario de Sevilla o de Málaga que pretenda arrendar su segunda vivienda, con tan buena voluntad como desconocimiento de la legalidad, pregunta por qué tiene que someterse a una determinada regulación estatal mientras un propietario de Gerona queda sometido a otra regulación diferente.

El Gobierno podría responder legítimamente que existen competencias autonómicas y que la Constitución permite esa diversidad normativa. Perfecto. La explicación debe ser exactamente esa: competencia, Constitución y Estatuto de Autonomía. La que nunca debería ser es “Los gerundenses pueden estar tranquilos porque Cataluña queda fuera de esta infame decisión”.

Las palabras de la ministra dejaron bien clarito que la cuestión deja de ser exclusivamente jurídica y pasa a ser política, desfavoreciendo o beneficiando a una parte de la población según se vote. Y esa cuestión, más que política, resulta asquerosa.

La pregunta, por tanto, resulta inevitable: ¿la diferencia existe porque la Constitución distribuye las competencias de esa manera o porque el Gobierno necesita los votos de un partido territorial? Si la respuesta es la primera, la ministra debería haber explicado la cuestión en esos términos a todos los españoles… aunque sea mejor que lo haya evitado, a la vista de sus dificultades lectoras puestas de manifiesto tras la finalización del Consejo de Ministros que aprobó los dos decretos rechazados ayer. Si la respuesta política es la segunda, entonces el Gobierno está reconociendo sin pudor alguno un criterio extraordinariamente preocupante en la elaboración de las normas: que la aplicación territorial de la legislación puede formar parte de la negociación necesaria para conseguir una mayoría parlamentaria.

Si cada vez que el Gobierno necesita una mayoría parlamentaria puede negociar excepciones territoriales, España corre el riesgo de convertirse en un catálogo creciente de particularidades y de entendibles confrontaciones… a las que, por otra parte, nos está llevando este gobierno con su forma de discurrir.

La Constitución permite la diversidad territorial. Lo que no debería convertirse en norma política es que la diversidad se transforme en un privilegio negociado a la carta para mantener en el sillón al gobierno con menos apoyo de la democracia.

Una comunidad obtiene una excepción porque sus diputados son decisivos. Otra reclama la suya. Una tercera exige una compensación distinta. Y poco a poco las leyes estatales dejan de percibirse como reglas generales para convertirse en el resultado de una subasta parlamentaria.

Ese proceso tiene una consecuencia especialmente dañina: erosiona la confianza de los ciudadanos en la igualdad de las reglas y deroga de facto, sin necesidad de reforma constitucional, el citado artículo 14.

Ya lo dijo Miarfonzo en relación con el ataque de este gobierno a nuestra máxima norma: “No es necesario modificar la Constitución -a la que comparó acertadamente con un chorizo- con arreglo al título X; basta con (re)cortarlo lonchita a lonchita, para dejarlo en un pellejito colgando de la guitita”.

Y todo ello a cambio de siete votos. ¡Sánchez, por siete votos tienes…!

jueves, 1 de octubre de 2026

¡Confidencial! Acta del Consejo de Ministros de ayer

 



01/10/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

[Yolanda]: “La izquierda plural es compleja, pero se lo traga todo y tenemos que cabalgar contradicciones continuamente. La política moderna tiene estas cosas. Los socialdemócratas estáis muy lejos de entenderlo”

 

El artículo 5.3 de la Ley 50/1997, de 27 de noviembre, del Gobierno, establece literalmente: “Las deliberaciones del Consejo de Ministros serán secretas”.  El 18.4 de la misma Ley ordena que de las sesiones se levante acta, cuyo contenido estará limitado a las circunstancias de tiempo y lugar, los asistentes, los acuerdos adoptados y los informes presentados.

Reservándonos las fuentes, hoy ofrecemos en primicia la transcripción del acta de la reunión de ayer en la que se debatió el Decreto Maricarmen:

 

Palacio de La Moncloa. Consejo de Ministros, Ministras y Ministres del 29 de septiembre de 2026.

Asunto: Decreto-Ley urgente para solucionar el desahucio de Maricarmen.


Hora de inicio prevista: 8:03.

Hora de inicio real: 9:15.


Hora prevista de finalización: 8:15.

Hora real de finalización: cuando acaben las amenazas de dimisión de Yolanda.

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09:15 — APERTURA DE LA SESIÓN

SÁNCHEZ: Buenos días. Por fin, hoy ha llegado el día y vamos a aprobar el decreto Maricarmen.

BOLAÑOS: El que evita su desahucio y evitará los del futuro.

SÁNCHEZ: Sí, dilecto Félix.

BOLAÑOS: Pues siento decirte que no tengo ni idea de cómo hacerlo.

SÁNCHEZ: Eso lo decidimos después. Primero, en un gobierno por mí presidido, lo primero que tenemos que determinar es quién tiene la culpa.

YOLANDA: ¿El casero?

SÁNCHEZ: No.

ÓSCAR: ¿Los bancos?

SÁNCHEZ: Tampoco.

PUENTE: Te veo venir, jefe: la oposición.

SÁNCHEZ: Evidentemente.

PUENTE: Perfecto. Ya tenemos exposición de motivos.

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09:22 — INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE

SÁNCHEZ: Quiero poner las cosas en contexto histórico. El problema de la vivienda no comenzó ayer.

ROBLES: Correcto.

SÁNCHEZ: Tenemos que remontarnos a Felipe González y a Boyer.

PUENTE: ¿Vamos a solucionar el desahucio de Maricarmen viajando en un DeLorean DMC-12 hasta 1985?

SÁNCHEZ: No hagas demagogia, que te encanta.

PUENTE: Presidente, es que llevamos cuatro minutos hablando de Boyer, tan fascista como el que le nombró ministro.

SÁNCHEZ: Tenemos que hacer un esfuerzo y entender cómo determinadas políticas socialistas de vivienda contribuyeron a configurar el mercado actual y cómo evolucionaron los alquileres.

PUENTE: Maricarmen tiene una orden de desahucio que la tiene en un hospital público, de Ayuso, y nosotros jugando con la máquina del tiempo.

SÁNCHEZ: No es una máquina del tiempo. Es memoria democrática aplicada a la vivienda.

PUENTE: Ah. ¡Qué cabeza más privilegiada! (Mientras, se pelea con su iPhone) “Aquí otra vez en el Consejo, en plena armonía solucionando los problemas de la gente. Seguid mamando. #GobiernoDeProgreso”. Enviar.

SÁNCHEZ: Y además quiero dejar claro que no se puede responsabilizar para nada a las políticas actuales; es un problema acumulado durante décadas.

ROBLES: Eso sí es cierto.

SÁNCHEZ: Gracias, Margarita.

ROBLES: No he terminado… Solicito la palabra.

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09:35 — INTERVENCIÓN DE DOÑA MARGARITA

ROBLES: Ya que hablamos de historia, convendría recordar que durante el franquismo existieron políticas públicas de construcción masiva de vivienda y promoción de vivienda protegida y de alquileres de bajo coste.

PUENTE: No, no, eso es falso.

ROBLES: No he acabado.

PUENTE: Es que no hace falta que sigas. Por ahí no.

ROBLES: Como jurista de prestigio, tengo que recordar aquí que la renta antigua se creó por la Ley de Arrendamientos Urbanos de 31 de diciembre de 1946; sí, en los albores del régimen franquista: el casero estaba obligado a prorrogar el contrato indefinidamente contra su voluntad, y la renta realmente quedaba congelada. Este régimen no sólo se derogó, sino que se consolidó con el Texto Refundido de la LAU de 1964, establecido por el Decreto 4104/1964, de 24 de diciembre, cuando España era la octava potencia mundial.

Tuvimos que llegar nosotros, es decir el PSOE, para que con el RD-Ley 2/1985, de 30 de abril (Decreto Boyer), se eliminara la prórroga forzosa para los contratos que se firmaran a partir de entonces, no para los anteriores. Por eso, todos los contratos firmados antes del 9 de mayo de 1985 son de renta antigua. Y fuimos también nosotros los que, mediante la Ley 29/1994, de 24 de noviembre (LAU), les pusimos límites a la subrogación para que esos alquileres se fueran extinguiendo poco a poco.

En definitiva, os guste o no, durante el franquismo existió una política de construcción masiva de viviendas protegidas y de promoción de vivienda de bajo coste. Se cuentan por millones.

SÁNCHEZ: ¡Vale, ahora viene el Cara al Sol! (Entre dientes, aunque se le pudo oír): ¡Maldita pájara!

PUENTE: ¡Margarita, ni que te hubiera nombrado Arias Navarro!

ROBLES: O Felipe González, que era nuestro presidente cuando se derogó todo esto.

PUENTE: ¡Acabas de reivindicar una política de vivienda franquista!

ROBLES: He descrito una realidad política histórica y sus resultados materiales. No he reivindicado ese régimen.

PUENTE: ¡Eso es exactamente lo que diría una persona que vive en una realidad paralela!

ROBLES: ¿Me estás llamando mentirosa? ¿Tú, Óscar, tú?

PUENTE: Sí.

ROBLES: ¿Y facha?

PUENTE: También y fascista, directamente.

SÁNCHEZ: ¡Óscar!

PUENTE: ¿Qué?

SÁNCHEZ: Estamos intentando aprobar un decreto.

PUENTE: Y yo estoy ayudando.

SÁNCHEZ: ¿Llamándola facha?

PUENTE: Pues observo en la mesa un consenso generalizado.

SÁNCHEZ: Tranquilízate de una vez, después te quejas cuando te comparan con el primer alcalde de Atapuerca.

ROBLES: Yo solamente digo que conviene analizar por qué aquello funcionó y por qué determinadas políticas fueron posteriormente derogadas o sustituidas… por nosotros.

SÁNCHEZ: ¡A mí no me compares con Felipe!

PUENTE: Lo digo y lo mantengo: ¡Realidades paralelas! ¡Vives en tu mundo franquista y no puedes evitarlo!

ROBLES: ¡Es Historia!

PUENTE: ¡Es propaganda!

ROBLES: ¡Datos!

PUENTE: Presidente, estamos ante un caso gravísimo.

SÁNCHEZ: ¿De qué?

PUENTE: Margarita está utilizando datos: DA-TOS. Estamos perdidos, nosotros somos más de bulos y triquiñuelas.

ROBLES: ¿Y eso qué significa?

PUENTE: Que si los datos no encajan con el relato, habrá que buscar otro universo.

ROBLES: Presidente, no puedo tolerar esto.

PUENTE: ¡Franquista! ¡Eso es lo que eres!

SÁNCHEZ: ¡Óscar!

PUENTE: No sé a qué esperas para echarla… Ahora esto y la semana pasada lo de Ceuta, que nos dejó a todos con el orto bien ventilado.

(Silencio sepulcral, Margarita infla los mofletes -más aún-, Puente gesticula arqueando los brazos hasta situar sus manos bajo las axilas…)

PUENTE: Bueno, pero “buscadora de realidades paralelas” sí puedo decirlo, ¿no?

SÁNCHEZ: Sigamos. Pero que quede claro que este Gobierno no reivindica el franquismo, aunque hiciera millones de viviendas para los más necesitados. Y si lo hizo, es que nos copió ¡Viva la Revolución!

(Nadie responde, aunque se miran unos a otros meneando la cabeza)

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09:59 — INTERVENCIÓN DE DOÑA YOLANDA DÍAZ

(La vicepresidenta reposa sus codos sobre una carpeta titulada: “DIMISIÓN DEFINITIVA - VERSIÓN 17. Ahora sí”)

SÁNCHEZ: Yolanda, estás muy callada. ¿Tú qué dices?

YOLANDA: No. Yo solo hablo cuando considero que las circunstancias políticas requieren mi presencia.

PUENTE: Pues son las diez y algunos a estas horas ya nos hemos ganado el sueldo.

YOLANDA: Pues por eso. Ahora es el momento de la haute politique que yo represento.

SÁNCHEZ: Yolanda, te dije que te olvidaras de ese francés de BUP estilo Luis Fernández. Recuerda: OIT-english, OIT-english, OIT-english… A ver, ¿qué propones?

YOLANDA: Lo dejo clarito desde el principio: si este Gobierno se pierde en discusiones estériles y no garantiza una solución digna para Maricarmen y para todas las maricármenes de este país y, además, una prórroga para los alquileres, yo dimito.

(Silencio al principio y descojonamiento colectivo a renglón seguido)

SÁNCHEZ: ¿Otra vez, Yoli?

YOLANDA: Sí.

ROBLES: ¿De verdad?

YOLANDA: De verdad.

PUENTE: ¿Pero de verdad de verdad de las buenas?

YOLANDA: De las buenas.

SÁNCHEZ: ¿Y te vas?

YOLANDA: Sí.

SÁNCHEZ: ¿Del Gobierno?

YOLANDA: Sí.

SÁNCHEZ: ¿Y adónde?

YOLANDA: A Galicia.

SÁNCHEZ: De acuerdo, si es tu deseo…

YOLANDA: Bueno, veréis, tampoco hace falta tomar decisiones precipitadas. Pero quiero que quede constancia de que, tal y como salga de aquí, me iré a la Puerta del Sol a manifestarme.

SÁNCHEZ: ¿Manifestarte?

YOLANDA: Sí.

PUENTE: ¿Contra quién?

YOLANDA: Contra las políticas de este Gobierno, incapaz de aprobar dos decretos leyes fundamentales.

SÁNCHEZ: ¿Este Gobierno?

YOLANDA: Sí.

SÁNCHEZ: Del que formas parte.

YOLANDA: Sí.

SÁNCHEZ: ¿Como vicepresidenta?

YOLANDA: Sí.

PUENTE: Esto empieza a ser conceptualmente complicado para un homo antecessor.

YOLANDA: La izquierda plural es compleja, pero se lo traga todo y tenemos que cabalgar contradicciones continuamente. La política moderna tiene estas cosas. Los socialdemócratas estáis muy lejos de entenderlo.

ROBLES: ¡Oye, un respeto, que soy de Jueces para la Democracia!

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10:15 — SOMETIMIENTO A VOTACIÓN DEL PRIMER DECRETO

SÁNCHEZ: Bien, de acuerdo. Vamos al texto del primer Decreto-Ley.

BOLAÑOS: Artículo primero: “Se establecerán mecanismos extraordinarios para evitar situaciones de especial vulnerabilidad habitacional”.

YOLANDA: Hay que añadir “urgentes”.

BOLAÑOS: ¿Urgentes? ¿Cómo de urgentes?

YOLANDA: Sí. Pues urgente, urgentísimo.

BOLAÑOS: Ya dice extraordinarios.

YOLANDA: Pues “extraordinariamente urgentes”.

PUENTE: Yo pondría “históricamente urgentes”.

ROBLES: Así nos quedaría una norma de lo más franquista.

PUENTE: ¡Oye, sin insultar!

ROBLES: No es un insulto. Solo es comparar ambas legislaciones.

BOLAÑOS: Bueno, ¿votos a favor?: 1, 2, 3… 20 y 21. ¿Abstenciones? ¿A ver, por qué Yolanda?

YOLANDA: Lo he dicho: de aquí me voy a Sol. ¿Quieres que me zurren? Malo será que no consigamos que Puigdemont apoye al menos uno de los decretos-leyes.

BOLAÑOS: ¡Uf!, ¿votos en contra? Elma, ¿por qué?

ELMA: No tengo por qué decirlo. Además, tengo que salir ahí ahora a poner la cara.

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10:35 — DECRETO-LEY MARICARMEN

SÁNCHEZ: Son más de las diez y media y todavía no me he montado hoy en el Falcon. ¿Qué hacemos con Maricarmen?

BOLAÑOS: Podríamos establecer que los contratos que estén vigentes y terminen antes de fin de año podrán solicitar una prórroga extraordinaria de hasta dos años, bajo determinadas condiciones.

YOLANDA: No empezamos mal.

SÁNCHEZ: Lo peor es que esto lo tiene que aprobar Puigdemont. Habría que darse un paseíto por Waterloo y ya no tengo cerca a Santos.

BOLAÑOS: Pero estamos reunidos hoy, 29 de septiembre, para aprobar el Decreto-ley.

SÁNCHEZ: Da igual, lo aprobamos hoy y lo redactamos mañana o pasado.

PUENTE: ¿Y si las condiciones de Maricarmen no encajan?

BOLAÑOS: Se estudia hasta que encaje.

PUENTE: ¿Y quién lo estudiará?

BOLAÑOS: Una comisión.

PUENTE: ¿De cuántos miembros?

BOLAÑOS: Todavía no lo sabemos.

SÁNCHEZ: Que sean siete.

ROBLES: ¿Por qué siete?

SÁNCHEZ: Porque seis parece poco y ocho parece demasiado. Siete son suficiente para enredar, no hacer nada y que la gente se olvide.

BOLAÑOS: Y aprovecho para anunciar que ambos decretos-leyes irán a convalidación al Congreso el próximo 2 de octubre.

YOLANDA: ¿Este viernes? Pues yo así no estoy satisfecha.

SÁNCHEZ: ¡Uf!, Yoli, te lo digo con cariño: te recomiendo mi psiquiatra. A ver, ¿qué faltaría que te satisfaga?

YOLANDA: Una garantía política.

PUENTE: ¿Otra amenaza de dimisión? (Gritó mientras otra vez aporreaba su iPhone) “Una vicepresidente rubia y comprometida. Hay gobierno para rato. #GobiernoDeProgreso”. Enviar.

YOLANDA: No. La garantía es que dimitiremos todos si de aquí al viernes la comisión no hace su trabajo.

SÁNCHEZ: ¿Dimitir? Claro, nosotros al guano y tú a la OIT. ¡Qué lista! ¡Anda y que te den, Yoli!

YOLANDA: Es que…

SÁNCHEZ: ¡Venga ya, dimite de una puñetera vez, si tienes coj… lo que hay que tener!

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11:07 — ACUERDO FINAL (RESUMEN)

Después de tres cafés, dos discusiones históricas, una acusación de franquista, tres de facha y cuatro amenazas de dimisión, se alcanza el siguiente consenso:

  1. Maricarmen no será abandonada a su suerte.
  2. Se aprueban los decretos-leyes a la espera de que los vascos y los catalanes nos los santifiquen el viernes, previa negociación.
  3. Se creará una comisión para estudiar las condiciones de Maricarmen, cuyos resultados se incorporarán a este decreto-ley que aprobamos hoy, con carácter retroactivo.
  4. Se debatirá quién tiene la culpa, aunque este gobierno lo tiene claro: Felipe, Boyer (QEPD), Franco, por jugar a comunista y, naturalmente, la derecha reaccionaria.
  5. El gobierno seguirá culpando a las políticas de vivienda de hace décadas, que ahora quieren revivir los nostálgicos como la Ministra de Defensa.
  6. Óscar seguirá preocupado por todo menos por las infraestructuras y únicamente en horario laboral.
  7. Yolanda anuncia (otra vez) que dimite.
  8. Yolanda (otra vez) no dimite.
  9. Yolanda anuncia que se manifestará contra el Gobierno.
  10. Yolanda confirma que seguirá en el Gobierno mientras se manifiesta contra el Gobierno.
  11. Y, encima, por todo esto nos pagan.

FIN DEL ACTA

martes, 29 de septiembre de 2026

Sánchez vuelve al diván: “Un estudiante de Harvard me hizo unas preguntas”

 



29/09/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo

 

‘Le expliqué que ya tomé medidas contra los corruptos de mi partido y que lo de mi esposa y mi hermano “es otra cosa”; ellos no son culpables’

 

— Hombre, don Pedro. ¡Cuánto tiempo!

— No sabe cuánto necesitaba volver a verle.

— A ver, la última vez estaba bastante alterado. Túmbese.

— Sí, fue después de los cuatro fachas que salieron a la calle por lo de Ceuta.

— Sí. Y fue incapaz de reconocerme que había españoles que se manifestaban sin que nadie los convocara desde Ferraz.

— Aquello fue un episodio aislado.

— Y desde entonces, ¿qué ha pasado?

— He viajado.

— Eso no es novedad. El Falcon tiene que pasar la ITV cada seis horas ¿Y ha viajado mucho?

— Internacionalmente, pero esta vez me he cogido el Airbus.

— Eso no responde a la pregunta.

— Pero mejora mi currículum.

— ¿Estados Unidos?

— Sí.

— ¿Qué tal la reunión con Trump?

— No, a ese no lo vi, mejor dicho: no quiere verme.

— ¿Y con quién estuvo entonces?

— Con el alcalde de Nueva York.

— Ah.

— Zohran Mamdani, socialista y musulmán.

— Ya, como Fátima Hamed en breve.

— Un encuentro magnífico. Dos líderes progresistas hablando de economía, vivienda, igualdad...

— ¿Y no asistió Trump a un encuentro de ese nivel?

— No estaba invitado.

— ¿A la reunión?

— A mi realidad política.

— Comprendo, va mejorando.

— Después fui a Naciones Unidas.

— ¿Y qué tal?

— Histórico.

— ¿Le ovacionaron?

— Digamos que no, pero hubo una gran movilidad diplomática.

— ¿Movilidad?

— La gente se levantaba y salía como si no le interesaran las palabras del nuevo líder mundial, aquí presente, aunque esté feo reconocerlo.

— ¿Salieron durante su discurso?

— Sí, tendrían que hacer sus necesidades. Si no, nadie lo entiende.

— ¿Tantos desaguando a la vez?

— Bueno... quedaron los justos para demostrar que España sigue siendo una potencia internacional.

— ¿Cómo ha llegado a esa conclusión?

— Porque para que abandonen una sala durante tu discurso tienes que tener una audiencia, pedir permiso y… lo pidieron.

— Don Pedro...

— ¿Sí?

— Eso no es exactamente lo que significa dar una audiencia.

— Doctor, no empecemos con tecnicismos. El caso es que levantaron la mano como en el cole y les dimos la venia.

— ¿Y después?

— Un estudiante de Harvard me hizo unas preguntas.

— ¿Sobre sus políticas?

— No exactamente.

— ¿Sobre qué?

— Corrupción… mi esposa… mi hermano…

— ¿Qué más?

— Y Ceuta.

— ¿Y usted qué le dijo?

— Le expliqué que ya tomé medidas contra los corruptos de mi partido y que lo de mi esposa y mi hermano “es otra cosa”; ellos no son culpables.

— Bueno, su hermano ha sido condenado por la Audiencia de Badajoz.

— ¡Bah! Eso lo arregla mi Cándido sin necesidad de afeitarse.

— ¿Y eso fue todo?

— No. También le expliqué que la tecnooligarquía amenaza la democracia.

— Tecnooli… Bien ¿Y cómo se sintió después de todo eso?

— Me quedé con la sensación de que había ido a una conferencia y había terminado en una comisión de investigación.

— Y esa situación, ¿le puso nervioso?

— ¿Yo nervioso? No.

— Don Pedro…

— Bueno, un poco.

— ¿Cuánto?

— Lo suficiente para echar de menos una pregunta sobre cambio climático, que llevo dos meses preparada y no hay manera de largarla.

— Y, después, volvió a España.

— Sí.

— ¿Tranquilo, más relajado?

— Eso creía.

— ¿Qué pasó?

— Maricarmen.

— ¿Maricarmen?

— Una señora a la que habían desahuciado en aplicación de la ley de vivienda felipista.

— ¿Y qué hizo usted?

— Lo normal en mí.

— Recuérdeme que es lo normal.

— Nada. Lo de siempre: culpar a Ayuso y a Almeida. Bueno, sí, también condené el desahucio desde Nueva York.

— ¿Estaba en Nueva York todavía? ¿No dice que había vuelto?

— Sí, bueno, yo qué sé. No sé ni donde estoy ahora, ni si he venido en Falcon o en el Super Puma. ¿Dónde cojones estoy?

— En el diván, tranquilícese.

— Gracias.

— ¿Y de las competencias sobre vivienda…?

— Dije que era una tragedia social que no podíamos aceptar como país.

— Una frase contundente.

— Gracias.

— ¿Y solucionó usted el problema?

— No, pero ¡qué más puedo hacer!

— ¿Pero, al menos, lo condenó?

— Enérgicamente.

— Entonces hemos avanzado muchísimo.

— Eso pienso yo.

— ¿Y qué ocurrió después?

— Manifestaciones.

— ¿Otra vez?

— En varias ciudades.

— ¿Y esta vez contra quién?

— Contra el desahucio de Maricarmen.

— ¿Y qué sintió usted?

— Una sensación extraña.

— ¿Cuál?

— Que la gente se manifestaba sin haber recibido el argumentario de quién era el culpable.

— ¿Y quién lo era?

— Según Maricarmen, yo.

— ¿Usted?

— Eso dijo.

— ¿Y usted qué pensó?

— Que aquello era profundamente injusto.

— Ya, el desahucio.

— No, eso no, que me culpara a mí.

— Don Pedro...

— ¿Qué?

— Quizá el problema no sea que le culpen de todo.

— ¿Entonces?

— Quizá el problema sea que usted sea el problema.

— Eso es absurdo.

— En Nueva York habló usted de vivienda, en la ONU de derechos humanos, en Harvard de corrupción y tecnología.

— Sí, sí a todo.

— Y en España, mientras tanto, se encontró una manifestación alrededor de una señora que decía que es usted el responsable de su desahucio.

— Sí.

— ¿No ve un patrón?

— Claro.

— ¿Cuál?

— Que tengo una agenda internacional impresionante, que ya quisiera para sí Donald Trump.

— No.

— ¿Que la derecha me persigue? ¿Que los medios están obsesionados conmigo?

— Tampoco.

— ¿Qué, entonces?

— Más fácil: que quizá el mundo no gira alrededor de usted.

— Doctor...

— ¿Sí?

— ¿Podría repetir eso?

— Quizá el mundo no gire alrededor de usted.

— Un lápiz, necesito apuntarlo.

— ¿Por qué?

— Para incluirlo en mi próximo discurso: “La amenaza global de un mundo que no entiende a su líder.”

— Cita para la semana que viene, sin excusas, ni cumbres internacionales.

— ¿Tan mal me ve?

— No peor que otras veces.

— ¿Entonces?

— Es que dentro de siete días probablemente habrá habido otras manifestaciones.

— ¿Otra vez contra mí?

— No necesariamente.

— Ah.

— Ese es precisamente el aspecto que tenemos que trabajar, don Pedro.


viernes, 25 de septiembre de 2026

Alerta máxima: ¡un arma en el Congreso!

 



25/09/26. Mi colaboración de ayer en Sevillainfo


“Mientras Indalecio Prieto amartilló un arma de fuego en plena bronca parlamentaria, Ana Vázquez mostró un aerosol para denunciar una situación de inseguridad”


Ayer, la Presidenta del Congreso de los Diputados localizó, neutralizó y expulsó del pleno una de las grandes amenazas que, hasta ahora, ha sufrido la democracia española.

Hay que agradecer tanto la rápida intervención como la perspicacia del CNI que, apenas cinco minutos después de que una diputada popular blandiera el arma, informó a Francina Armengol del potencial peligro pimentero.

En estos tiempos convulsos, cuando cualquier cosa puede poner en peligro la estabilidad de las instituciones, alguien tiene que estar pendiente de que no se cuele un arma de destrucción masiva en el hemiciclo. Y ahí estuvieron, prestos, los informes de los servicios de inteligencia… los mismos que, según el propio gobierno con la excepción de su responsable, no llegaron el 30 de julio a Ceuta.

Esta vez sí que la amenaza era realmente temible: un spray de pimienta. Y es que Ana Vázquez, diputada del PP, tuvo la osadía de mostrar en el Congreso un aerosol para denunciar que una gran mayoría de mujeres de Ceuta los están utilizando para defenderse de posibles agresiones. La Presidencia, WhatsApp mediante, con admirable rapidez, identificó el peligro, activó el Reglamento y expulsó a la diputada.

A estas horas se desconoce si hubo que evacuar el palacio, poner en alerta a los servicios de seguridad o avisar a la OTAN. Pero, por si acaso, el spray fue tratado con la solemnidad que merece una auténtica pieza de artillería parlamentaria.

Porque no estamos hablando de cualquier riesgo. Estamos hablando de gas pimienta. Una sustancia de tal peligrosidad que, exhibida a varios metros de distancia, puede aparentemente poner en jaque la seguridad del Estado. Un bote diminuto, con aspecto de ambientador de bolsillo, convertido por obra y gracia de la tercera autoridad del Estado en una amenaza institucional de primer orden.

Para colmo de males, la diputada no roció a nadie, ni siquiera amenazó a un ujier. Simplemente pretendía exhibir el objeto para utilizarlo como “argumento político”. Y ahí se encontró precisamente con el problema: el spray era la prueba palpable de algo incómodo para quienes continúan hablando hoy de normalidad en la ciudad.

En el Congreso puede -y debe- discutirse sobre delincuencia, seguridad, inmigración, igualdad o cualquier otra cuestión si el gobierno tuviera las agallas de comparecer. Lo que resulta más complicado es tener delante un objeto que simboliza una pregunta bastante sencilla: ¿por qué hay mujeres que sienten que necesitan llevar un spray de pimienta para defenderse? Y esa interpelación, que queda en el aire, ya no es tan fácil de expulsar del hemiciclo.

No está de más recordar hoy que la historia parlamentaria española ha conocido escenarios bastante menos metafóricos. Sin necesidad de invocar los tricornios de Tejero ni las bayonetas de Pavía, en la perenne memoria democrática aún relumbra la pistola del diputado socialista por Vizcaya Indalecio Prieto, quien el 4 de julio de 1934 (“¡qué buenos, gozosos y anhelados tiempos!”) la empuñó en el Congreso durante un tumulto parlamentario: Una pistola, una pistola de verdad, que amartilló y con la que hizo ademán de disparar contra el diputado de la CEDA, Jaime Oriol. Curiosamente, el presidente de las Cortes, Santiago Alba, del peligrosísimo Partido Republicano Radical, no le expulsó ni le aplicó sanción alguna.

Hoy, casi un siglo después, nada hemos aprendido y hemos elevado el nivel de la amenaza hasta un spray de pimienta. En todo caso, empate histórico en este duelo armamentístico en Las Gaunas de la Carrera de San Jerónimo: PSOE 1 - PP 1.

Si acaso, resaltar una pequeña diferencia en cuanto a la calidad del marcador: Mientras Indalecio Prieto amartilló un arma de fuego en plena bronca parlamentaria, Ana Vázquez mostró un aerosol para denunciar una situación de inseguridad. Quede para el recuerdo que la autoridad de la Presidencia también consiste en saber distinguir entre una amenaza real y una provocación parlamentaria, sin necesidad de convertir un pulverizador en un lanzallamas.

Porque, si ante cada gesto polémico aplicamos el máximo rigor reglamentario, conseguiremos algo extraordinario: un Congreso impecablemente seguro, perfectamente ordenado, pero completamente incapaz de soportar una dosis mínima de teatralidad política.

Y quizá ese sea el verdadero peligro. No el gas pimienta. El peligro es que un Parlamento llegue a sentirse más amenazado por un bote que por la pregunta que lleva implícita.

De todos modos, celebremos que el arma fue neutralizada. La democracia puede respirar de nuevo. El spray, finalmente, salió del Congreso. La pregunta, por suerte, no. Solo queda responderla.